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8 nov 2011

Hechos 16:14-15


Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.  Y cuando fue bautizada y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad.  Y nos obligó a quedarnos.



Primero quiero comentar acerca del momento en que la mujer estaba poniendo atención a lo que Pablo decía.  Estaba muy interesada.  Por experiencia propia, estoy convencido que todo su interior estaba con fuego mientras la palabra de Dios era compartida.  Es un momento increíble.  A veces son pasajes que ya habíamos leído varias veces, pero hay algo distinto en ese día que todo cambia.  ¿Sabes qué pasó?  Que has madurado y que te has enfrentado a situaciones distintas por lo que hoy tu discernimiento es distinto.  O tal vez estás en un momento específico en el cual puedes identificarte perfectamente con lo que estás escuchando o leyendo.
Es interesante ver la reacción de Lidia.  La biblia nos dice que “los obligó” a quedarse en su casa.  ¡Quería escuchar más!  ¡Quería conocer más de Dios!  Sus ojos se han abierto y su deseo es permanecer más tiempo escuchando de las enseñanzas.  Este fervor no lo debemos dejar apagarse en nuestras vidas.  Ese deseo de obedecer, de conocer más y de permanecer en Cristo debemos cuidarlo, alimentarlo y hacerlo crecer.  En ocasiones, el tiempo pasa y sin darnos cuenta ya estamos a “medio motor”.  Después dejamos de leer o de orar como antes y así, poco a poco, sin darte cuenta, tu fuego se ha apagado.  ¡No lo permitas!  Incluso si sientes que estás ya lejos de Dios, esto no es verdad.  Él está ahí esperando a que des la vuelta y regreses a caminar a su lado.  No dejes que el enemigo te confunda y te haga pensar que has cometido demasiados errores.  El sacrificio de Cristo cubre absolutamente todo y su perdón está disponible para los que reconocemos que hemos pecado.
No sé si llevas poco tiempo de conocer a Dios o varios años ya.  Hoy quiero animarte a procurar la actitud de Lidia al buscar aprender más del Señor.  A estar dispuesto a servir y abrir las puertas de tu casa.  A dedicar más tiempo a los demás y menos tiempo a ti.  A amar a tu prójimo como a ti mismo.  A buscar el reino de Dios y permitir que el Señor transforme tu corazón.  El mundo necesita de Cristo.  Solamente escucha las noticias y te darás cuenta del gran vacío que hay.  Renueva tu compromiso.  Revive el fuego de Cristo en tu vida.
Lidia les rogó y obligó a los discípulos a que permanecieran en su casa.  Imagina si todos los que seguimos a Jesús hiciéramos lo mismo.  Apoyando a aquellos que dedican su vida entera a evangelizar.  Abriendo nuestras casas a los necesitados.  Dando de nuestro tiempo y esfuerzo al prójimo.  Sirviendo a Dios antes que a nosotros.  ¡Sería otro mundo!  Busquémoslo y vivámoslo.

Oración
Padre: hoy entiendo que debo procurar mi comunión contigo y te pido porque renueves mi corazón y perdones mis pecados.  Quiero cambiar y vivir en servicio a Ti.  Quiero amar a mi prójimo y buscarte todos los días.  Guíame Señor en este nuevo camino.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén

4 nov 2011

Hechos 16:11-13


Zarpando de Troas, navegamos directamente a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis.  De allí fuimos a Filipos, que es una colonia romana y la ciudad principal de ese distrito de Macedonia.  En esa ciudad nos quedamos varios días.  El sábado salimos a las afueras de la ciudad, y fuimos por la orilla del río, donde esperábamos encontrar un lugar de oración.  Nos sentamos y nos pusimos a conversar con las mujeres que se habían reunido. 


Tratemos de meternos en la vida de los discípulos.  Pablo anuncia su visión de ir a Macedonia y comienzan su travesía.  Llegan a una ciudad y de ahí siguen a otra para finalmente llegar a Filipos.  “Bien, ya estamos en Macedonia, ¿ahora qué?”.  La visión de Pablo mostraba a un hombre diciendo que fueran a esa región.  ¿Esto significa que ahora debían ponerse a buscar a un hombre?  Ellos deciden permanecer unos días ahí y dejar que el Señor diera las siguientes instrucciones.  Mientras tanto, se quedarían ahí haciendo lo que saben hacer, orar y hablar de Cristo.  No se cuestionaron si habían hecho lo correcto viniendo a esta región.  Tampoco se quedaron parados sin saber qué hacer.  Oraban y hablaban de Jesús.
En ocasiones nuestras vidas son sacudidas en formas que no imaginábamos.  También existen aquellos cambios que buscamos y deseamos.  Independientemente de que sea esperado o inesperado, tu vida y la mía deben tener un principio fundamental: orar y compartir a Cristo.  Cuando te encuentres en una situación en la que te estás preguntando ¿y ahora qué?  No dejes que el afán y la desesperación tomen control.  Tranquilo.  Ten paciencia.  Ten fe y deja que Dios siga trabajando a Su tiempo y en Sus formas.  No dejes de orar.  No dejes de servir.  Si no lo estás haciendo, ¡qué estas esperando! 
Resulta sumamente sencillo distraernos con lo que nos sucede.  Esto no quiere decir que estoy minimizando cualquier evento que pueda acontecer.  Yo entiendo que atravesar la muerte de un ser querido es sumamente doloroso y difícil.  Así también pienso en muchos otros ejemplos de lo que atravesamos día con día.  Pero detente un momento.  Has una pausa y no te dejes controlar por los sentimientos que te quitan la perspectiva.  Si bien, estás atravesando un momento difícil e incierto y tienes ganas de tener mayor claridad y calmar tu dolor, el mejor remedio para ello está en la Biblia.  Leyendo.  Orando.  Obedeciendo.  La mejor forma para atravesar situaciones en las que no sabes qué hacer es estando pegado a Dios.  Te entrarán momentos de desesperación y tratarás de encontrar un remedio inmediato.  Créeme, tu paz y consuelo solamente los encuentras en Cristo.
No debemos quitar la mirada del cielo.  Todo lo que tenemos a nuestro alrededor nos distrae de lo que realmente importa: Dios.  Busca momentos de comunión con Él.  Expresa tus sentimientos.  Abre tu corazón.  Descansa en su consuelo.

Oración
Padre: a veces no entiendo lo que pasa y me desespero o me enojo.  Hoy entiendo que debo mantenerme firme en oración y comunión contigo.  Te pido que traigas paz y consuelo a mi vida.  Te pido que fortalezcas mi fe para vivir conforme a tu voluntad.  Gracias Señor.  En Cristo Jesús oro.  Amén 

3 nov 2011

Hechos 16:9-10


Durante la noche Pablo tuvo una visión en la que un hombre de Macedonia, puesto de pie, le rogaba: pasa a Macedonia y ayúdanos.  Después de que Pablo tuvo la visión en seguida nos preparamos para partir hacia Macedonia, convencidos de que Dios nos había llamado a anunciar el evangelio a los macedonios. 



Pablo tuvo una visión muy clara que le mandaba ir a Macedonia y por ello, en cuanto la tuvo, se prepararon para ir.  Pero para nosotros no siempre es así de sencillo.  La pregunta de todos los días es: ¿cómo puedo saber si lo que estoy planeando está dentro de la voluntad de Dios?   ¿Te lo has preguntado?  Bien.  Déjame desanimarte un poco primero.  No hay una fórmula que se repita siempre para poder llegar a la conclusión de que el plan A o el plan B son la voluntad del Señor.  Honestamente, pienso que incluso Dios permite esa incertidumbre y falta de claridad para probar nuestros corazones y sacar lo que realmente hay en ellos.  Ahora déjame animarte.  Primero debes estar convencido que Dios te ama.  No hay nada que puedas hacer para que te ame menos o más.  El te ama y punto.  Después, debes recordar que tu principal objetivo debe ser el servirlo a Él.  No crecer profesionalmente.  No tener dinero.  No vivir en tal o cual lugar.  No conseguir una pareja.  En general, nada relacionado con la vida material debe ser tu prioridad.  Esto te ayuda a desprenderte de aquello que no tiene valor y aprender a perseguir lo que sí.  Cuando completas estos pasos, te das cuenta que puedes estar en paz independientemente de que tu situación sigue igual de incierta.  Aquí es cuando das gloria a Dios por ser tan bueno y llenarte de su paz y su amor.  Te gozas y puedes sonreír.  La gente a tu alrededor no siempre lo va a entender, pero tú puedes proyectar tranquilidad y gozo sin importar que no sabes lo que vendrá.
Después de un tiempo, días, meses o años el Señor comenzará a mostrarte sutilmente por dónde caminar.  Te darás cuenta que tu plan A te da más dinero pero te quita tiempo con tu familia.  Comienzas a darte cuenta que el plan B, aunque parecía poco atractivo, podría ayudarte a moldear tu carácter y podrías ser utilizado para llevar más fruto.  Créeme, poco a poco se irán resolviendo tus inquietudes e incluso verás puertas que se abren que ni siquiera te habías percatado que estaban ahí.  Este periodo es extraordinario.  Estás muy pegado a Dios.  Oras constantemente y no quieres separarte de Él.  Finalmente has tomado una decisión convencido que era la correcta.  Das gracias a Dios y así como Pablo, te preparas inmediatamente para servir.
La palabra de Dios está llena de promesas relacionadas al amor y cuidado especial que nuestro Señor tiene de ti y de mí.  Lee estas promesas.  Memorízalas.  Ponlas por práctica.  Pablo y los discípulos estaban en excelente sintonía con Dios y podían escuchar y ver claramente sus planes.  Tú y yo debes hacer lo mismo y para ello debemos prepararnos leyendo su palabra y obedeciéndola.

Oración
Padre: te pido que traigas paz a mi corazón.  Te pido que pueda comprender tu amor y vivir confiado en el cuidado que tienes de mí.  Te lo pido en Cristo Jesús. Amén 

2 nov 2011

Hechos 16:6-8


Atravesaron la región de Frigia y Galacia, ya que el Espíritu Santo les había impedido que predicaran la palabra en la provincia de Asia.  Cuando llegaron cerca de Misia, intentaron pasar a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió.  Entonces, pasando de largo por Misia, bajaron a Troas.



Es difícil explicar en pocas palabras cómo trabaja el Espíritu Santo y por ello quiero enfocarme principalmente en el efecto que tuvo su intervención.
Había un plan: ir a la provincia de Asia.  El Espíritu dice que no y tienen que cambiar sus planes.  Tenían otro plan: pasar por Bitinia.  El Espíritu nuevamente dice que no.  ¿Cuántas veces has querido llevar a cabo un plan y simplemente no se puede?  Pensabas que sería sencillo.  No tendría por qué tener complicaciones.  Todo está arreglado y listo.  En el momento en que intentas llevarlo a cabo, todo aquello que no imaginaste que podría pasar comienza a tomar acción.  Para mí, esta es una de las formas en las que Dios nos está diciendo que por ahí no va su voluntad o que el tiempo y la forma no son los correctos.  No quiere decir que debemos dejar de planear.  Lo único que debemos hacer, es entender que todo, absolutamente todo, está sujeto a su aprobación.  Recuerdo hace varios años el momento en el que surgió la idea de ir a la cárcel para compartir a Cristo con los presos.  Rápidamente teníamos varias ideas y cómo llevarlas a cabo.  Lo pusimos en oración y comenzamos nuestro plan.  Prácticamente todas nuestras ideas se derrumbaron en poco tiempo.  Lo increíble fue ver que Dios tenía otra forma de llevarnos a la cárcel.  En sus términos.  En sus planes.  Finalmente, por un camino que ninguno de nosotros imaginó, nos encontramos formando un ministerio en el reclusorio sur.  ¿Increíble cierto?
Dios puede estar frenando muchos de tus proyectos el día de hoy y tú ni te has dado cuenta.  Tal vez estás tan encerrado y enfocado en lo que tú quieres que no te has percatado que no es la voluntad de Dios.  Nos pasa a todos.  Te envuelves tanto en una idea, un proyecto, una persona o un deseo que te olvidas totalmente del Señor.  Incluso, puedes involucrar a Dios pero pidiendo porque te ayude a lograr cumplir con tu objetivo.  ¿Te das cuenta?  Eso no es seguir a Jesús. 
Los discípulos tuvieron que cambiar la trayectoria de sus misiones porque estaban atentos a lo que Dios mostraba.  Si se abría camino por la izquierda iban por ahí.  Si la derecha se cerraba, daban la vuelta a pesar de que significara caminar más y por un lugar menos placentero.  Esto es obediencia.  Esto es seguir a Jesús.  No pongas en duda el plan de Dios solamente porque significa mayor esfuerzo o porque parece no ser el óptimo o más eficiente.  Recuerda que Dios quiere trabajar con tu corazón y en esa área, cualquier plan que tenga, siempre será el más eficiente y el más óptimo.  Analiza tus planes.  Date cuenta de tus intenciones.  ¿Dónde está tu corazón?  ¿Dónde están tus deseos?  ¿Estás escuchando la voluntad de Dios?  Medítalo.  No dejes que pase el tiempo sin poner en una balanza todo lo que traes en mente.

Oración
Señor y Padre: cuántas gracias te doy por darle sentido a mi vida.  Te pido que pueda ser sabio para entender en dónde estás cerrando puertas y en dónde las estás abriendo.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén 

1 nov 2011

Hechos 16:4-5


Al pasar por las ciudades, entregaban los acuerdos tomados por los apóstoles y los ancianos de Jerusalén, para que los pusieran en práctica.  Y así las iglesias se fortalecían en la fe y crecían en número día tras día.



Una iglesia o una persona que cree en Cristo no se fortalece por la gran experiencia del pastor ni tampoco por los excelentes sermones o servicios que pudieran dar.  Pareciera que estos son los factores que más se buscan pero debes saber que esto no es lo que hace crecer tu vida espiritual.  Recuerda que Dios hace las cosas distintas a como nosotros las haríamos.  Si vuelves a leer con detenimiento los dos versículos, te darás cuenta del por qué las iglesias, o sea, las personas que creen en Jesús, se fortalecían en su fe y crecían en número todos los días. 
¿Ya lo encontraste? 
La biblia nos dice que gracias a que ponían por práctica la palabra de Dios, se fortalecían y crecía el número de creyentes.  Parece muy sencillo.  Suena sumamente fácil pero en la práctica parece que todo cambia.  ¿Por qué?  Porque requiere compromiso, entrega y cambios.
Si bien, no necesariamente tenemos que hacerle como Pedro que dejó su trabajo en ese instante para seguir a Jesús, definitivamente que tenemos que hacer grandes ajustes a nuestra vida y es aquí cuando la gente se “echa para atrás”.  Nos gusta escuchar del amor de Dios, de su misericordia, sus milagros y su gracia.  Tratamos de evitar el tema de Satanás y lo relacionado con nuestros pecados.  Y por último, hacemos una selección de lo que pensamos que debemos hacer y lo que no es tan necesario.  ¿Sabes cuántos creyentes hay en esta situación?  ¡Muchos!  Tal vez tú seas uno de ellos.  Te gusta escuchar de Cristo y sabes que trae cosas buenas a tu vida, pero el comprometerte a transformar tu vida te cuesta trabajo y prefieres quedarte así.  ¿Te identificas?
Sé que es difícil.  Yo mismo me encontré en ese “limbo” espiritual.  Creía en Dios y sabía que era bueno para mi vida pero me resultaba imposible dejar que ahora Él decidiera.  Pensaba en lo que la gente diría y cómo podría ser señalado.  Pensaba en aquello que era obvio que tenía que cambiar y lo difícil que resultaría.  Hoy, te puedo decir que fue más fácil de lo que pensé.  ¿Sabes por qué?  Porque dejé que Dios se encargara de esas batallas y créeme, Él venció.  Entendí que mi vida debía ser congruente entre lo que digo que creo, (Cristo Jesús), y lo que hago, (obedecerlo). 
La iglesia crece y se fortalece cuando obedecemos a Dios.  Cuando dejamos que Él sea quien dirija y que sus planes se lleven a cabo.  Cuando entendemos que su camino es mejor que el nuestro y que busca nuestro bienestar. 
¿En dónde estás?  ¿Qué vas a hacer?  ¿Finalmente vas a dejar que Dios reine?

Oración
Señor: quiero que mi vida sea congruente.  Quiero creer en Ti y vivir conforme a tu voluntad.  Tú sabes que me es difícil y por ello te pido que seas Tú quien me fortalezca y guíe para ser transformado.  Perdona mis pecados.  Perdona mi falta de compromiso.  Quiero que seas mi prioridad y reines en mi vida.  En el nombre de Cristo Jesús te lo pido.  Amén 

31 oct 2011

Hechos 16:1-3

Llegó Pablo a Derbe y después a Listra donde se encontró con un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego.  Los hermanos en Listra y en Iconio hablaban bien de Timoteo, así que Pablo decidió llevárselo.



¿Cuántas veces has orado por tu crecimiento espiritual?  ¿Muchas?  A veces pasa el tiempo y nos olvidamos de ello.  ¿Estás fortaleciendo tu comunión con Dios?  ¿Estás trabajando para Él?  El motivo de mis preguntas es muy sencillo: Dios quiere utilizarnos.  Lo único que no sabemos es el tiempo en el que sucederá.  Mientras tanto, es nuestro deber prepararnos para este momento.  Cada uno de nosotros tiene un propósito y puede ser utilizado para la obra del Señor.
Pienso en la vida de Timoteo.  Probablemente tenía alrededor de 20 años.  Tenía buena reputación lo que indica que, cada decisión que tenía que tomar, lo hacía conforme a la voluntad de Dios.  Sacrificando deseos y su propia voluntad en ocasiones pero formando un carácter y personalidad que, sin saberlo, serían utilizados enormemente por el Señor.  Aunque parezca sin sentido en el corto plazo y difícil de hacer, el seguir a Dios y decidir en obediencia a Él, siempre traerá bendición.  No te dejes llevar por el momento y por “vivir al máximo”.  Muchas veces las consecuencias son devastadoras.  Confía en Dios.  Él está buscando bendecirte.  Nos dice la biblia que un día como cualquier otro, Pablo llega a Listra y se encuentra con Timoteo.  ¡Un instante!  No hubo advertencia para Timoteo.  Tampoco imaginó el impacto que tendría ese día ni lo que vendría posteriormente.
Cada día que vivimos debemos dedicarlo a nuestro crecimiento espiritual.  Debemos estar listos para el día en que el Señor nos diga: es tiempo de que comiences a trabajar para mí.  Tal vez has atravesado cantidad de situaciones incomprensibles.  La muerte de un hijo, padre o familiar.  Una enfermedad crónica.  Problemas económicos.  Ahora es tiempo de que utilices tu experiencia para ir y consolar a otros que se encuentren en situaciones similares.  Deja de pensar en ti.  Deja de ser la víctima.  Realmente no somos dueños de nada sino que estamos a cargo, por un tiempo, de aquello que el Señor nos da.
No deja de sorprenderme el hecho de que un día cualquiera Pablo conoce a Timoteo y el impacto que tiene este acontecimiento hoy en nuestras vidas a raíz de las cartas que le envió.  ¿Cuántos días y años dejamos pasar sin prepararnos y trabajar para el Señor?  Si hoy, un día cualquiera te quisiera utilizar el Señor para su obra, ¿estarías preparado?  ¿Tendrías que decir que necesitas más tiempo?  ¿Le dirías estoy ocupado, ahora no puedo?  Es muy sencillo quedarnos con el trono de nuestra vida.  Esto no significa que sea la mejor decisión.  Te invito a que a partir de este instante, busques prepararte para Dios y forjar un carácter conforme a su voluntad para que hoy o mañana, puedas decir: Señor heme aquí, ¿qué quieres que haga?

Oración
Padre: hoy entiendo que cada día de vida que me das lo debo utilizar para tu gloria y te pido perdón porque he desaprovechado una inmensa cantidad de días.  Te pido que pueda vivir preparándome para servirte y estar en obediencia a tu palabra.  Te lo pido en nombre de Jesús.  Amén 

27 oct 2011

Hechos 15:37-41


Resulta que Bernabé quería llevar con ellos a Juan Marcos, pero a Pablo no le pareció prudente llevarlo, porque los había abandonado en Panfilia y no había seguido con ellos en el trabajo.  Se produjo entre ellos un conflicto tan serio que acabaron por separarse.  Bernabé se llevó a Marcos y se embarcó rumbo a Chipre, mientras que Pablo escogió a Silas.  Después de que los hermanos los encomendaron a la gracia del Señor, Pablo partió y viajó por Siria y Cilicia, consolidando a las iglesias.



Por un lado, tenemos a Bernabé, excelente hombre en la fe, y por el otro a Pablo, autor de tantas cartas impresas en la biblia.   Gran ejemplo y extraordinario testimonio de los dos.  A pesar de su gran entrega y trabajo al Señor, hoy vemos que entraron en conflicto el uno con el otro.  Discutieron a tal grado que simplemente no pudieron entrar en acuerdo y decidieron que cada quien iría por su lado.  ¿Cómo?  ¿Aquellos personajes tan grandes que la biblia utiliza de ejemplo se pelearon y se separaron?  Sí.  ¿Y la biblia lo registra?  ¿No deben de poner puros ejemplos buenos en la palabra de Dios?  A pesar de que muchas personas piensan que la biblia está llena de buenos deseos y cosas buenas, la verdad es muy distinta.  Abunda de todo tipo de ejemplos y personajes.  Además, no se omite nada de lo que hayan hecho mal o de los conflictos que tuvieron.  Piensa en esto: la biblia no nos ocultó que Moisés había asesinado a una persona.  Tampoco quitan la cantidad de negaciones de Jonás contra la voluntad de Dios.  También sabemos que David codició a Betsabé e incluso prácticamente mandó a matar a su esposo para que él pudiera tomarla.  Estos son nuestros grandes ejemplos de la biblia.  Humanos.  Hombres y mujeres como tú y como yo.  Sin ninguna distinción.  Sin ningún atributo distinto.  Nuestra naturaleza y carne son igualmente pecaminosas.  Por esta razón, no debes dejar que algún error que hayas cometido frene tu crecimiento espiritual.  Pide perdón.  Sé humilde y reconoce tus errores.  Ahora no dejes que eso sea una cadena que no te deje avanzar.  Si en verdad te has arrepentido, el Señor ¡ya te ha perdonado!  Es tiempo de que te perdones a ti mismo.
Lo que Pablo y Bernabé hicieron no es lo ideal.  Pienso en la personalidad de Pablo y me parece que le faltó ser más amoroso y misericordioso, probablemente las grandes características de Bernabé.  Por el contrario, a Bernabé le faltó ser más estricto y duro para poder llegar a un acuerdo con Pablo.  De todas maneras, como comenté al principio: son humanos y cometen errores.  No nos debe sorprender esta situación y mucho menos debemos juzgarlos sino por el contrario, entender que estamos igual de expuestos a cometer el mismo error.  Mientras es normal equivocarnos, debemos mantenernos sencillos y humillados para reconocer y corregir nuestros errores.

Oración
Señor: te pido que pueda aprender a tener un corazón sencillo y una actitud humilde.  Te pido que aprenda a reconocer mis errores y a no entrar en discusiones buscando aplastar a la otra persona.  Ayúdame a vivir en tu paz y amando a mi prójimo.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén 

26 oct 2011

Hechos 15:36


Algún tiempo después, Pablo le dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los creyentes en todas las ciudades en donde hemos anunciado la palabra del Señor, y veamos cómo están.



Conforme más conozco de Dios y más quiero obedecer, comprendo que mi vida cada vez se debe enfocar menos en mí y más en servir a los demás.  Poco a poco voy entendiendo que Jesús se dedicó enteramente a sus discípulos y a dejarnos un extraordinario ejemplo de cómo vivir.  Nació en Belén.  La ciudad más pequeña de Judá.  Incluso la gente se preguntaba si algo bueno podría salir de aquél lugar.  Hijo de un carpintero.  De las profesiones más bajas en ese tiempo. 
Viviría sin un hogar fijo.  Una muda de ropa y comida conforme les era ofrecida (o realizaba un milagro).  Recuerdo la escena en la que Jesús decide lavar los pies de los discípulos.  Algo totalmente inverso a las costumbres.  Considerado de las actividades más bajas que una persona podría realizar.  Jesús lo hizo por sus discípulos.  Pero no termina ahí.  Fue llevado a juicio de manera ilegal y sobre todo injusta.  Sufrió una muerte horrible y brutal.  Colgado en un madero.  Destinado para los peores criminales que existían en esa época.  Finalmente tuvo que ser desamparado por Dios y pagar por todos nuestros pecados. 
Si puedes comprender cada detalle de lo que Jesús hizo, puedes entonces ver que tiene sentido lo que Pablo está proponiendo a Bernabé.  
Jesús se dedicó a nosotros.  No pensó en unas vacaciones.  No pensó que ya era suficiente.  No pensó que ya se estaba convirtiendo en un “aleluyo” o un extremista.  Estaba obedeciendo al Padre y entregando su vida por nosotros.  Precisamente esto es lo que Pablo le está diciendo a Bernabé.  Bueno Bernabé, ya hemos ido a una gran cantidad de regiones, miles de personas han escuchado y aceptado el evangelio que hemos anunciado, hemos atravesado muchas situaciones adversas, creo que es tiempo de volver y dar seguimiento a cada uno de ellos para encomendarlos por el camino del Señor.  Qué tal que por el contrario hubiera terminado diciendo: ahora es tiempo de establecernos en Jerusalén y predicar ahí.  ¿No te parecería razonable algo así?  Honestamente así lo aplicamos a nuestra vida.  Pensamos que ya hicimos suficiente.  Que ya sería exagerado hacer más o que simplemente necesitamos un descanso.  No se trata de ser exagerado sino de entender lo que Jesús hizo por ti y por mí. 
Es tiempo de ser verdaderos servidores de Cristo.  No a medias.  No a tu conveniencia.  No conforme necesites de Dios.  Si dices creer en Dios y haber aceptado a Cristo, tu siguiente paso debe ser entregar tu vida entera en servicio a Él.  No dejes que lo material ni lo físico estorben en lo espiritual.  Somos hijos de Dios y embajadores en este mundo.  No pertenecemos aquí.  Estamos de paso.  Utilicemos este tiempo lo mejor que podamos para dar gloria a aquel que nos ama incondicionalmente.

Oración
Padre y Señor mío: Perdona mis pecados y límpiame.  Hoy entiendo que he puesto mis ojos en mis cosas, mis deseos y mis necesidades y comprendo que no es lo que quieres de mí.  Te pido que pueda vivir en servicio a Ti y a mi prójimo.  Te pido que mi vida física y material pasen a segundo plano y mi relación contigo sea siempre mi prioridad.  Quita aquello que estorbe en mi comunión contigo.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén 

25 oct 2011

Hechos 15:30-35


Una vez despedidos, ellos bajaron a Antioquía, donde reunieron a la congregación y entregaron la carta.  Los creyentes la leyeron y se alegraron por su mensaje alentador.  Judas y Silas, que también eran profetas, hablaron extensamente para animarlos y fortalecerlos.  Después de pasar algún tiempo allí, los hermanos los despidieron en paz, para que regresaran a quienes los habían enviado.  Pablo y Bernabé permanecieron en Antioquía, enseñando y anunciando la palabra del Señor en compañía de muchos otros.



Cuando nada parece tener sentido no quiere decir que Dios no tenga un propósito.  Ahora, no debemos confundir nuestras malas decisiones con malos resultados con aquellas situaciones en las que nada podemos hacer y nos son adversas.  Lo que siembras es lo que cosechas.  Es un dicho muy conocido.  Muy cierto.  De todas formas, nos sigue sorprendiendo cuando lo vemos en nuestra vida.  Pensamos que a nosotros no nos va a pasar.  Por alguna razón pensamos que habrá algo que permita que el resultado sea distinto a pesar de que estamos totalmente encaminados en la dirección incorrecta.  Todo esto lo digo porque me sorprende leer que los discípulos seguían creciendo en Antioquía.  Si recuerdas un poco, Pablo casi muere en este lugar, Pedro fue encarcelado y los creyentes eran aprehendidos y maltratados.  ¿No te parece el lugar más hostil para seguir intentando crecer una iglesia?  Pareciera totalmente necio el querer trabajar ahí.  ¿Qué sentido tiene?  ¿Señor, cómo quieres que arriesguemos nuestras vidas en un lugar que no desean recibirnos?  Puedo imaginar estos pensamientos en los discípulos.  Pero el Señor siguió mostrando su voluntad y Antioquía estaba dentro de sus planes.  Los discípulos obedecieron.  Después de un tiempo, el relato de hoy nos confirma que, a pesar de las circunstancias totalmente adversas a los hermanos en la fe, la iglesia en Antioquía seguía creciendo.  ¿Cómo?  Sí.  A pesar de que no tenía sentido el trabajar en ese lugar, Dios, se encargó de demostrar cómo donde abunda el pecado sobreabunda su gracia.
Ahí estaban reunidos.  Leyeron la carta, se gozaron en lo que escucharon y en el compañerismo que recibieron.  Luego fueron despedidos.  Los hermanos habían sido fortalecidos y animados a seguir en el camino de Dios y presenciamos un final feliz.
Tiene que pasar tiempo.  El tiempo de Dios y no el tuyo.  No siempre podremos comprender lo que está sucediendo y tampoco podemos suponer que tal fecha todo se debe aclarar.  La verdad es que el tiempo del Señor es muy distinto al nuestro.  Hoy podemos ver que, a pesar de haber atravesado circunstancias totalmente adversas y situaciones que parecían sin sentido, nuestro Dios tiene un plan muy superior a lo que podemos ver, el cual, nos es revelado cuando en su misericordia decide que el tiempo ha llegado.
¿Puede venir algo bueno de circunstancias adversas?  Sí.  Definitivamente que sí.  Para esto, nuestro deber es obedecer fielmente a Dios y esperar a que decida mostrarnos su plan.  Mientras tanto, podemos permanecer en Su paz y Su gozo y Su amor.  No estás solo.  No estás desamparado.  Espera en Él.

Oración
Señor: definitivamente las circunstancias me impiden darme cuenta que Tú tienes control y sobre todo un plan que traerá bendición.  Hoy entiendo que en tu soberanía, tú decides qué y cuándo.  Ayúdame a permanecer en obediencia en todo momento y con mi fe puesta siempre en Ti.  Te lo pido en el nombre de Cristo Jesús.  Amén 

24 oct 2011

Hechos 15:24-29


Nos hemos enterado de que algunos de los nuestros, sin nuestra autorización, los han inquietado a ustedes, alarmándoles con lo que les han dicho.  Así que de común acuerdo hemos decidido escoger a algunos hombres y enviarlos a ustedes con nuestros queridos hermanos Pablo y Bernabé, quienes han arriesgado su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo.  Por tanto, les enviamos a Judas y a Silas para que les confirmen personalmente lo que les escribimos.  Nos pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponerles a ustedes ninguna carga aparte de los siguientes requisitos: abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de la carne de animales estrangulados y de la inmoralidad sexual.  Bien harán ustedes si evitan estas cosas.  Con nuestros mejores deseos.



Esta es la carta que escribieron y enviaron con Pablo y Bernabé.  Resulta interesante leer con detenimiento y tratar de encontrar el tono con el que fue escrita.  Es decir, ¿los estaban regañando, animando o reclamando?  Personalmente, después de leer varias veces estos versículos, solamente puedo notar un tono calmado, con mucho amor y paciencia para con los destinatarios.  No me cuesta trabajo aceptar que tengo muy poca paciencia.  Lo que sí me cuesta trabajo, y mucho, es poder calmarme y frenarme para reaccionar distinto.  La biblia nos dice que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.  Que seamos prontos para oír y tardos para la ira.  Que tengamos cuidado con nuestra lengua pues aunque pequeña puede destruir en gran manera.  
Sabemos que la biblia está llena de ejemplos sobre lo que debemos y no debemos hacer y hoy es un excelente ejemplo sobre cómo comportarnos con nuestros hermanos y cómo exhortarlos a continuar correctamente en el camino de Dios.
Debemos tener mucho cuidado al dirigirnos a los demás y en especial con nuestros hermanos en la fe.  Si el Señor nos mandó a estar en paz con los demás, busquemos tener este sentimiento presente en todo momento.  Si es necesario corregir como en el caso que leímos en los versículos de hoy, utilicemos palabras de amor y no de castigo, de paz y no de contienda, de gracia y no de juicio recordando en todo momento que servimos al Señor y no a nosotros mismos.  Pablo en su carta a Timoteo nos dice que reprendamos al anciano exhortándole como a un padre y a los más jóvenes como nuestros hermanos.  Recuerda lo que la carta a los gálatas nos dice sobre el fruto del espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.
Todos estos atributos tenía Jesús y vivió dando testimonio de ello.  Si decimos que somos sus seguidores, es nuestra responsabilidad imitarlo en todo y no solo en aquello que consideramos importante.  Recuerda que Dios no ve el exterior sino tu corazón.  A Él no lo engañas cuando no obedeces.  Te engañas a ti mismo.  

Oración
Padre: perdona mis pecados y mi falta de amor y paciencia para con mi prójimo.  Gracias por enseñarme que debo cambiar y que mi personalidad necesita ser moldeada conforme a la de Jesús.  Transforma mi vida y permite que lleve fruto.  Te pido que me llenes de tu amor y que pueda compartir tus bendiciones con mi prójimo sin hacer excepción de persona alguna.  En Cristo Jesús.  Amén 

17 oct 2011

Hechos 15:22-23ª


Entonces los apóstoles y los ancianos, de común acuerdo con toda la iglesia, decidieron escoger a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con pablo y Bernabé.  Escogieron a Judas, llamado Barsabás y a Silas, que tenían buena reputación entre los hermanos.  Con ellos mandaron la siguiente carta…



Es muy fácil hablar y muy difícil tomar acción.  Muchos tienen la costumbre de dar su opinión y decir: yo haría esto y aquello y cambiaría tal o cual.  Pero tristemente no dan un paso para ayudar y realizar estos cambios.  Esta situación se da tanto en la iglesia como en cualquier otro ámbito.  Es sencillo criticar y señalar las faltas, pero resulta difícil tomar un compromiso e involucrarse para cambiarlas.  Los discípulos nos dejaron un excelente ejemplo en este aspecto.
Recuerda que en los versículos anteriores, veíamos que estaban discutiendo sobre lo que debían hacer con respecto a los fariseos queriendo imponer la circuncisión a los gentiles y cómo era un camino erróneo.  Señalaron el problema.  Lo identificaron.  Lo meditaron.  Acudieron a la palabra y decidieron tomar acción.  No criticaron ni hablaron mal de los fariseos.  Entendieron el problema y pusieron manos a la obra.  Nos dice la biblia que enviaron una carta pero además, escogieron a personas dentro de ellos mismos que se encargarían de ir y convivir con ellos para explicarles personalmente el camino de Jesús.
Físicamente fueron y se quedaron allá.  No bastó una carta.  No bastó una amonestación o unas palabras de aliento.  Al leer esto me doy cuenta de lo egoístas que somos.  Dedicar tiempo a los demás resulta sumamente difícil.  Siempre hay algo más que podemos hacer y con un buen pretexto.  Nuestro trabajo, nuestra familia, nuestra salud, nuestra fatiga y así la lista sigue de mil y un excusas para no dar de nuestro tiempo a los demás.  Piensa en esto: ¿hace falta gente que dedique de su tiempo a los demás?  ¡Por supuesto!  ¿Es algo bíblico el hacerlo?  La respuesta la vemos en Jesús que entregó su vida por nosotros.  No dedicó unos días o años sino su vida entera.  Caminó pegado a sus discípulos para prepararlos y guiarlos.  Aún sabiendo que Judas lo traicionaría, permitió que se quedara dentro del grupo y darle la oportunidad de que se arrepintiera. 
¿Por qué nos cuesta tanto dar de nuestro tiempo? 
Si vemos que los discípulos deciden ir y pasar tiempo con otras personas para dar gloria a Dios, nosotros debemos hacer lo mismo.  Piensa por un momento cómo puedes dar gloria al Señor dando de tu tiempo a los demás.  ¿Qué necesidades hay a tu alrededor?  ¿Para qué eres bueno?  Utiliza tus dones.  Ve y ponlos en práctica con los demás.  Si tienes ideas de cómo mejorar algo, pon de tu tiempo y llévalas a cabo.  El ejemplo vale más que mil palabras…

Oración
Padre: gracias por enseñarme cómo servirte y mostrarme mis errores.  Hoy entiendo que he sido egoísta y he preferido señalar o juzgar en lugar de entregar de mi tiempo.  Pon en mí un corazón que quiera servir y busque entregarse en lugar de buscar lo suyo.  Transforma mi manera de pensar mi Señor.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén  

14 oct 2011

Hechos 15:12-21


Toda la asamblea guardó silencio para escuchar a Bernabé y a Pablo, que les contaron las señales y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles.  Cuando terminaron, Jacobo tomó la palabra y dijo: Hermanos, escúchenme.  Simón nos ha expuesto cómo Dios desde el principio tuvo a bien escoger de entre los gentiles un pueblo para honra de su nombre.  Con esto concuerdan las palabras de los profetas, tal como está escrito: Después de esto volveré y reedificaré la casa derrumbada de David.  Sus ruinas reedificaré y la restauraré, para que busque al Señor el resto de la humanidad (los gentiles), todas naciones que llevan mi nombre.  Así dice el Señor, que hace estas cosas conocidas desde tiempos antiguos.  Por lo tanto, yo considero que debemos dejar de ponerles trabas a los gentiles que se convierten a Dios.  Más bien debemos escribirles que se abstengan de lo contaminado por los ídolos, de la inmoralidad sexual, de la carne de animales estrangulados y de sangre.  En efecto desde tiempos antiguos Moisés siempre ha tenido en cada ciudad quien lo predique y lo lea en las sinagogas todos los sábados.



Cuando uno entra en desacuerdo, cuando no sabe qué hacer o qué pensar, lo que debe hacer no es preguntar a la sabiduría humana sino a Dios para obtener las mejores respuestas.  En esta ocasión, los hermanos acudieron a ellas para poder llegar a una decisión que fuera la correcta.  ¿Qué hacer con los gentiles?  Pues en las escrituras el Señor muestra que ellos también estarían incluidos dentro de su pueblo y hoy en día tenemos a Pedro, Pablo y Bernabé presenciando milagros en las vidas de los gentiles.  ¿Conclusión?  Esto es obra del Señor.  Entonces, ¿qué nos corresponde hacer?  Decirles que se dediquen a obedecer y seguir a Cristo.  ¡Listo!  Asunto arreglado.  Nuestra vida está llena de momentos como este.  Entramos en confusión e indecisión.  No sabemos cómo actuar ante esta y aquella situación.  Nos quedamos parados y pensamos que ahí debemos estar hasta que las cosas se aclaren.  La verdad es que todo se aclara rápidamente al ser expuesta a la luz de la palabra.  Por ejemplo: ¿te hicieron daño o lastimaron?  Dios nos pide que amemos y oremos por nuestros enemigos.  Asunto arreglado.  ¿Debo hacer esto o aquello?  ¿Tienes que mentir?  ¿Tienes que dejar de ir a tus estudios y discipulados?  ¿Estás buscando dar gloria a Dios o a ti?  Asunto arreglado.  Yo sé que puedes estar pensando que hay momentos más complicados que estos ejemplos, pero créeme, finalmente todo se reduce a un sí o un no cuando lo medimos con la vara del Señor.  ¿Por qué?  Porque ésta expone lo que hay en nuestro corazón.  Así expuso lo que los fariseos estaban queriendo hacer con los gentiles.  En su corazón no estaba el vivir por la gracia y misericordia de Dios sino que querían continuar haciendo obras y cumpliendo leyes.
Finalmente Jacobo nos da un excelente consejo que parafraseado diría algo así: dejemos atrás todos estos argumentos y pongamos nuestra mirada en el Señor.  ¿Qué nos pide?  Que le sirvamos.  Que le obedezcamos.  Que le demos gloria.  Bien.  Entonces eso pidamos y exhortemos a los gentiles que lo hagan.
Bien.  Esto entonces es lo que hoy Dios te pide que hagas.  

Oración
Señor y Padre nuestro: cuántas gracias te doy por darle sentido a mi vida y por amarme incondicionalmente.  Gracias por enseñarme a tomar decisiones basado en tu palabra y darme certeza que será siempre la mejor decisión.  Te pido que pueda enfocarme en servirte y obedecerte dejando que tú te encargues de lo demás.  Padre, perdona mis pecados y no permitas que me aparte de Ti.  En el nombre de Cristo Jesús te lo pido.  Amén 

10 oct 2011

Hechos 15:5-11


Entonces intervinieron algunos creyentes que pertenecían a la secta de los fariseos y afirmaron: Es necesario circuncidar a los gentiles y exigirles que obedezcan la ley de Moisés.  Los apóstoles y los ancianos se reunieron para examinar este asunto.  Después de una larga discusión, Pedro tomó la palabra: Hermanos, ustedes saben que desde un principio Dios me escogió de entre ustedes para que por mi boca los gentiles oyeran el mensaje del evangelio y creyeran.  Dios, que conoce el corazón humano, mostró que los aceptaba dándoles el Espíritu Santo, lo mismo que a nosotros.  Sin hacer distinción alguna entre nosotros y ellos, purificó sus corazones por la fe.  Entonces ¿por qué tratan ahora de provocar a Dios poniendo sobre el cuello de esos discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros antepasados hemos podido soportar?  ¡No puede ser!  Mas bien, como ellos, creemos que somos salvos por la gracia de nuestro Señor Jesús.



Parece algo obvio lo que Pedro dice y debería ser muy fácil de aceptar.  La realidad es que no lo es.  Me parece que este  es uno de los temas más difíciles en cuanto a Dios y la salvación.  Las personas escuchan el evangelio.  Lo entienden.  Creen en él pero después comienzan a dudar sobre la gracia y lo increíble que es.  “¿Solamente debo arrepentirme de mis pecados y aceptar a Cristo?” “¿Cómo es posible que ya no tenga que hacer nada más para ir al cielo?”  “Yo creo que debo portarme bien y hacer esto o aquello”.  “Tal vez sea bueno dejar de comer tal cosa por un tiempo”.  “También puedo cambiar e ir los domingos a escuchar de Dios”.  Si bien, somos renovados en Cristo, este tipo de cambios no son los que provienen de Dios.  Provienen de una persona que quiere seguir trabajando a su manera y utilizar el evangelio como complemento o recurso de emergencia.  Jesús cargó la cruz que llevaba todos nuestros pecados y murió en ella haciendo el sacrificio único y perfecto para que a través de su sangre pudiéramos ser redimidos y reconciliados con Dios Padre.  Si puedes entender esto, puedes dar el siguiente paso y comprender que realizar un sacrificio extra está totalmente fuera de lugar.  Jesús ya lo hizo todo.  Circuncidarse o no ya no era relevante.  Cumplir la ley de Moisés al pie de la letra ya no era el camino para ir al cielo.  El camino es Cristo y alcanzado a través de su sangre, misericordia y su gracia ofrecida a nosotros.  Pedro reconoce que era imposible llevar la carga de la ley y llevarla a perfección.  Por eso cuestiona a los fariseos y trata de hacerles ver su error.  “Entiendo que estaban acostumbrados a estas cosas, pero recuerden cómo Dios les ha recibido y dado el Espíritu Santo y no ha hecho distinción alguna entre nosotros y ellos”.
Debemos entender el amor tan profundo de Dios para con nosotros.  Le dimos la espalda.  Lo negamos.  Lo sacamos de nuestras vidas.  Quisimos vivir a nuestra manera y aun así, Él se mantuvo fiel y siempre nos esperó con los brazos abiertos.  Su amor no fue más ni menos.  Siempre estuvo ahí.  Y ahora que venimos a Él, podemos caer de rodillas  y pedir perdón por nuestros pecados y aceptar su gracia que nos es ofrecida sin merecerla.  Ya no se trata de obras sino de comprender un amor incondicional que nos es ofrecido a través de Cristo.

Oración
Padre nuestro: te pido perdón por mis pecados.  Te pido que pueda entender este amor tuyo tan grande y pueda aprender a vivir en tu camino.  Gracias por enviar a Jesús y por siempre estar ahí de manera incondicional.  Gracias Señor por tus bendiciones y por recibirme sin merecerlo.  En el nombre de Jesús.  Amén

7 oct 2011

Hechos 15:3-4


Enviados por la iglesia, al pasar por Fenicia y Samaria contaron cómo se habían convertido los gentiles.  Estas noticias llenaron de alegría a todos los creyentes.  Al llegar a Jerusalén, fueron muy bien recibidos tanto por la iglesia como por los apóstoles y los ancianos, a quienes informaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos.



Las noticias que anunciaban pueden sonar poco llamativas pero eso dista mucho de la realidad.  Recuerda que los judíos estaban acostumbrados a que Dios se dirigía solamente a ellos.  Además, no se mezclaban con otras personas y tenían muy presente la distinción entre un judío y un gentil.  Cuando se hablaba de gentiles, también se podía pensar que eran aquellos que adoraban distintos dioses.  Entonces, imagina la escena que estamos leyendo.  Llegan Pablo y Bernabé y les informan que aquellas personas con las que no se mezclan y tienen poco convivio, a las que han excluido y adoran a otros dioses, el Señor ha mostrado que la reconciliación también es para ellos.  ¡Algo insólito!  Tenían que transformar su forma de pensar y entender los cambios que estaban suscitándose a través de los planes de Dios.  Lo maravilloso de esta escena es ver que esta noticia trajo gozo y alegría a los creyentes.  No se quedaron atrapados en sus costumbres e ideas.  No cuestionaron ni pusieron estorbos para estos cambios.  Simplemente pudieron ver lo que Dios estaba haciendo y se gozaron en ello.  ¡Cuánto trabajo nos cuesta poder hacer esto!
El Señor trae cambios a nuestra vida y cómo nos encanta aferrarnos a lo anterior.  Pensamos que no es necesario mover nada.  Que así estamos bien.  Nos cuesta trabajo entender que las cosas deben ser distintas y que Dios está trabajando a nuestro alrededor (y en tu interior) y esto significa cambio.  La palabra de Dios nos recuerda que seremos transformados todos los días hasta que seamos llamados o Él venga nuevamente.  ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo dejar atrás nuestra forma de pensar y entender que Dios necesita empezar de cero?
Los hermanos que se regocijaron en las provincias pudieron lograr este cambio por una sola razón: Dios estaba en primer lugar en su vida.  ¿Lo repito?  Dios ocupaba el primerísimo lugar en su mente y en su corazón.  Si Dios manda esto, Él sabe lo que está haciendo y seguro traerá bendición.  No lo entiendo bien pero el Señor sabe más que yo.  Algo así pudieron haber pensado los hermanos en Fenicia y Samaria.
¿Estás estorbando el trabajo de Dios por no ceder el trono de tu vida?  ¿Sigues pensando que es mejor decir no al cambio que Dios quiere en tu vida?  Es muy importante que medites y puedas ser honesto.  Tal vez estás siendo necio y por ello no estás entendiendo lo que Dios te está mostrando.  Hoy te animo a vivir diferente.  A vivir dejando que el Señor sea el Rey de tu vida y tú puedas gozarte con todo lo que vaya mostrando.  ¿Estás dispuesto a ceder el primer lugar y entregarlo a Jesús?

Oración
Señor y Padre: te entrego mi vida y te pido que Tú reines en ella.  Ahora entiendo que he sido necio y que no veo tu trabajo porque sigo pensando en mí primero.  Quiero vivir en tu gozo y confiado que Tú tienes el control y que tienes cuidado especial de mí.  Gracias por tu amor y misericordia.  Perdona mis pecados.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén.