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26 may. 2016

Salmos 26:6 Con manos limpias e inocentes camino, Señor, en torno a tu altar, proclamando en voz alta tu alabanza y contando todas tus maravillas.

Sin temor a exagerar, hoy en día estamos atravesando una guerra en contra de los seguidores de Cristo.  Muy sutil pero extremadamente poderosa.  Te voy a dar un ejemplo para que abras los ojos sobre lo que está pasando: si una persona decide poner en redes sociales que está a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo, todo está bien.  Se hablan de derechos y todos están “felices”.  Si por el contrario, yo decido ejercer ese mismo derecho del que hablan y hablo acerca de cómo mis creencias que están basadas en la biblia dicen que está mal (ojo, no me refiero a que tengan o no derecho sino meramente del lado de mis creencias), ahora todos están en mi contra y dicen que no soy tolerante o alguna otra cosa.  En estos días, uno no puede tener convicciones firmes que vayan en contra de lo que la cultura dice.  No se trata de principios ni derechos.  Yo entiendo que es un tema delicado y hay mucho que discutir.  Como dato adicional, personalmente estoy convencido que el matrimonio lo estableció Jehová de una manera específica y no tiene nada que ver con lo que intentamos replicar legalmente a través de las instituciones.  Pero lo que quiero exponer es la dificultad que tenemos hoy en día para poder hablar, como dice el pasaje de hoy, en voz alta de nuestro Dios.  Simplemente ya no nos dejan.  David nos habla de cómo buscaba la santidad y compartía sin restricción las maravillas que Dios hacía en su vida.  No lo hacía a escondidas ni con voz baja.  Proclamaba a Dios a todos los que estaban a su alrededor.  Cuando leemos la confrontación entre David y Goliat en 1 Samuel capítulo 17 le dice David: yo vengo ante ti en el nombre de Jehová de los Ejércitos y toda esta congregación sabrá que Jehová no salva con espada y con lanza porque de Jehová es la batalla y Él os entregará en nuestras manos.  Imagina la escena por un momento.  Un gigante al que todos temían y nadie tenía el valor de atacar frente a un joven sin armadura.  ¡Las palabras de David son verdaderamente ilógicas!  Sin embargo no tuvo temor de proclamar a Jehová.  A la vista de cualquier persona, todo estaba en contra de David.  A la vista de Dios, la victoria ya se había dado.  ¿Lo puedes ver?  Debemos estar conscientes que la cultura es adversa a Dios.  Debemos tener presente que nuestro mensaje no será bienvenido.  No fue bienvenido cuando Cristo vino y tampoco será bienvenido hoy.  La biblia nos dice que la luz vino al mundo y el mundo prefirió las tinieblas porque sus obras eran malas(Juan 3:19).  Este mensaje no es para causar guerra ni batalla sino todo lo contrario, recordar que Cristo vino a entregar su vida para mostrarnos el infinito amor del Padre y que pudiéramos ser reconciliados con Él.  El mensaje que no quiero temas en compartir en voz alta es de esperanza, de amor, de gozo y de bendición.  No frenes tus deseos de proclamar a Dios a los demás en voz alta.  ¿Cómo avergonzarnos de Aquél que nos rescató y ama incondicionalmente?  ¿Cómo avergonzarnos de Aquél que nos perdonó y quiere tener comunión con nosotros?  Ahora sabes que no será fácil proclamar a Dios en voz alta.  Así como David, te animo a que andes con manos limpias e inocentes en torno al altar de Jehová.  No te apartes de Él ni un instante.

Oración

Padre: tu sabiduría es infinita y tu palabra es perfecta.  Gracias por permitirme leer tu palabra y meditar en ella.  Gracias por darle rumbo y dirección a mi vida.  Gracias por advertirme de lo que pasa allá afuera y recordarme que la victoria es y siempre ha sido tuya.  Te pido que mi vida sea testimonio de tu amor y pueda proclamar en todo lo que haga y diga lo maravilloso que eres y cómo constantemente nos buscas para reconciliarnos con Dios Padre.  En Cristo Jesús.  Amén.

24 may. 2016

Salmos 26:3-5 Tu gran amor lo tengo presente y siempre ando en tu verdad. Yo no convivo con los mentirosos ni me junto con los hipócritas; aborrezco la compañía de los malvados; no cultivo la amistad de los perversos.


Personalmente nunca tuve mucho problema en no hacer lo que todos estaban haciendo.  Obviamente de niño, si todos jugaban o se portaban mal, ahí estaba yo también.  A lo que me refiero es que tengo el recuerdo desde niño a siempre cuestionar lo que hago y tratar de entender por qué lo hago.  Por ejemplo: en secundaria tuve una etapa en la que cada semana hablábamos de los equipos de fútbol que habían ganado y perdido.  Obviamente, como buenos adolescentes, las pláticas eran más bien molestarse unos a otros cuando un equipo venció al otro o en general cuando perdía tu equipo.  Conforme pasó el tiempo comencé a cuestionarme lo que estaba pasando.  Yo nunca decidía sobre qué jugadores estaban en la cancha y mucho menos me preguntaban qué pensaba sobre “mi equipo”.  Noté también que se volvía un tanto monótono semana tras semana molestarnos unos a otros por lo que habían hecho “nuestros” equipos.  Llegó un punto donde me cansé lo suficiente y dejé de ver fútbol o de tener “mi equipo”.  ¿Qué tiene que ver esto con el devocional de hoy?  Te pido lo leas de nuevo con mucho detenimiento teniendo en cuenta lo que te acabo de platicar.  Hay muchas cosas que nosotros no podemos controlar, sin embargo, uno de los factores más importantes de nuestra vida sí depende de nosotros: con quién pasamos tiempo.  Piénsalo.  Es muy simple.  ¿Con quién pasaste tiempo en las últimas dos semanas?  ¿Qué tipo de conversaciones tuviste?  Si algo de verdad puedes encontrar en este mundo es que nuestras relaciones modelan mucho nuestro ser.  Ya sea para crecer como hijos de Dios o por el contrario, para dar rienda suelta a nuestra carne, las personas que están a tu alrededor influyen de una manera importantísima.  Tristemente el miedo hace que muchas personas permanezcan en relaciones dañinas y autodestructivas.  ¡Cuántas veces has estado con alguien que sabías que no era buena influencia y aún así continuaste esa relación por miedo!  ¿Cuántas veces has hecho lo que no debías por miedo ha ser rechazado, señalado o recibir burlas?  Pon atención: hacer lo correcto no es popular.  Hacer lo correcto requiere carácter.  Uno necesita estar firme en sus principios y poner al Señor por encima de todo para realmente despojarse de uno mismo y tener fuerza para decir no en los momentos correctos.  ¿Cómo saber cuándo decir que sí o que no?  Fácil.  David nos da la respuesta: siempre ando en Tu verdad.  Lee la biblia y aprende los principios de Dios.  Cuestiona lo siguiente: ¿esto que hago trae gloria a Dios; me hace amar a mi prójimo; fortalece mi comunión con Él; me hace crecer espiritualmente; agrada a Jehová?  Las respuestas deben ser un simple sí o no.  Si no puedes contestar así, lo más probable es que estás poniendo pretextos para hacer tu voluntad por encima de la de Dios.  Se honesto.  Yo he caído en la misma trampa y por eso escribo sobre ello.  Buscamos por un lado y por otro para tratar de acomodar a Dios a lo que queremos.  La realidad es que así no funcionan las cosas.  El salmo de hoy es increíblemente simple y muy poderoso al mismo tiempo: guíate en la sabiduría de Dios y pon atención con quiénes te rodeas.  No tomes esto a la ligera.  Las personas que están a tu alrededor influyen mucho más de lo que te imaginas y pueden hacerte crecer inmensamente o por el contrario traer destrucción a tu vida.  Pon a los pies del Señor tus amistades.  ¿Tienes un novio o novia y no sabes qué hacer?  Entrega esa relación a Dios y pide que te saque de ahí si esa persona no es para ti.  Las personas que no quieren agradar a Dios mienten, dicen chismes, son hipócritas, tienen envidias y no buscan lo que es mejor para ti.  Ojo, también aquellos que creen en Dios pueden caer en estos mismos errores pero la probabilidad es menor pues el objetivo en común es dejar atrás esa naturaleza caída.  Así que, en conclusión, pon mucha atención a tu manera de conducirte.  Cuestiona por qué haces las cosas.  Cuestiona por qué te juntas con esta persona o aquella.  Cuestiona qué tipo de consejo recibes en situaciones difíciles y sobre todo, no temas en cortar relaciones que sean destructivas.  Cuestiona.  Cuestiona.  Cuestiona.

Oración

Padre: pongo a tus pies todas mis relaciones.  Pongo a tus pies mi vida para que me guíes siempre en tu amor y verdad.  Abre mis ojos, mi entendimiento y mis deseos para poder discernir de aquellas relaciones que son piedra de tropiezo para mi crecimiento espiritual.  Dame fuerza y fe para entender dónde debo cortar el hilo y tomar otro camino.  No permitas que el miedo me paralice.  Gracias por mostrarme cuánto daño o bendición puede traer a mi vida una mala relación.  Oro a Ti, en el nombre de Jesús.  Amén.

23 may. 2016

Salmos 26:1-2 Hazme justicia, Señor, pues he llevado una vida intachable; ¡en el Señor confío sin titubear! Examíname, Señor; ¡ponme a prueba! purifica mis entrañas y mi corazón.

Proverbios 16:18 dice: antes del quebrantamiento es la soberbia y antes de la caída la altivez de espíritu.  ¿Cómo saber si estamos siendo soberbios?  ¿Cómo darnos cuenta?  Simple.  Vuelve a leer el pasaje de hoy con detenimiento y encontrarás la respuesta.  Examíname, dice David.  Ponme a prueba.  Purifícame.  ¿Cuántos de nosotros evadimos momentos como éste?  Preferimos no abrir nuestro corazón ni nuestros pensamientos.  Queremos seguir igual pero al mismo tiempo decimos que queremos cambiar.  En estos momentos, David se encontraba atravesando injusticias.  Sin embargo, su actitud es admirable.  Hazme justicia Señor pues he llevado una vida intachable.  Si recordamos un poco la historia de David, él fue ungido por Dios para ser rey.  Él lo sabía.  No fue por mayoría de votos.  No fue porque tenía buenas conexiones.  No fue por sus riquezas ni por su sabiduría.  Su corazón agradó a Jehová y Él decidió ungirle como próximo rey.  Sin embargo, las cosas no salieron como cualquiera de nosotros hubiera imaginado.  Saúl comenzó a tener celos de David a pesar de que éste no hacía nada más que servir a Dios y al rey.  Dios le siguió prosperando y los celos empeoraron hasta llegar el punto de querer asesinarlo.  ¿Qué pasó con la unción?  ¡Dios, por qué permites esto!  ¿Cuántas veces te has encontrado en una situación similar?  Las injusticias abundan.  No deben extrañarte ni sorprenderte.  Sin embargo, no quiere decir que los planes de Dios no sean soberanos.  David terminó siendo rey como lo había Dicho Jehová al ungirlo pero pasaron muchas cosas antes de que llegara ese día.  Así también pasa hoy en día.  Dios cumplirá sus promesas.  Nos bendecirá en abundancia y conoceremos sus planes maravillosos.  Pero antes será necesario atravesar varias pruebas.  Durante este periodo, David se mantuvo firme en el Señor.  Pidiendo justicia a Él y no a los hombres.  Pidiendo que examinara su corazón para que no hallara nada desagradable.  Pidiendo que le pusiera a prueba pues sabía que las pruebas fortalecen la fe y transforman nuestro entendimiento.  Pero ¿sabes algo?  nuestra carne no tiende a pensar ni actuar de esta manera.  No resulta natural el pedir que nos examinen.  No resulta natural dejar que las injusticias nos aplasten.    Al contrario.  Reaccionamos siempre de manera opuesta.  Por eso busqué el complemento de este pasaje con Proverbios 16:18.  Nosotros somos nuestros propios enemigos.  Nuestra carne nos impide ver claramente lo que el espíritu necesita.
Si David atravesó injusticias habiendo sido un hombre justo y obediente a Dios, me parece adecuado estar convencidos que nosotros pasaremos por situaciones similares.  Utilicemos su ejemplo para salir victoriosos de las pruebas que vengan.  No permitamos que el enemigo gane sino busquemos que sea Dios quien libre la batalla y venza.  Ahora sabemos que nuestro ego, nuestra soberbia y nuestros deseos buscarán lo opuesto.  Utiliza este conocimiento para estar preparado y actuar correctamente cuando las cosas cambien y las pruebas comiencen.  No dejes que la soberbia te nuble la vista.  No dejes que tu ego confunda tu caminar y termines cayendo.  Pide a Dios que examine tu corazón y cuestiona si realmente estás viviendo conforme a su voluntad.

Oración

Padre: examina mi corazón.  No permitas que mi ego estorbe en mi comunión contigo.  Examina mis pensamientos, mis intenciones y mis acciones.  Muéstrame tu voluntad y guíame para caminar tu camino y olvidar todo aquello que me aparta de Ti.  Gracias por mostrarme cuán equivocado estoy cuando quiero resolver las cosas a mi manera y no te dejo trabajar.  Padre, perdona mis pecados y limpia mi corazón.  Lléname de esperanza y del gozo que solamente Tú puedes dar.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén