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4 oct 2016

Salmos 30:11-12 Convertiste mi lamento en danza, me quitaste la ropa de luto y me vestiste de fiesta para que te cante y te glorifique y no me quede callado. ¡Señor mi Dios, siempre te daré gracias!

Cuando alguien pasa un momento difícil y uno trata de animarlos, la respuesta más común es: tú no me comprendes.  Cierto.  Resulta imposible poder asimilar el dolor o la angustia de otra persona.  Simplemente podemos imaginarlo pero no podemos entender realmente lo que está atravesando.  Sin embargo, si alguien puede entender cualquier dolor o circunstancia es Dios.  Dejó de ser Dios y se hizo hombre.  Siendo hombre, nació en medio de animales y en condiciones deplorables en una de las ciudades más insignificantes.  Vivió sin tener una casa, un trabajo o una cuenta de ahorros y nunca le faltó nada.  Fue señalado, golpeado y llevado al calvario sin haber hecho nada malo.  Lo asesinaron brutalmente y sufrió lo que nadie ha sufrido siendo inocente.  Todo por amor a nosotros.  Aun así, hay muchas personas que siguen sin reconocerle y no solo le niegan sino que le blasfeman.  Todo ese sufrimiento sirvió para que ninguno de nosotros pudiera decirle a Dios: no me entiendes.  ¡Cómo no va a entenderte si Él ha sufrido lo que nadie!  Ahora, lo más increíble es que no termina ahí.  Dios no se queda a lado de nosotros diciendo: te entiendo.  Va más allá.  Toma nuestra carga, nuestra desesperación, nuestra angustia y dolor y la intercambia por su gozo, su paz, su consuelo y su inagotable amor.  ¡Este es el Dios verdadero!  ¡Este es el Dios de la biblia!  El que transforma el lamento en danza.  El que quita ropas de luto y viste de fiesta.  No son buenos deseos ni buenas vibras.  No son pensamientos positivos ni ley de atracción.  Es Dios.  El Todopoderoso.  El Creador.  El que es.  Es la esencia del amor porque Él es Amor.  No es una imagen.  No es una estatua.  Es un Dios vivo que quiere tener comunión contigo.  Es un Dios que te busca constantemente y quiere abrir el cielo y quitar las nubes negras y mostrarte el sol que guía por nuevos horizontes.
David está compartiendo una experiencia personal.  Está diciendo a todos los que le rodeaban cómo el Señor había hecho un milagro en su vida.  Dios quiere hacer esos mismos milagros en la tuya.  ¿Estás triste?  ¿Deprimido?  ¿Solo?  ¿Dudas que Dios exista?  Pide al Señor que se manifieste en tu vida.  He escuchado testimonios increíbles acerca de cómo Jehová decidió mostrarse a aquellos que no estaban convencidos de su existencia.  Dios todo lo puede así que no lo limites.  Pide y deja que Él decida cómo manifestarse en tu vida.  Estoy seguro que hará un milagro y te pido que después me lo platiques.

Oración

Señor: hoy leí en tu palabra que puedes cambiar mi luto por gozo y mi lamento en danza.  Te pido te manifiestes en mi vida pues no entiendo cómo puedes hacer esto.  Te pido hagas un milagro y me llenes de tu paz, de tu amor y de tu gozo para que las circunstancias no me aplasten y pueda salir adelante.  Te pido me hables y te muestres para que entienda que eres real.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén

3 oct 2016

Salmos 30:9-10 ¿Qué ganas Tú con que yo muera, con que descienda yo al sepulcro? ¿Acaso el polvo te alabará o proclamará tu verdad? Oye, Señor; compadécete de mí. ¡Se tú Señor, mi ayuda!

¿Qué está diciendo David?  Que no quiere morir.  Mientras él viva, pueda alabarlo y proclamar su verdad pero una vez muerto, el polvo no podrá hacerlo.  Lo interesante, a mi parecer, viene en el versículo diez cuando dice: compadécete de mí.  Con humildad le pide a Dios sus deseos reconociendo que Él es soberano.  ¡Cuánto hay que aprender de este ejemplo!  Por un lado, expone sus deseos de seguir vivo.  Por el otro, lo balancea perfectamente con el reconocimiento de la autoridad de Jehová.  ¿Cómo reaccionamos nosotros?  Normalmente nos enojamos cuando Dios nos enfrenta a una situación que nos disgusta.  Tal vez has perdido a un ser querido.  Padres.  Hijos.  Hermanos.  Amigos.  ¿Cuál fue tu reacción?  En el contexto de hoy, una reacción adecuada sería: Dios, me encantaría que esto no pasara y te pido te compadezcas de mí, sin embargo, reconozco que Tú eres Rey y Soberano y que tus decisiones son por encima de todo.  Ayúdame a entenderlas y a seguir adelante pues no sé cómo lo haré.  ¿Lo puedes comprender?  Vuelve a leer la respuesta.  Entiende la postura de humildad y reconocimiento por encima del enojo y frustración que conlleva la circunstancia adversa.  Dios, no sé cómo puedo servirte o aprender algo de esto tan doloroso pero aquí estoy para servirte.  Ten piedad y misericordia de mí.  Ayúdame.  Así le está diciendo David.  No entiendo de qué sirva que yo muera y me dejes abandonado en el sepulcro, por eso te pido que te compadezcas de mí y seas mi ayuda.  Es muy profunda esta enseñanza.  Medita en esto por un momento porque cuando las cosas van en nuestra contra, es natural reaccionar de manera opuesta.  Nuestra carne se encarga de buscar culpables, de buscar alternativas a nuestro alcance, de rechazar la realidad y de llenarse de enojo, coraje y rencor.  Sabes que no estoy exagerando.  Es muy probable que ya hayas atravesado por algo así y también hayas tenido todos estos sentimientos.  Todos somos iguales: pecadores.  Todos tenemos una naturaleza caída que no busca lo de Dios y tenemos que aprender a hacer consciente cada decisión que tomamos para poder caminar conforme a la voluntad de Dios.  Mientras que tu carne reclama y cuestiona a Dios por qué permite tal o cual cosa, el espíritu nos guía a pedir para que Dios nos utilice a pesar de no entender lo que está pasando.  Buscamos servirle antes de ser servidos.  Buscamos darle gloria a pesar de que las circunstancias sean adversas.
Piensa por un momento en lo que está pasando en tu vida o en algún evento anterior que haya sido muy difícil.  ¿Cómo quieres actuar?  ¿Cómo quieres reaccionar?  Solamente hay dos opciones: tu carne o el espíritu y ya sabes hacia dónde te lleva cada una.  Medita.  Pide a Dios por dirección, amor y consuelo.

Oración
Padre: no entiendo tus planes.  No entiendo por qué pasan muchas cosas pero estoy convencido que Tú me amas y quiero seguir tus pasos por encima de todo.  Lléname de tu paz, de tu amor y consuelo para poder caminar sin importar el viento en contra.  Abre caminos donde no lo hay.  En Cristo Jesús.  Amén.

27 sept 2016

Salmos 30:8 A ti clamo, Señor soberano, a ti me vuelvo suplicante.

Mi hijo me enseña tanto sobre cómo es Dios con nosotros… Es una bendición tener una pequeña muestra de la paciencia y amor que tiene nuestro Dios para con nosotros.  Una de las cosas más difíciles, a mi parecer, es tener que establecer límites y disciplina.  Uno tiene que tomar una decisión y mantenerse firme.  Mi hijo es muy retador y constantemente está viendo cómo reaccionamos cuando hace algo que sabe que está mal o simplemente no quiere obedecer.  Uno de sus castigos es el quitarle los libros que le dejamos en la noche antes de dormir.  Al principio, cuando le advierto que se los voy a quitar, no tiene mucho efecto.  Después le confirmo que ha perdido el privilegio.  Por último, cuando se va a dormir, pide que le de sus libros y le tengo que recordar que no obedeció y están castigados como consecuencia.  ¿Su reacción?  Comienza a suplicar.  Pide perdón.  Hace sus mejores esfuerzos para conseguir lo que quiere.  Demasiado tarde.  La decisión ha sido tomada.  ¿Sabes?  Siento que el versículo de hoy toca un tema bastante similar.  Dios es soberano.  Nos ama.  Nos busca.  Nos guía.  Sin embargo, muchas veces nos volvemos orgullosos o retadores y comenzamos a hacer nuestra voluntad y la “combinamos” con lo que nos gusta de Dios.  Todo para terminar en problemas y, ahora sí, comenzamos a suplicar nuevamente a Jehová para que nos perdone, que nos rescate, que nos muestre su luz y que no nos abandone.  ¿Acaso tenemos que caernos, golpearnos y pasar un mal rato para entender que el camino de Dios es mejor que el nuestro?  ¿Tan incrustada está la cultura que nos hace pensar que Dios quiere lo que es aburrido y monótono para nuestras vidas?  Proverbios 16:18 dice que antes de la caída es la altivez de espíritu (altanería, soberbia).  Primero pensamos que tenemos todo bajo control para perderlo todo en un instante.  Entonces sí, acudimos a Dios de manera suplicante.  Nota como dice el pasaje: Señor soberano.  Podemos reconocer el estatus de Dios.  Sin embargo, esto no quiere decir que le hagamos caso y nos sometamos a Él.  Cada vez que tengo que disciplinar a mi hijo me encantaría que no tuviera que ser así.  Hebreos 12:6 dice: el Señor, al que ama disciplina.  Efesios 6:4 dice: padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos sino criadlos en disciplina.  Hebreos 12:11 me da aliento pues dice: en verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo sino de tristeza pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
Medita en tu vida.  ¿Dónde estás?  ¿Qué decisiones estás tomando?  ¿Solamente crees en Dios o vienes a Él suplicando y reconociendo que sus caminos son mejores?  No esperes a que todo se venga abajo.  No esperes a que tu vida se desmorone.  El orgullo es extremadamente sutil y destructivo.  Dios te ama y tiene mucha paciencia.  Sin embargo, dentro de ese mismo amor, también vendrá disciplina.  Espero que, a partir de ahora, reconozcas a Dios como soberano y le dejes gobernar en toda tu vida sin tener que esperar a que ya no puedas más.

Oración

Señor: gracias.  Tu amor es incomprensible.  Te pido perdones mis pecados y reines en todo lo que haga y piense.  Transforma mi corazón.  En Cristo Jesús.  Amén