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14 nov 2013

1 Juan 4:7-8

Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios; y todo el que ama ha nacido de Él y lo conoce.  El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.



Cada vez que tengo la oportunidad de hablar acerca del amor, utilizo una canción que cantaba José José que decía: el amor acaba.  ¡Qué cierta frase!  El amor acaba.  ¿Cuántas canciones hablan sobre el desamor?  ¿Cuántas novelas?  Peor aún, cuántos matrimonios se separan porque “el amor acaba”.  No.  No soy un pesimista.  Lo que trato de hacer claro cuando cito esa canción y hablo acerca del “amor” es la enorme diferencia que existe entre lo que la gente (el mundo) llama amor y lo que realmente es amor.  Existen distintas palabras en el griego para distinguir el amor.  La palabra fileo, habla de un amor fraternal o de amistad.  La palabra eros, de un amor pasional o de deseos.  Por último está la palabra agape.  Ésta habla de un amor incondicional.  Un amor que no necesita recibir para seguir existiendo.  Un amor que no está limitado.  Un amor puro.  Esta misma palabra es la que se utiliza para describir a Dios.  Dios es amor.  Dios es agape.  Por esta razón, la gente piensa que el amor “acaba”.  Porque el amor al que se refieren es fileo o eros.  ¡Es el único amor que conocen!  Tristemente tienen razón.  Ese amor acaba.  Si alguien nos lastima, el amor fraternal queda herido.  Si alguien nos engaña, el amor eros se termina.  ¿Cómo hacer que el amor no se termine con algo tan limitado?  ¡Imposible!  Por eso Dios nos enseña lo que realmente es amor.  Él es amor.  Aquél que le conoce, conoce el amor.  Aquél que le conoce puede amar.  ¿Y qué conocemos de Dios?  Que nos ama incondicionalmente.  Nos ama ilimitadamente.  No nos ama esperando que nosotros hagamos algo.  De hecho, no puedes hacer nada para que te ame más o te ame menos.  ¡No puede amarte más!  No es como nosotros que le “quitamos” y “ponemos” amor conforme nos dan o quitan.  De esta manera es como Dios quiere que nos amemos los unos a los otros.  Entregando sin esperar recibir.  Incondicionalmente.  Soportando lo que no queremos soportar.  Perdonando lo que no queremos perdonar.  En otras palabras: imitando el amor de Cristo para con los demás.  ¡Ese es el amor que nos pide el Señor!  No nos pide que amemos a los que nos caen bien.  No nos pide que amemos de manera fileo o eros.  No.  Nos pide que amemos AGAPE.  Ese amor es el que debe abundar en tu vida.  Y por consecuencia, quiere decir que Dios abunda en tu vida.  ¿Lo puedes entender?  Por esta razón Juan nos dice que solamente aquellos que han nacido de Él y le conocen pueden amar.  No hay amor sino aquel que proviene del Padre.  Así que, si te cuesta trabajo amar a tu prójimo, si tienes problemas con tu pareja o cualquier otra situación que involucre amor, abre tu corazón y tu mente al Señor y pide que te muestre todo aquello que estorba para que puedas amar como Él quiere.  Cristo te amó y se entregó por ti en la cruz.  Hoy quiere que hagas lo mismo por tu prójimo.  Ama sin restricción.  Ama como Cristo te amó.  Sí.  No es nada fácil.  Pero es la mejor manera de aprender a morir a nosotros y dejar que el Señor sea quien crezca y florezca en nuestra vida.

Oración

Padre: Gracias.  No merezco tu amor.  No merezco tu misericordia y tu gracia.  Perdona mis pecados Padre.  Hoy entiendo lo que realmente es el amor.  Tú eres amor.  Tú eres la esencia misma del amor.  Por eso nadie puede amar si no es a través de Ti.  Yo te pido que pueda imitar tu amor y llevarlo a mi prójimo.  Padre, te pido que ni mi orgullo ni mi necedad te estorben para trabajar en mi corazón.  Quiero vivir confiado en que tu camino es el mejor camino.  Lléname de tu amor y permite que viva en él y conforme a él todos los días.  En Cristo Jesús.  Amén

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