Vistas de página en total

28 ene 2013

Filipenses 2:12-13


Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre (no solo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia) lleven a cabo su salvación con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.



Cuando lees en 1Corintios 1:18 que la palabra de la cruz es locura a los que se pierden , pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios, toma sentido cuando lo juntamos con Filipenses 2:12-13.  Lee los versículos nuevamente considerando lo escrito en Corintios.  ¿Cómo poder entender el que Dios produzca el querer como el hacer?  ¿Acaso no decido yo?  Suena un tanto loco ¿No crees?  Por esta razón junté corintios con filipenses.  Para recordar que, la fe, muchas veces juega un papel importantísimo en nuestra comunión con Dios y en la lectura y comprensión de su palabra.  Si no has dado ese primer paso de fe, definitivamente será locura el leer que Dios produce el querer como el hacer.  Por el contrario, si ya has entregado tu vida al Señor y quieres crecer espiritualmente, puedes entender que estas palabras se transforman en poder.  Poder para ser renovados.  Poder para transformar tu mente y tu corazón.  Poder para caminar el camino que parecía imposible.  Poder para poder reaccionar diferente.  Poder para perdonar lo imperdonable.  Poder para amar lo detestable.  Poder para deshacerte de tus cargas y amarguras y llevar una carga ligera.  ¿Te das cuenta?  Para algunos, el que nuestro Señor produzca el querer y el hacer en nosotros no tiene sentido y causa confusión mientras que para nosotros, son palabras que producen gozo y poder.  No se trata más de nosotros y nuestros problemas sino del Señor y de cómo entregar nuestra vida a Él.  No se trata de obedecer mientras somos observados sino de obedecer con gozo y agradecimiento porque nos amaron y perdonaron sin merecerlo.
No tienes pretexto para cambiar.  No puedes seguir diciendo: es que no puedo.  De hecho, ese es el primer escalón: reconocer que no puedes y pedir al Señor que sea Él quien produzca el cambio en ti.  El cambio es interior y la manifestación es con tu testimonio exterior (tus obras).  Reconoces tu necesidad de Cristo y posteriormente pides que Él gobierne y reine en tu vida.  Imagina que el asesino puede pedir porque su corazón sea renovado.  Aquél que tiene problemas de fidelidad, de adicciones, de autoestima, de rencor, de soledad, de explosividad y agresividad, cada uno de nosotros puede ser transformado por el cambio que produce Dios en nosotros.  Por esta razón debemos entender que Él nos ama tal y como somos sin importar lo que hayamos hecho y lo “enfermos” que podamos estar.  Él nos ama incondicionalmente y sabe que puede renovar nuestras vidas sin importar lo destrozadas y gastadas que estén.  ¿No te gustaría empezar de nuevo?  ¿No te gustaría corregir tus pasos y el rumbo que estás tomando?  Hoy Dios te ofrece esa oportunidad.  No importa cómo estás llegando.  Lo que importa es que hoy quieras caminar distinto.  Lo que importa es que reconozcas que necesitas a Jesús para poder deshacerte de todo lo que te está aplastando e impidiendo tener paz y gozo.  Toma tu decisión.  No esperes más.

Oración
Señor: no entendía por qué produces el querer como el hacer hasta hoy que reconozco que no puedo seguir más.  Hoy entiendo que mi camino no me lleva a un final de bendición y quiero corregir mi destino.  Te necesito.  Te pido perdón.  Te pido que produzcas en mí lo que nunca podría existir sin tu Espíritu.  Te pido que renueves mi corazón.  Te pido renueves mi mente.  Te pido que renueves mis actitudes.  Dame dirección.  Quiero caminar en tu dirección y siempre seguir tu voz.  En Cristo Jesús.  Amén 

Filipenses 2:9-11


Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre.



Haciendo un poco de memoria, Cristo se humilló hasta la muerte y ¡Muerte de cruz!  La peor forma de morir que existía en su tiempo.  Pero ese sufrimiento y esa humillación tuvieron su recompensa: Dios lo exaltó hasta lo sumo y su nombre está sobre todo nombre.  Toda rodilla se dobla ante Él y toda lengua lo confiesa.
¿Por qué murió Jesús de esa manera?  ¿Por qué vivió así?  ¿Por qué nació donde nació?  ¿Por qué su vida fue así?  A veces leemos la biblia y, como una novela  histórica, simplemente nos enteramos de lo que pasó.  Debes cuestionarte el por qué de los eventos.  Todo tiene una razón de ser pero sobretodo una enseñanza.  ¿Por qué Dios no vino como rey?  ¿Por qué no vino con riquezas?  ¿Por qué no vino con fama?  ¿Por qué?  Suficiente tenía con haber dejado de ser Dios como para humillarse más.  Actualmente hay empresas que pagan mucho dinero a aquellos que van a trabajar a lugares problemáticos como Irak.  Pues si nosotros damos “bonos” por ir a sufrir, cómo es posible que nuestro Señor no recibió ningún trato especial por venir al mundo y hacerse hombre.  ¿La respuesta?  Justamente para enseñarnos lo que es y lo que no es.  Para que aprendamos a distinguir entre aquello que tiene valor y lo que no.  Aquello que brilla y parece oro contra el verdadero oro: la recompensa en el cielo, la reconciliación y comunión con Dios Padre y la renovación del Espíritu entre otras cosas.  Este mundo nos confunde.  Nos engaña.  Nos seduce.  Nos hace pensar que necesitamos esto o aquello.  Nos hace perseguir sueños que finalmente nos destruyen.   Nos hace valorar aquello que no sirve o es efímero y fugaz mientras que al mismo tiempo nos dice que debemos desechar la vida de un hombre que se humilló hasta la muerte y que después fue exaltado.  Un gran hombre, le llaman.  Un gran ejemplo.  Error.  Es Dios hecho hombre y se llama Señor, Salvador, El Creador y El Todopoderoso.  Jesús nació, vivió y murió así para que entiendas que esta vida es pasajera y no tiene sentido dedicarse a buscar bienestar y placer para la carne sino todo lo contrario, debemos buscar crecer en el espíritu y glorificar al Señor con nuestras obras.  Por eso nos dice Jesús que debemos negarnos a nosotros mismos y tomar su cruz.  Deja de pensar en ti.  Deja de pensar que necesitas esto o aquello.  Deja de querer que todo gire alrededor de ti.  Deja de quejarte.  Deja de criticar.  Deja de juzgar.  Mejor aprende a humillarte como lo hizo Cristo.  ¿Hasta dónde?  Hasta la muerte.  Aprende a amar y a perdonar.  ¿Hasta dónde?  Con tu vida entera en servicio al Señor.  Es difícil.  Mejor dicho, es muy difícil.  Sin embargo, Cristo nos dejó el ejemplo.  No para que suframos ni pasemos un mal rato, ¡Al contrario!  Nos dejó la enseñanza no solo para que tengamos recompensa en el cielo sino para que vivamos mejor en la tierra.  
La vida no termina en este mundo.  Tenemos recompensa en el cielo y en lugar de crecerla tal vez estás buscando ese “bono” que esta vida te puede ofrecer.  La verdad es que es momento de aprender que el orgullo entorpece nuestra comunión con el Señor.  Es tiempo de madurar y reconocer que la recompensa de Dios es la mejor  recompensa.  Es tiempo de decidir si realmente quieres obedecer al Señor o quieres hacer tu voluntad.  La humillación solamente llega cuando entiendes que tu vida es para servir y dar gloria a Dios sabiendo que Él será quien se encargue de cuidarte y darte lo que necesites.  ¿Qué piensas?  ¿En quién y en qué vas a confiar?  

Oración
Padre: gracias por tu sacrificio y tu humillación hasta la muerte.  No la merezco y sin embargo tu amor fue tan grande que hoy me permites reconciliarme contigo.  Gracias.  Te pido me perdones y sobre todo que transformes mi vida.  Quiero aprender a vivir conforme el ejemplo de Cristo.  Quiero hacer recompensas en el cielo y servirte aquí en la tierra.  Quiero dejar mi orgullo atrás y aprender a humillarme hasta la muerte sabiendo que esto te da gloria.  Ayúdame a entender tus prioridades pues quiero que sean siempre mis prioridades.  Mis deseos quiero que sean tus deseos.  Te lo pido Padre en el nombre de Cristo Jesús.  Amén 

18 ene 2013

Filipenses 2:5-7


La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.  Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡Y muerte de cruz!



¡Qué gran ejemplo el de Cristo!  Nosotros nos aferramos a un trabajo, a una pareja, a un estilo de vida, a una ciudad o país, a la salud, a la vida o alguna otra cosa que consideramos de alto valor.  Mientras tanto, Cristo, siendo Dios, no se aferró a a esa naturaleza sino que en obediencia se hizo hombre.  ¡Siendo Dios!  ¿Hay algo más arriba que ser Dios?  No.  ¿Hay algo mejor?  ¡No!  Él realmente lo tenía todo.  ¡Era Dios!  ¿Por qué se hizo hombre?  Por amor.  De tal manera amó Dios al mundo que envió a su Unigénito para que todos los que creemos en Él no nos perdamos mas tengamos vida eterna.  Dios es amor.  Nadie puede amar sino conoce a Dios.  Piensa en cuánto valoras tu vida.  ¿Qué estás dispuesto a hacer por tu familia?  ¿Qué tal por un desconocido?  ¿Qué tal por un adicto?  ¿Qué tal por un asesino?  ¿Qué tal por un mentiroso?  La verdad es que no estamos dispuestos a hacer gran cosa por ellos.  Pero gracias a Dios que nosotros no somos quien decide sino Jehová.  Él decidió, en amor, mandar a nuestro Salvador quien en obediencia, no se aferró a seguir siendo Dios.  Se hizo hombre.  Se humilló a sí mismo.  Vivió por nosotros y sobre todo, murió en la cruz por ti y por mí.  La peor muerte.  Esa es la que atravesó Jesús.  Por amor.  Amor a ti y a mí.  Dejó todo.  Se despojó de lo que era.  Abandonó los cielos y la gloria en las alturas para venir y servir.  ¡Cuánto trabajo nos cuesta servir!  ¡Cuánto trabajo nos cuesta darnos a los demás!  Imagina dejar tu trabajo o simplemente que te bajaran de puesto para que ayudes a muchos otros.  Estoy seguro que te costaría mucho trabajo y lo dudarías bastante.  ¿Por qué habrían que quitarte tu puesto?  Ha sido arduo tu desempeño para que ahora te regresen.  Eso se llama aferrarse.  Eso se llama amarse a sí mismo por encima de todo.  No estoy diciendo que Dios quiere bajarte de puesto ni que seas más pobre o alguna otra condición similar.  Lo que estoy diciendo es que el Señor, a través de la venida de Cristo, nos muestra el orden correcto para nuestras prioridades: amar a Dios, amar a nuestro prójimo y servir.  ¿Qué involucra?  Despojarnos de nuestra vida.  No aferrarnos a lo que somos o tenemos.  Leíste bien.  Significa dejar de pensar en ti.  Significa dejar de trabajar para ti y comenzar a trabajar para la gloria de Dios.  Insisto, no es que debas cambiar de ocupación o vender tus propiedades.  Es un cambio mucho más profundo.  Significa una transformación en tu pensamiento y en tu corazón.  Ahora cuando te levantes, da gracias al Señor y busca cómo servirle en el camino a tu trabajo, mientras estás en tu oficina o realizando tus actividades diarias.  Levántate más temprano y lee la biblia.  Ve a estudios bíblicos entre semana.  Ayuda a tu prójimo los fines de semana.  Todo esto te ayudará a seguir por el camino correcto.
Si quieres saber qué tan aferrado estás a las cosas, simplemente imagina cómo reaccionarías si te quitaran todo lo que tienes.  Evalúa qué te costaría más trabajo dejar.  Se honesto.  Ahora pide al Señor que no te aferres a ello y entrégaselo.  Cristo no solo se hizo hombre sino que obedeció hasta la muerte.  Sufrió por nosotros.  En amor.  Para darnos vida eterna.  Para dar gloria al Padre.  Para mostrarnos cómo vivir en abundancia.  Nada hizo para su propio beneficio.  Aprendamos a vivir así.  

Oración
Señor: cuántas gracias te doy por Cristo y por el amor tan grande que derramó sobre mí.  Te pido que transformes mis pensamientos y actitudes, que aprenda a no aferrarme a las cosas y a vivir en amor y obediencia a Ti.  Gracias por ese regalo que no merezco.  En el nombre de Jesús.  Amén 


17 ene 2013

Filipenses 2:3-4


No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.  Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.



Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.  Así es como la Real Academia define la palabra egoísmo mientras que vanidad significa arrogancia, presunción y envanecimiento.  Estas actitudes van totalmente en contra de lo que debemos hacer.  Jesús nos dijo que debemos aprender a negarnos a nosotros mismos y tomar su cruz.  También nos dijo que debemos estar dispuestos a perder nuestra vida por su causa para poder hallarla (Mateo 16:25).  Esto no lo decía de broma ni para algunos cuantos.  Las palabras de Jesús, junto con éstas de Pablo son para ti y para mí.  Tú y yo debemos tener como objetivo desprendernos de nuestra vida para dejar que el Señor sea quien tome las riendas.  Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los de los demás.  Vuelve a leer el pasaje con detenimiento.  Pienso que la palabra egoísmo y vanidad se han utilizado tantas veces que ya no nos causa ninguna impresión.  Pero si leemos la definición, puedes darte cuenta que habla de una persona que no está en “balance”.  Nos dice que hay un inmoderado y excesivo amor a si mismo.  No es amor ni un poco de amor a si mismo.  No es un poco arriba de lo moderado.  Es inmoderado.  Por encima de lo normal.  ¿Pero qué es lo normal?  Es necesario entender de dónde partimos y el parámetro lo puso el Señor: ama al Señor por sobre todas las cosas; ama a tu prójimo como a ti mismo.  Entonces, cada vez que hagas algo que no vaya en línea con los principios de Dios y que sabes perjudicaría a tu prójimo, quiere decir que estás actuando con egoísmo.  Quiere decir que estás amándote en sobremanera.  El trono de tu vida lo tienes y has hecho a un lado a Dios.  “Ahora no”.  “En esto, yo tomo la decisión”.  “No soy un fanático”.  “¿Qué van a pensar de mí?”  “¡A mí nadie me trata así!”.  “Lo que me hicieron es imperdonable”.  
Cuando uno actúa de manera egoísta, la vanidad va de la mano.  Si el amor a mi mismo es excesivo, la siguiente etapa es que la arrogancia y la presunción comiencen a florecer.  “A mí no me va a pasar”  puedes pensar.  Pero la realidad es contraria.  Poco a poco.  Sin darte cuenta.  Cada día que caminas alejado de los principios de Dios, se va formando un callo y te dificulta escuchar su voz y el corregir tu camino.  Se va volviendo más difícil y va involucrando mayores sacrificios.  El egoísmo se apodera de ti.  Abre los ojos.  La bendición está en dar y no en recibir.  Cuando el Señor nos dice que derramará bendiciones sobre nosotros, va de la mano con aquellos que han entendido en cómo utilizarlas: compartiéndolas.
El egoísmo y la vanidad no se deben tomar a la ligera.  Sus consecuencias son devastadoras.  Hay matrimonios destrozados.  Padres desesperados.  Hijos abandonados.  Amistades rotas.  Y la lista no termina ahí.  Fraudes.  Mentiras.  Engaños.  Adicciones.  Todo se deriva del egoísmo.  Pienso en mí.  Me amo a mí y después a los demás.  Primero están mis intereses.  ¿Sabes algo?  Está de moda que la gente diga que primero tienes que estar bien contigo mismo y amarte a ti mismo para poder estar bien y amar a los demás.  La verdad es que con Cristo no funciona así.  Al venir a Él me doy cuenta de lo mal que estoy y sobre todo, que nunca voy a estar “bien”.  ¡Es imposible!  Por eso Jesús vino por los enfermos y no los sanos.  Por eso vino a rescatar a los perdidos y no a los encontrados.  Porque el trabajo no empieza cuando estamos “bien”.  El trabajo empieza cuando reconocemos lo mal que estamos separados de Él.  A través de Dios podrás tener amor para ti mismo y para los demás.  No porque las cosas cambien ni te hayas “compuesto”.  Simplemente porque el Señor acomoda tu vida empezando por las prioridades correctas.  ¡Cuídate del egoísmo y la vanidad!  Es sutil.  Es tentador.  Es agradable a la vista y al pensamiento.  Es seductor.  Trae muchos beneficios inmediatos.  Pero, como aprendimos hoy, sus resultados son devastadores.  Por eso Pablo nos advierte sobre el cuidado que debemos tener en nuestras acciones.

Oración
Señor: te pido perdón pues me he dejado seducir por el egoísmo y la vanidad.  Pensé que tenían mucho que ofrecer y que traerían alegría a mi vida.  Hoy entiendo que solo me han dejado más vacío.  Hoy quiero voltear a Ti y pedirte que seas Tú quien llene mi corazón.  Te pido que seas Tú quien llene mi vida.  Gracias por recibirme con todas mis fallas y defectos y por amarme incondicionalmente.  Te entrego mi vida y te pido que me utilices conforme a tu voluntad.  En Cristo Jesús.  Amén 

16 ene 2013

Filipenses 2:1-2


Así que, si Cristo les ha dado el poder de animar, si el amor los impulsa a consolar a otros, si todos participan del mismo Espíritu, si tienen un corazón compasivo, llénenme de alegría viviendo todos en armonía, unidos por un mismo amor, por un mismo espíritu y por un mismo propósito.  



Cada día que pasa me convenzo más sobre la finalidad de nuestras pruebas o situaciones difíciles.  Aprender a servir.  Si has perdido a un ser querido, Dios te quiere llenar de su amor y consuelo para que vayas y consueles a otros.  Si tienes problemas de salud, Dios te quiere utilizar con aquellos que te rodean para que vean tu forma de vivir gozosa y agradecida entendiendo que lo importante no es el cuerpo sino el espíritu.  Si has perdido tu trabajo, Dios quiere recordarte que no solo de pan vive el hombre sino de cada palabra que sale de la boca de Jehová (Deut 8:3).  No es fácil.  Crecimos sin darnos cuenta de cuánto dependemos de lo material y cuánto nos aferramos a las cosas.  Piénsalo.  Qué pasaría si el día de hoy todo cambiara en tu vida.  ¿Estás dispuesto a entregar tu casa?  ¿Tu salud?  ¿Tus seres queridos?  ¿Tu dinero?  Debemos aprender que todo, absolutamente todo le pertenece a Jehová.  Nosotros estamos aquí solamente para administrar o cuidar temporalmente lo que, en su soberanía, ha decidido darnos.  Por esta razón, Pablo nos recuerda lo que es realmente importante: el animar en Cristo, el consolar a otros en amor, en tener compasión y en tratar de llevar este mismo sentir como iglesia en el Señor.  Así debería ser siempre pero la realidad es otra.  Por eso debemos estar en comunión constante con nuestro Dios.  Para no separarnos ni un solo momento y dejarnos transformar conforme a su voluntad.
Ahora, ¿por qué resulta difícil vivir conforme a estos principios si son excelentes valores?  Piénsalo.  Si el animar, amar, consolar y ayudar son excelentes prácticas, ¿Por qué no son llevadas a cabo todos los días?  La respuesta es muy sencilla y la veremos con mayor detalle mañana: egoísmo.  Tú eres tu peor enemigo.  Tú eres la principal barrera para que el Señor trabaje en tu vida.  Tu egoísmo es quien no te deja abrir tu corazón.  ¿Por qué no compartes de Cristo en tu oficina?  Cualquier pretexto que pongas proviene de tu egoísmo.  ¿Egoísmo a qué?  A no querer dar de tu tiempo y esfuerzo para que otras personas puedan recibir la enorme bendición del evangelio.  ¿Estás cansado y te sientes mal por tu enfermedad y por eso solamente piensas en ti?  Se llama egoísmo.  El Señor fue apaleado injustamente para darte la vida eterna y perdón de pecados.  Te llena cada día de su amor y paz.  Y tú le das la espalda porque tienes una enfermedad.  Tienes problemas de dinero y por esta razón no puedes ayudar a otros.  Recuerda que tu tiempo en este mundo es limitado.  Todo lo material se queda aquí mientras que tú irás a la presencia de Dios.  ¿Qué sentido tiene aferrarse tanto a lo material?  Si Dios está probando tu corazón, mejor pide porque puedas aprender a utilizar tu situación para ayudar a otros a confiar en Jehová y no en su cuenta bancaria.  
Lo que Pablo escribe no es para aquellos que “están bien”.  Es para cada uno de nosotros que está luchando con algo.  Quiere que entendamos el enfoque del cristianismo: servir al Señor y a nuestro prójimo sin importar las circunstancias.  Insisto, el que amemos, animemos, consolemos, ayudemos y seamos compasivos, no está destinado para aquellos que “no tienen problemas”.  ¡Por supuesto que no!  Son instrucciones para ti y para mí.  Sin pretextos.  ¡Deja de escudarte en tus excusas!  El Señor está probando tu corazón y quiere saber si cuenta contigo.  ¿Estás dispuesto a trabajar para Él o prefieres seguir con tu egoísmo concentrado solamente en lo que te sucede?  
Definitivamente el mundo sería mejor si cada uno de nosotros se dedicara a cumplir con los principios de estos versículos.  Espero que estas palabras se queden en tu corazón y busques la manera de incorporar el amor, el consuelo, el ánimo y la compasión en tu vida.  No esperes a que las cosas “estén mejor”.  Nunca llegará ese momento.  Es ahora.  Debes actuar y transformar tu vida entregándola al Señor.

Oración
Padre: tu palabra es maravillosa y te doy gracias por hablarme tan claramente.  Hoy entiendo que he sido egoísta y que he utilizado muchos pretextos para posponer mi entrega a Ti y dejarte que transformes mi vida.  Hoy entiendo que debo ser un canal para que tus bendiciones lleguen a los demás y te pido que mi testimonio esté lleno de amor, consuelo, perdón y compasión hacia mi prójimo independientemente de lo que esté atravesando.  Quiero servirte mi Señor.  Quiero darte la gloria y el reconocimiento siempre a Ti.  En Cristo Jesús.  Amén 

15 ene 2013

Filipenses 1:29-30


Porque a ustedes se les ha concedido no sólo creer en Cristo, sino también sufrir por él, pues sostienen la misma lucha que antes me vieron sostener y que ahora saben que sigo sosteniendo.



Hay una frase en inglés que se utiliza para el deporte y dice: sin dolor no hay ganancia (no pain, no gain).  Si tu entrenamiento duele, si te levantas al día siguiente adolorido, si estás pensando en parar porque tu cuerpo está cansado y en esos momentos recuerdas que sin dolor no habrá ganancia, te motiva a seguir.  Te recuerda que el camino y la preparación para una carrera, una prueba o simplemente vivir más sano, cuesta trabajo y el cambio no se realiza milagrosamente.  Duele.  Es difícil.  Involucra sacrificios.  Recuerdo cuando era niño que competía en natación.  Me encantaba nadar.  Creo que mis entrenamientos eran de dos horas y luego aumentaron con una hora afuera de la alberca.  También recuerdo que en algún momento querían que fuéramos en la mañana y en las tardes.  Además, las competencias eran jueves,  viernes, sábado y domingo.  Esto hacía que no pudiera ir a las fiestas de mis amigos o a donde fuera que me invitaran ese fin de semana.  Tenía que sacrificar algo.  Tenía que haber dolor.  Tenía que haber sufrimiento.  Pero ese sacrificio llevaba a un buen resultado.  De la misma manera sucede con nuestra vida espiritual.  Sin dolor, no hay ganancia.  Debemos aprender a entregar nuestra vida al Señor y muchas veces cuesta más trabajo del que nos imaginamos.  Duele más allá de lo que estábamos preparados.  Nos dice Pablo que no solamente se nos ha concedido creer y ser hijos de Él sino también vamos a sufrir por Él así como él ha venido sufriendo.  
¿Pero cuál es ese sufrimiento?  ¿Lleva algún beneficio o logro?  A veces el Señor decide ponerte un jefe que simplemente no puedes tolerar.  Tiene todo aquello que no debería tener un jefe y sin embargo tiene un mejor puesto que tú y le tienes que rendir cuentas.  Cada día que te levantas, te pesa el ir a tu trabajo.  Sufres pues necesitas el dinero y no sabes qué más podrías hacer.  Si quieres aprender a sufrir por el Señor, entonces debes aprender a humillarte y reconocer que Él tiene la autoridad para que tengas el jefe que sea y que es el jefe que necesitas para transformar tu carácter.  ¿Lo puedes ver?  Lo que parece un sufrimiento, con la mira espiritual se transforma en ganancia.  Pablo no era un tonto que le gustaba sufrir.  Mantenía esa lucha por el Señor porque conocía los resultados.  Asimismo nosotros debemos experimentar el sufrimiento de entregar esa parte de nosotros que tanto trabajo nos cuesta y dejar que el Señor haga el resto (estoy seguro que si eres honesto, sabes perfectamente lo que Dios quiere trabajar en tu corazón)  Solamente así podremos llegar a una ganancia a través del sufrimiento.  El sufrimiento es una buena señal de tu entrega y servicio al Señor.  Mientras más sufres obedeciendo, más transformación está sucediendo en tu vida.  Mantente pegado a su palabra, no desmayes ni te desesperes.  Tal vez no lo veas ahora tan claro pero el Señor está trabajando en ti y en los que te rodean.  La gente que está a tu alrededor te está viendo reaccionar ante lo que te sucede.  Están analizando cada respuesta que tienes.  Aprovecha cada evento, por difícil que sea, para entender que ese sufrimiento servirá para dar gloria al Señor y además traerá bendición a tu vida.  Pablo nos dice que se nos ha concedido creer y sufrir por el Señor.  Esto quiere decir que sufrir es bueno.  Nuestro Padre nos ama como nunca podremos entenderlo.  No lo olvides.  Es probable que te estés ahogando en un vaso con agua.  No te desanimes.  Pon tu mirada en el Señor y pide porque puedas aprovechar cada instante, por más difícil que parezca, para servir y dar gloria a Cristo.  Aprendamos a sufrir en obediencia y en entrega para que el evangelio sea anunciado no solo con palabras sino con ejemplo de carne y hueso en nuestra propia vida.

Oración
Señor: creo en ti y quiero sufrir por ti.  Quiero vivir en tu voluntad y que mi vida pueda servir de ejemplo para otros de lo increíble que es vivir sirviéndote.  Te pido que mi ejemplo ayude a que otros se acerquen a ti y no sea al revés.  Te pido también que me fortalezcas y me llenes de tu paz pues a veces las pruebas me confunden y el sufrimiento no me deja ver claramente.  Hoy pongo mi mirada y mis fuerzas en Ti para que seas tú quien decida y dirija.  Gracias en el nombre de mi Señor Jesucristo.  Amén 

14 ene 2013

Filipenses 1:27-28


Pase lo que pase, compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo.  De este modo, ya sea que vaya a verlos o que, estando ausente, sólo tenga noticias de ustedes, sabré que siguen firmes en un mismo propósito, luchando unánimes por la fe del evangelio y sin temor alguno a sus adversarios, lo cual es para ellos señal de destrucción.  Para ustedes, en cambio, es señal de salvación, y esto proviene de Dios.




Congruencia.  Fácil de decir, difícil de llevar a cabo.  Debería ser algo simple pero la realidad es que no lo es.  La presión social, los ritos, las costumbres, las tradiciones son tan fuertes que decidir por Cristo no es siempre el resultado.  Por eso, Pablo nos dice: pase lo que pase.  ¿Qué quiere decir?  Que sin importar las circunstancias, debemos buscar el comportamiento conforme a la voluntad y las enseñanzas de Cristo.  Esto quiere decir que, no importa si tienes o no tienes la razón.  Quiere decir que no importa si te lastimaron o estás sufriendo una injusticia.  Quiere decir que no hay pretextos.  Pase lo que pase, debes comportarte de una manera digna del evangelio.  Ahora, esto no es para agradar a los hombres sino a Jehová.  Por esta razón, debes tener cuidado de no caer en hipocresías.  No tiene sentido que trates de engañarnos.  Probablemente lo logres.  Pero al Señor no lo vas a engañar y por consecuencia tú solo terminas engañándote.  
Como escribí hace algún tiempo, por causa de una pelea de mi perro con otro perro, recibimos una demanda de manera injusta pues involucraba mentiras de mi contraparte.  El día de ayer vi a esa persona.  Gracias a Dios que mis sentimientos de furia y coraje se han disminuido enormemente.  Sin embargo, no estoy al cien.  Mi mente empezó a rondar en algunas palabras que le pudiera decir para compartirle de Dios pero al mismo tiempo mi ego comenzó a entrometerse.  ¿Cómo me di cuenta?  No fue fácil.  Pero hay una manera de hacerlo sencillo: me detuve y cuestioné si cada palabra que dijera o escribiera daría gloria al Señor.  Por esta razón pude darme cuenta que, dentro de las palabras que estaba pensando, podía esconder mi coraje y rencor y buscaba hacerla sentir mal de una forma muy delicada y sutil.  Probablemente engañaría a los hombres, pero sé que a mi Señor, a quien le rindo cuentas, no lo engañaría.  Pedí a Dios que me llenara de su paz y su perdón y preparara mi corazón para poder compartirle de su palabra a esta persona a Su forma y con Su amor.  ¿Qué es lo que busco?  Busco comportarme, pase lo que pase, como es digno del evangelio.  Esto es lo que debes buscar no solo cada día sino cada instante.  ¿Cómo lograrlo?  Los siguientes versículos nos dan la respuesta: manteniéndonos firmes en un mismo propósito, luchando unánimes por la fe del evangelio y sin temor a nuestros adversarios, entendiendo así que esto es señal de salvación.  No va a ser fácil, sin embargo, no quiere decir que sea imposible.  Lo que se necesita es determinación y congruencia.  Si crees en el Dios de la biblia, ahora sabes lo que pide de ti.  No puedes esconderte.  No puedes engañarlo.  Pase lo que pase, busca comportarte como es digno del evangelio.  Busca seguir los pasos de Cristo.  ¿Cuáles pasos?  Él amó a los que todos rechazaban.  Mientras lo crucificaban injustamente, oraba al Señor intercediendo por ellos.  Sí, ¡Por los mismos que lo estaban asesinando!  Ayudó al necesitado.  Pidió que nos amemos los unos a los otros.  Que no dejemos que pase un día sin perdonar o pedir perdón.  Que cuidemos las palabras que salen de nuestra boca.  Estos son solo unos cuantos ejemplos de cómo puedes corregir tu vida y, sin importar lo que estés atravesando, buscar comportarte como es digno de un seguidor de Jesús.

Oración
Padre: te pido perdón pues no me he comportado conforme a tu voluntad.  Pensaba que podía tener pretextos e incluso he aprendido a engañar a los demás comportándome bien.  Hoy entiendo que no te puedo engañar y que Tú ves mi corazón tal cual.  Te pido me perdones y limpies mi corazón.  Te pido me muestres tu voluntad y pongas la determinación y la fuerza para actuar en todo momento conforme a ella.  En Cristo Jesús.  Amén 

11 ene 2013

Filipenses 1:22-26


Ahora bien, si seguir viviendo en este mundo representa para mí un trabajo fructífero, ¿Qué escogeré?  ¡No lo sé!  Me siento presionado por dos posibilidades: deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor, pero por el bien de ustedes es preferible que yo permanezca en este mundo.  Convencido de esto, se que permaneceré y continuaré con todos ustedes para contribuir a su jubiloso avance en la fe.  Así, cuando yo vuelva, su satisfacción en Cristo Jesús abundará por causa mía.



La mayoría de nosotros encuentra disyuntivas como: qué trabajo debo tomar, qué carrera estudiar, qué pareja es la que me conviene, debo cambiar de casa o ciudad, cómo puedo dejar tal adicción, cómo evitar tal o cual cosa.  Pero Pablo tiene un disyuntiva que nos debe llevar a meditar sobre nuestras preocupaciones.  No sé que escoger.  Dice.  Quiero estar con Cristo pero también sé que hay necesidad del evangelio.  Las dos decisiones son buenas.  La diferencia es que una es mejor que la otra.  La primera busca agradarse a si mismo mientras que la segunda busca agradar a Dios.  ¿Puedes ver lo profundo de su dilema?  Hay que desear tener esa convicción y entrega en nuestra vida para poder llegar ahí.  Mientras tanto, a la luz de este parámetro, nuestras incertidumbres ¡se vuelven tan poco relevantes y materiales!  Temas de dinero, de enojo, de rencores, de amargura, de enfermedades, todo tipo de situaciones que se te puedan ocurrir, pasan a un segundo plano cuando ponemos al Señor en el lugar que le corresponde.  Recuerda el pasaje del joven rico que se aleja triste de Jesús pues le dice que venda todas sus riquezas y que lo siga.  ¡La oportunidad de vivir a lado de Jesús no tiene precio!  Él la desperdició y peor aún se retiró triste.  ¿Por qué?  Porque quería vivir para él.  Quería llevar su religión.  Sabía que Cristo tenía algo especial, pero no estuvo dispuesto a entregar sus “tesoros”.  También recuerdo el pasaje que nos dice cómo una persona está pensando agrandar sus bodegas pues no sabe qué hacer con tanto excedente y por otro lado el Señor le dice insensato, ¿no sabes que mañana no vivirás?  ¿Dónde están tus deseos?  Piénsalo.  Tómate tu tiempo.  Realmente date cuenta de lo que anhelas.  ¿Qué es?  No tienes que contestarme a mí ni quedar bien con nadie.  Esta pregunta es entre Jehová y tú.  Se honesto contigo mismo.  Dios ya conoce la respuesta.
Dentro de su meditación, Pablo entiende y concluye que lo mejor es permanecer y continuar con el trabajo que ha venido realizando: continuaré con ustedes para contribuir a su jubiloso avance en la fe.  Así también puedes tomar decisiones y concluir con tu incertidumbre.  Preocúpate por servir a Cristo.  Por llevar su evangelio.  Por vivir una vida de testimonio.  Por amar a tu prójimo.  Por perdonar a los que te han lastimado.  Por dar de comer al que lo necesita.  Por compartir de lo que el Señor te ha dado.  Por consolar a los que necesitan ser consolados.  ¡Estas cosas son las que realmente importan!  Lo demás llega a su tiempo y el Señor es quien se encarga de darnos lo que debemos tener.  Por esta razón te animo a que realmente saques lo que hay en tu corazón y te des cuenta de dónde están tus tesoros.  Imagina que un día tu disyuntiva sea ayudar a tu vecino pues se quedó sin trabajo o ir y compartir de Cristo con otro amigo pues se está divorciando.  ¡Esa debe ser nuestra meta!  Esa no es la tarea exclusiva de un pastor o ancianos.  Es de cada uno de nosotros que ama y se preocupa por su prójimo.  Si realmente amas a Cristo, esto debe remover tu corazón y hacerte sentir la necesidad de trabajar para su gloria.

Oración
Padre: gracias.  Tu palabra me llena de paz y de gozo.  Gracias por mostrarme qué prioridades son las que debo tener en mi vida y cómo puedo resolver mis incertidumbres utilizándolas como parámetro.  Te pido perdones mis pecados y sobre todo, te pido transformes mi vida para que sea una vida que te da gloria y da testimonio de tu gran amor.  Te lo pido en Cristo Jesús
Amén.

9 ene 2013

Filipenses 1:18-21


¿Qué pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozaré aún.  Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación, conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte.  Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia.



Así como el poder en malas manos causa muchos estragos, las malas interpretaciones de la palabra de Dios tienen un efecto devastador.  Pablo no está diciendo que se quiere morir.  Tampoco está diciendo que el vivir sea malo.  Lo que está diciendo son palabras sumamente profundas que debemos analizar con cuidado y en el contexto correcto.  Si utilizamos un silogismo, podríamos decir lo siguiente: estar con Dios es mejor que estar en la tierra.  Cuando muera voy a estar con Dios.  Por consecuencia, es mejor morir que estar en la tierra.  ¿Lo puedes entender mejor?  Estar en la presencia del Señor es el mejor lugar en el que podríamos estar.  Piénsalo.  ¿Qué lugar podría ser mejor?  ¡Ninguno! 
Cada uno de nosotros debe crecer espiritualmente y poco a poco vamos entendiendo el propósito de Dios en nuestras vidas.  Además, nuestro discernimiento se va fortaleciendo y comenzamos a reconocer situaciones que otras personas no pueden.  Así, Pablo entendió perfectamente lo que el Señor estaba haciendo.  Pero no se termina ahí.  Entendió que esto traería mayor plenitud a su vida que el intentar buscar esa satisfacción en algún otro lado.  En los versículos anteriores vemos que se encontraba angustiado por sus discípulos en Filipos.  Pero en lugar de quedarse en fijación con esa preocupación, entiende que debe entregarla al Señor y dice: con toda confianza, será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte.  ¿Qué más podía hacer?  ¡Nada!  Así mismo te pregunto: ¿Qué más puedes hacer para resolver tu situación?  ¡Nada!  Lo único que debe preocuparnos es estar día a día compartiendo el evangelio y haciendo discípulos para Cristo.  Debemos estar preocupados por aquellos que se encuentran peleados con el Señor.  Debemos estar preocupados por aquellos que mienten y son groseros, por los que sufren adicciones, por los que engañan a sus parejas, por cada una de esas personas que nos hacen daño, por todos ellos debemos estar preocupados pues llevan una vida sin Cristo.  En tinieblas.  Tratando de sobrevivir como el mundo les ha enseñado.  Mientras tanto, tú y yo vivimos con el amor, gozo y bendiciones de nuestro Creador.  ¡Esto no está bien! Por esta razón Pablo dice que el vivir es para el Señor, de lo contrario, ¿qué sentido tiene?  Piénsalo.  Si no vivimos para Cristo, ¿Para quién estamos viviendo?  Si no obedecemos y seguimos a Jesús, ¿Hacia dónde nos estamos dirigiendo?  Mejor sería estar muerto pero en la presencia de Jehová, que vivo y desperdiciando el tiempo en cosas del mundo.  ¿Puedes ver lo profundo de las palabras de Pablo?  Va más allá de querer vivir o morir.  Está tratando de enseñarnos el sentido de vivir: Servir.
Si tienes la bendición de ser hijo de Dios, tu deber es ir y compartir ese enorme regalo con más personas.  No te guardes tan grande dicha.  No seas una presa que no permite que el río fluya.  Mejor conviértete en un canal que permite que la reconciliación con Dios Padre llegue a cada persona que cruza tu camino.  Eso es vivir en Cristo.  Aprovecha tu tiempo.  No sabes cuándo serás llamado.  
Oración
Padre: cuántas gracias te doy por permitirme tener comunión contigo.  Te doy gracias por tu amor y tus bendiciones.  Te doy gracias por darle sentido a mi vida y, aunque no siempre entienda tu voluntad, sé que todo es para bien.  Te pido que mi vida sea un conducto para que tus bendiciones lleguen a más personas y que tu nombre se manifieste en cada rincón por el que camine.  Transforma mi forma de pensar y de actuar.  Te lo pido en Cristo Jesús. Amén.

Un año más.


Para algunos pasó rápido y para otros sumamente lento.  Celebramos que terminó un año lleno de momentos únicos.  Algunos tan difíciles que parecía que los días no avanzaban mientras que otros tan alegres que se iban como el agua entre las manos.  Así pasan los días, los meses y los años.  Debemos aprovechar estos tiempos para reflexionar y hacer una pausa sobre el rumbo que estamos dando a nuestra vida.  Debemos dejar que Dios nos examine y, con honestidad, reconocer si estamos en el camino correcto.  Le doy gracias a Jehová por un año más.  Le doy gracias por lo que me permitió vivir.  Lo bueno y lo malo.  En especial lo malo porque me hizo recordar que lejos de Él, nada puedo hacer.  Espero que este año pueda seguir creciendo espiritualmente y que mi vida pueda servir para que otras personas quieran acercarse a Jesús.  
Gracias a cada uno de ustedes que lee lo que escribo y en especial a los que no solo se toman el tiempo de contestar sino de abrir su vida y su corazón al exponerme las situaciones que están atravesando.  No se imaginan cuánto aprecio esos correos.  Espero haber ayudado en cada momento de lo que estaban atravesando.  Gracias a aquellos que no solo leen lo que escribo sino que además lo comparten con más personas.  Creo que ustedes han entendido que las bendiciones de Dios son demasiado buenas para dejarlas guardadas.  Espero que este año, más personas puedan conocer del Dios que los ama y que quiere reconciliarse con ellos.  Espero que haya más correos electrónicos en mi lista y que más personas entren al blog a leer una breve descripción de lo que el Señor puede y quiere hacer en sus vidas.  Gracias a mi esposa que me motiva a escribir y a seguir con este trabajo.  Gracias a aquellos que me han compartido lo útil que les han sido estos devocionales.  Honestamente hay días en los que no quiero escribir y prefiero dormir o hacer alguna otra cosa (mi propósito es escribirlos el día anterior en lugar de las 5am).  Hay días en los que la rebeldía entra en mí y me dice que no debería hacerlos diario pues es mucho trabajo.  Pero gracias al Señor que pone el querer como el hacer y hoy puedo ver cuánto ha crecido su obra simplemente por mantenerme fiel.  Hoy te digo que tan solo en mi lista de distribución de correos, hay cerca de 200 personas.  Si agregamos a los que reenvían, mi cálculo es que alrededor de 300 personas reciben un tiempo con Dios diariamente.  Además hay que agregar a los que consultan el blog por internet.  Espero que estos datos te sirvan para animarte a compartir con los demás lo que Dios está haciendo en tu vida y lo que puede hacer por ellos.  Ojalá y este año entendamos nuestra responsabilidad de ir y hacer discípulos y la pongamos como prioridad.  Espero también, que aprendamos a amar a Dios por sobre todas las cosas y en especial por encima de nuestra voluntad.  Espero que este año, podamos aprender a ver con Sus ojos, a escuchar con Sus oídos y a hablar con Sus palabras.  Espero podamos vivir en su amor y que amemos a los demás como Él nos ha amado.  Espero que podamos dejar atrás el miedo que nos detiene a entregarle nuestra vida sin restricción y vivir plenamente en Él y para Él.  Aunque suene extraño, no deseo que este año sea mejor que el anterior, no deseo que crezcas en lo material ni que haya salud.  El Señor se encargará de darnos lo que necesitamos y probablemente nos de más.  En cambio, espero que haya más compromiso de nosotros hacia Él sin importar lo económico, la salud o cualquier otra circunstancia.  Que Dios te llene de su paz, amor y bendición.

12 dic 2012

Filipenses 1:15-17


Es cierto que algunos predican a Cristo por envidia y rivalidad, pero otros lo hacen con buenas intenciones.  Estos últimos lo hacen por amor, pues saben que he sido puesto para la defensa del evangelio.  Aquéllos predican a Cristo por ambición personal y no por motivos puros, creyendo que así van a aumentar las angustias que sufro en mi prisión.



Hace unos días fui a un evento navideño organizado por la ciudad.  No tenía un tema religioso o espiritual en específico sino una mezcla de tradición con un poco del nacimiento de Jesús.  En medio de los ríos de gente, habían unas pancartas de color llamativo.  “arrepiéntete porque si no, irás al infierno”  “Dios castiga al pecado” y citas similares.  Recuerdo haber pensado “¿de todos los versículos de la biblia y todo el mensaje que Jesús nos dejó, tenían que haber escogido esos?”.  ¿Qué reacción podrían causar en la gente?  Dudo mucho que alguien pudiera acercarse.  De hecho, jamás vi que alguien lo hiciera.  Solamente ahí estaban mientras uno de ellos gritaba cosas relacionadas a la biblia.  Honestamente no veo ningún objetivo más que satisfacer un deseo personal al tratar de predicar el evangelio de esta manera.  Por otro lado, tenemos personas e instituciones que se han enriquecido utilizando el evangelio a su conveniencia.  En los tiempos de Pablo, vemos que había personas que utilizaban también el evangelio para beneficio personal.  Predican por envidia y rivalidad, nos dice Pablo.  Él veía lo que estaba pasando y cómo el nombre de Cristo era utilizado para conveniencia de unos mientras que al mismo tiempo, había corazones entregados que predicaban por amor y entrega al Señor.  
Todo esto me lleva a pensar en dos cosas.  La primera: debemos tener cuidado de quién recibimos instrucción espiritual y debemos estar atentos a que esté en línea con lo que la biblia dice.  La segunda: debemos ser sabios para compartir el evangelio.  No podemos hablar de Cristo como a nosotros nos parezca o como se le ocurra a alguien.  Debemos seguir el ejemplo de Jesús.  ¿Cómo se comportaba Jesús con los pecadores?  ¿De qué manera los trataba?  ¿Cómo se acercaba a aquellos que eran rechazados?  Siempre vemos a un Cristo amoroso, delicado y paciente.  Acercándose y hablando con aquellos que eran considerados “impuros” para la sociedad.  Este ejemplo que nos dejó, involucra tiempo, dedicación, sufrimiento y entrega.  Pablo lo entendió y así lo hizo, por esta razón, cuando se da cuenta de lo que estaba pasando, explica cómo aumentan sus angustias.  Él había estado en Filipos.  Él había visto cómo la gente aceptaba y crecía en el evangelio.  Ahora estaba encarcelado y solamente recibía noticias sobre lo que acontecía.  Piénsalo.  ¿No te sentirías igual?  Después de haber dedicado esfuerzo y entrega a una obra, ver cómo algunas personas quieren destruir lo que has edificado debe causar un fuerte golpe en tu corazón.  Pues así estaba Pablo.  Preocupándose por sus “polluelos”.  Tratando de dar instrucciones precias para que no se desviaran de la verdad.


Oración
Padre: te quiero pedir perdón por mis pecados.  Perdón por darte la espalda y no obedecerte ni entregarme como lo pides.  Te pido que cambies mi vida y pueda llevar tu palabra a más personas y dar de mi tiempo y esfuerzo para llevar tu nombre y tus bendiciones.  Ayúdame a ser sabio al hacerlo y siempre utilizar el ejemplo que tu Hijo dejó.  Te pido también que pueda tener discernimiento para identificar a aquellos que predican tu palabra por ambición personas versus aquellos que lo hacen por amor a tu nombre.  Gracias mi Señor y te pido esto en el nombre de Jesús.  Amén 

7 dic 2012

Filipenses 1:12-14


Hermanos, quiero que sepan que, en realidad, lo que me ha pasado ha contribuido al avance del evangelio.  Es más, se ha hecho evidente a toda la guardia del palacio y a todos los demás que estoy encadenado por causa de Cristo.  Gracias a mis cadenas, ahora más que nunca la mayoría de los hermanos, confiados en el Señor, se han atrevido a anunciar sin temor la palabra de Dios.



Es sumamente complicado darle sentido a las cosas cuando están de cabeza.  Darle una explicación a lo que nos acontece no es fácil cuando atravesamos momentos difíciles.  ¿Cómo explicar el por qué nos sucede esto o aquello?  La verdad es que solo Dios sabe.  Podemos tener algunas ideas e hipótesis, pero nuestra visión de las cosas es sumamente limitada.  Nosotros no podemos ver ni siquiera un segundo en el futuro mientras que nuestro Señor es eterno.  Por esta razón, nos resulta imposible poder darle sentido a las cosas cuando nos “llueve sobre mojado”.  Pero de algo estoy convencido, que así como Pablo entendió en su momento que su encarcelamiento estaba sirviendo no solo para compartir el evangelio a los guardias sino a gobernadores y reyes, pudo ver cómo otros hermanos en la fe se fortalecían por el testimonio que él estaba dando, así también, con tu vida y con mi vida, muchas personas fortalecerán su fe y entrega al Señor cuando nos vean reaccionar ante la adversidad.  Y, a su debido tiempo, el Señor se encargará de revelarnos lo que considere necesario para su gloria.
Ahora, recordemos un poco de historia.  Pablo iba a ser asesinado.  Había ya un grupo de personas que hicieron un pacto para no tomar alimento hasta que lo asesinaran.  El hecho de que fuera encarcelado interrumpió esos planes.  ¿Qué quiero decir con esto?  Que a primera instancia, lo que parece un mal, es un bien.  Dios tenía planes para Pablo y no iban a ser interrumpidos por este grupo de personas.  Así también tiene planes para ti y para mí que no serán interrumpidos por una u otra circunstancia.  No sé lo que estás atravesando.  Puede ser algo sumamente difícil y estás cansado o más bien exhausto.  Tal vez tienes tiempo tratando de darle sentido a las cosas sin éxito.  Hoy no te voy a dar una respuesta a esas interrogantes.  Solamente Dios puede hacer eso.  Lo que sí puedo hacer, es recordarte que el Señor no te ha abandonado.  Él te ama y está ahí a tu lado con los brazos abiertos.  No se ha movido un solo centímetro aunque piensas que te ha dejado solo.  Él está ahí.  Dobla tus rodillas.  Llora.  Desahógate.  Búscalo.  Arrepiéntete.  Pide que pueda llenar tu corazón de paz y plenitud de la forma que solo Él puede.  La biblia está llena de ejemplos con situaciones duras y sin sentido.  ¿Por qué Daniel tuvo que ser expuesto a un horno de fuego y a un foso de leones?  Solamente porque sabemos el resultado no quiere decir que en su momento no tuvo miedo o cuestionó si tenía sentido lo que estaba pasando.  Él sabía que Dios era soberano y solamente Él tendría la última palabra sobre lo que pasaría.  Gracias a su vida, hoy somos fortalecidos en lo que el Señor puede hacer en nuestras circunstancias.
No te agobies ni aferres a querer darle sentido a lo que te pasa.  Mejor trata de pedir al Señor que tus reacciones, que están siendo observadas por muchas personas que ni te imaginas, puedan servir para dar testimonio y que otros puedan ser motivados y fortalecidos por tu testimonio.  Confía en que Dios te ama y solamente está viendo por tu bien.  Permanece en Él y cuestiona si estás siendo un siervo fiel.
Oración
Padre: es difícil.  La angustia, la incertidumbre y el miedo toman control.  Hoy quiero entender que no me has abandonado.  Que estás a mi lado.  Que me amas.  Te pido que pueda tener paz.  Te pido que me consueles.  Te pido confortes mi corazón.  Sé que tienes un plan.  Sé que es para mi bien.  Ayúdame a confiar en Ti y no solamente creer en tus promesas sino vivirlas día a día.  Te lo pido en el nombre de Jesucristo.  Amén 

6 dic 2012

Filipenses 1:9-11


Esto es lo que pido en oración: que el amor de ustedes abunde cada vez más en conocimiento y buen juicio, para que disciernan lo que es mejor y sean puros e irreprochables para el día de Cristo, llenos de fruto de justicia que se produce por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.



Fruto de justicia que se produce por medio de Jesucristo para gloria de Dios.  Allá afuera te enseñan algo totalmente distinto.  Tú debes buscar tu propio bienestar.  Debes estar bien contigo mismo para estar bien con los demás.  Trabaja y esfuérzate para que disfrutes los resultados.  Lee los versículos nuevamente con mucho detenimiento y en especial la frase que escribí nuevamente.  ¿Qué significa?  El fruto lo produce Cristo y es para la gloria de Dios.  ¿En dónde quedamos nosotros?  ¿Dónde queda mi reconocimiento?  ¿Dónde queda mi gloria?  ¿Dónde queda mi orgullo?  Si en mi trabajo crezco y doy fruto, gano más dinero y soy reconocido.  En cambio, en lo espiritual, si doy fruto ¿No recibo nada y todo se va para Dios?  Correcto.  ¡Estás loco!  Podrás pensar.  ¿Recuerdas que la misma biblia nos dice que sus enseñanzas son locuras para los que no tienen a Cristo?  Por versículos como este podemos ver lo cierto de esas palabras.  Todo debe ser para Jehová.  Absolutamente todo lo que haces.  No estoy exagerando.  Esta es la barra que puso Jesús al entregar su vida por ti y por mí.  No dejó nada.  Toda su vida la entregó dejando un ejemplo perfecto y trayendo consigo la reconciliación con Dios Padre a través de su sacrificio.  Ahora, en su amor, nos llena de bendiciones y plenitud cuando entregamos nuestra vida a Él, pero esto es el fruto de buscar su gloria y no la nuestra.  No podemos ser perfeccionados en Cristo si antes no entendemos que Él es quien produce el fruto y, sobretodo, que el fruto debe estar destinado a dar gloria y alabanza a Dios.  Por esta razón, Pablo escribe que sus oraciones son destinadas a que abunde en nosotros conocimiento y buen juicio.  Que maduremos y podamos entender la dirección correcta para nuestra vida.  Piénsalo.  Medita en este principio.  ¿A qué dedicas tu tiempo?  ¿Cuál es tu meta?  ¿Hacia dónde te diriges?  Si tienes hijos, tu meta es que sean “buenos” y no se metan en problemas o más bien que aprendan a dar gloria al Señor.  Si tienes una pareja, ¿buscas que tu matrimonio de gloria a Jehová?  Cada día que vas a trabajar, ¿das testimonio de Jesús?  Allá afuera aprendemos a sobrevivir mientras que el Señor nos enseña a vivir en plenitud.  El mundo en el que vivimos promueve vivir para uno mismo.  Dios nos promueve morir a uno mismo y amarlo a Él sobre todas las cosas y después amar a nuestro prójimo.  ¿Te estas dando cuenta de lo importante y profundo de este mensaje?  Cada día Pablo oraba para que sus discípulos pudieran crecer en amor y discernimiento, que su mirada estuviera en el lugar correcto y que aprendieran a vivir para el Señor en todo lo que hicieran.  Hoy me uno a esa oración por ti y por mí.  Pido que el Señor abra nuestro entendimiento y podamos ver lo maravilloso que es vivir para Él y cosechar los frutos que solamente Él puede dar.  Vivir una vida que glorifique al Señor es mi deseo y espero que a partir de hoy, el tuyo también.

Oración
Padre: perdóname.  He vivido para mí y he buscado los beneficios para mi satisfacción.  Hoy entiendo que la plenitud y las bendiciones llegan cuando mi vida da fruto a través de Cristo y son para glorificarte en todo momento.  Quiero aprender a morir a mí y nacer en Ti.  Quiero aprender a vivir para tu gloria en todo lo que haga.  Te pido que apagues mi orgullo y enciendas tu amor en mi vida.  Gracias mi Señor.  En Cristo Jesús.  Amén 

5 dic 2012

Filipenses 1:6-8


Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.  Es justo que yo piense así de todos ustedes porque los llevo en el corazón; pues, ya sea que me encuentre preso o defendiendo y confirmando el evangelio, todos ustedes participan conmigo de la gracia que Dios me ha dado.  Dios es testigo de cuánto los quiero a todos con el entrañable amor de Cristo Jesús.



Cuando leemos en la Biblia que la iglesia es un solo cuerpo, lo podemos entender con estos versículos que escriben Pablo y Timoteo.  Si estoy en gozo, en prisión o en cualquier otra circunstancia, todos ustedes participan conmigo de la gracia que Dios me ha dado pues somos un mismo cuerpo.  Esto es lo que Pablo está diciendo.  Todos somos hermanos en la fe.  Todos estamos aquí para motivarnos y amarnos en el amor de Cristo Jesús.  Ahora, hay un detalle sumamente importante: el amor que nos tenemos entre hermanos debe provenir del amor de Dios.  No de nosotros pues este amor no es duradero y cuando vienen las pruebas y los conflictos, normalmente desaparece.  Pero el amor que Dios nos da permanece sin importar lo que estemos atravesando.  Es sumamente probable que como hombres fallemos.  Yo te voy a fallar.  Probablemente tu pastor te pueda fallar y tú le vas a fallar a alguien más.  Por eso es de gran importancia que tu amor hacia los hermanos en la fe esté basado en Cristo y no en nuestro comportamiento.  Pongamos la mirada en Jehová y así como Él nos perdona y ama sin restricción, amemos y perdonemos a nuestros hermanos.  Aprendamos a ser un solo cuerpo.  A gozarnos y a entristecernos junto con ellos.  Pensemos menos en nosotros y más en nuestro prójimo.
Por otro lado, es sumamente importante entender quién da el crecimiento espiritual.  Dios.  Cada uno de nosotros tenemos distintas “velocidades”.  Algunos crecen muy rápido y otros pareciera que van caminando.  Ninguno crece a la misma velocidad que el otro.  Como humanos, nos encanta poner patrones y pensar que todo debe ser igual.  Tenemos una educación que nos motiva a pensar así.  Pero con Dios las cosas son distintas.  Podemos tener un joven de 18 años enseñarle a sus padres lo que es seguir al Señor.  De igual forma, dos personas que reciben a Cristo el mismo día, tendrán un crecimiento distinto.  Lo que sabemos es esto: que el Señor, quien comenzó la obra en nuestros corazones, es quien se encarga de irla perfeccionando.  Va a depender de nuestra rebeldía, de nuestros deseos de obedecer, nuestras ganas de entregarnos y sobre todo nuestra voluntad para servir.  No critiques.  No juzgues.  No somos nadie para hacerlo.  Si un hermano lleva tiempo asistiendo a la iglesia y no ves frutos, mejor ora por él y entiende que el Señor quiere seguir perfeccionando su obra.  Tristemente he escuchado personas que señalan y piensan que, por llevar tiempo acudiendo a la iglesia, la gente debería actuar de tal o cual manera.  Esto no funciona así.  Habemos unos más necios que otros.  Habemos unos más orgullosos que otros.  Habemos unos con más prejuicios que otros.  En fin, hay tanto que tenemos en nuestro corazón que debe ser cambiado que solamente el Señor, quien comenzó la obra, puede terminarla hasta la perfección.  Seamos un cuerpo y busquemos crecer juntos respetando la “velocidad” de cada uno.  Amémonos.  Gocémonos en Cristo.  Dejemos que Él siga trabajando en nosotros y aprendamos a servirle en todo lo que hagamos.

Oración
Padre: te pido perdón por mis pecados.  Te pido perdón porque no amo a mi prójimo o a mis hermanos en la fe con Tu amor.  Quiero que tu amor abunde en mi vida y pueda llevarlo a los demás.  Quiero que mi vida sea testimonio de cuánto nos amas y cuánto podemos ser transformados al obedecerte.  Gracias por darle dirección y sentido a mis pasos.  En Cristo Jesús.  Amén 

4 dic 2012

Filipenses 1:3-5


Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes.  En donde mis oraciones por todos ustedes, siempre oro con alegría, porque han participado en el evangelio desde el primer día hasta ahora.



Recuerdo hace muchos años que hice una decisión por Cristo.  En aquel tiempo, se pedía a la gente levantar su mano si habían hecho esa decisión.  Yo la levanté.  Habían varios familiares conmigo que se pusieron sumamente contentos.  Honestamente, yo no entendía cuál era la emoción.  Me decían que había fiesta en el cielo y que era un día especial.  Después de unos años, también recuerdo a una persona en especial, Manuel Zamudio, quien se encargó de tenerme paciencia (probablemente necesitó mucha) y poco a poco me fue guiando para poder entregar mi vida al Señor y vivir de una forma congruente entre mis actos y mi fe.  En alguna reunión o tal vez en un retiro, recuerdo que estaba contento por el crecimiento espiritual que Dios había hecho en mí.  Como la primera vez, tampoco entendí mucho su alegría.  Después de otros años, tuve la oportunidad de compartir a Cristo con más personas y ver justamente lo que otros habían visto en mí.  Personas que se acercaron a Él y le reconocieron.  Personas que poco a poco fueron tomando decisiones que en su momento no estaban tan seguras de hacerlo pero después se dieron cuenta de lo increíble que es obedecer y entregarse al Señor.  Ahí estaba Pablo.  Viendo como crecían sus discípulos.  Gozándose de la entrega y compromiso que habían hecho.  Seguramente los había aconsejado en momentos difíciles y sabía de sus vidas.  Ahora se acordaba de cada uno de ellos con alegría y con agradecimiento al Señor por la obra que estaba haciendo.
No sé en qué parte de tu “viaje” espiritual te encuentres.  Tal vez ni siquiera lo has comenzado.  Hoy quiero animarte a que tomes el primer paso.  Reta a Dios a que cumpla sus promesas en tu vida mientras que tu cumples obedeciendo.  Si ya has comenzado, te animo a que medites sobre este pasaje y tu participación con la obra del Señor.  Jesús nos dejó muy claro que nuestro deber es ir y hacer discípulos.  Esto quiere decir, que cada uno de nosotros debe experimentar lo que Pablo experimentó.  Ver cómo una semilla crece y posteriormente da fruto.  Entiendo el gozo y la alegría de Pablo.  Ver una vida entregada y transformada es simplemente increíble.  Así también tú debes experimentarlo.  Comparte a Cristo.  Dedica de tu tiempo.  Ten paciencia.  Deja que el Señor sea quien toque y mueva los corazones.  A su debido tiempo, comenzarás a cosechar y ver los excelentes frutos que solo Dios puede dar.  Créeme, personas que jamás imaginaste se acercarían al Señor, terminan entregando sus corazones a Él.  Esa alegría que Pablo experimentó también es para ti.  Lo único que tienes que hacer, es dedicar de tu tiempo y hacer un discípulo.  No necesitas estudiar el seminario para poder hacerlo.  El Señor quiere corazones entregados y no mentes con maestrías.  Así que, si estás dispuesto a servir, te animo a que ores al Señor y pidas porque puedas experimentar este gozo tan increíble de orar por aquellos que has podido guiar en su vida espiritual.  Asimismo, aprovecho para dar gracias a cada persona que me animó, me instruyó y me dedicó de su tiempo para que pudiera tener bases sólidas en mi vida espiritual.  Gracias a Dios por sus vidas.

Oración
Padre: es un gozo servirte y ser un granito de arena en tu obra tan inmensa como el mar.  Te pido que mi vida sea para glorificarte y que pueda experimentar el gozo y la alegría de Pablo al ver el impacto que tiene tu palabra en las personas a las que les compartió de Ti.  Guía mi vida.  En Cristo Jesús.  Amén 

3 dic 2012

Filipenses 1:1-2


Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, junto con los obispos y diáconos: que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les conceda gracia y paz.



La tecnología nos ayuda a poder comunicarnos de una manera sumamente eficiente.  En un instante, sin importar en qué parte del mundo se encuentre A y B, pueden no solo intercambiar mensajes sino también pueden realizar una videoconferencia en tiempo real.  ¿Quieres saber algo más?  Es prácticamente gratis hacerlo.  Pienso en esta carta que escriben Pablo y Timoteo a los filipenses.  Ahí estaban los dos siervos.  Pablo estaba en la cárcel y Timoteo visitando.  No podían escribir todo lo que quisieran.  Tenían que pensar bien sus palabras para dar instrucciones precisas, llevar ánimo y seguir dando testimonio de Jesús.  Ahora que tenemos la facilidad de comunicarnos tan fácilmente, me pregunto por qué no transformamos la carta a los filipenses en una llamada a un ser querido.  “Tengo muchas ocupaciones y no he tenido tiempo” podrás contestar.  “No sé qué decir”.  “Tiene tanto tiempo que ya no tiene sentido”.  Pablo estaba encarcelado.  No la estaba pasando de maravilla.  Así que, lo que sea que estés atravesando, no es un buen pretexto para salirte de esta responsabilidad.  Debemos preocuparnos y ocuparnos los unos por los otros.  Esto es la evidencia de que estamos poniendo por práctica el mandamiento de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.  Piensa en esto: la carta a los filipenses es escrita por el amor que se le tiene a los hermanos en la fe.  Pablo los tiene presentes en su mente y en sus oraciones.  ¿A quién tienes en tus oraciones?  ¿Solamente a tus seres más cercanos?  Es fácil dejar de voltear a las necesidades que hay a nuestro alrededor.  Mejor seguir de frente.  Pero para eso, Jesús nos dejó la parábola del buen samaritano.  No solo frenó su camino sino que se desvió totalmente de su destino y le dedicó tiempo, dinero y esfuerzo propio.  ¡Eso es lo que tenemos que hacer!  Eso es lo que Pablo y Timoteo estaban haciendo con los filipenses.  Por eso escriben la carta.  Por el amor y preocupación que tienen por ellos.  “Que el Señor les conceda gracia y paz” les dicen.  ¿Hace cuánto no haces una oración pidiendo porque te llene el Señor de su gracia y su paz?  ¿Hace cuánto que no lo haces por alguien más?  La manera en la que las epístolas hacen las salutaciones, nos debe recordar el amor y la entrega que debemos tener no solo por nuestros seres queridos y cercanos sino por nuestro prójimo en general.  Una llamada telefónica.  Un correo electrónico.  Una videoconferencia.  En fin, los medios son muchos pero las ganas son pocas.  No dejes pasar más tiempo y ponte en contacto con aquellos que sabes necesitan recibir ánimo, consuelo y sobre toda la gracia y la paz de nuestro Señor.  No tenemos pretexto.  
Por último, resulta interesante aprender de lo que Pablo está haciendo con Timoteo al incluirlo en la epístola.  Nos demuestra que los “ancianos” deben incluir a los “jóvenes”.  No debemos separar talentos sino reconocerlos y aprovecharlos sin importar la edad.  Seamos sencillos y humildes y aprendamos a reconocer que, el Señor utiliza a cada uno de nosotros dándonos dones que no necesitan de edad para dar fruto.

Oración
Padre: te agradezco por tus enseñanzas y sobre todo por la gracia y paz que traes a mi vida.  Te pido que pueda aprender a llevarla a mi prójimo.  Te pido que aprenda a amar como Tú lo pides y que mi vida sea un testimonio de ello.  Te pido que pueda pensar menos en mí y más en servirte y darte la gloria en todo lo que haga.  Gracias Señor, en el nombre de Jesús.  Amén