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18 de mar. de 2015

Salmos 5:11-12

Pero que se alegren todos los que en Ti buscan refugio; ¡que canten siempre jubilosos!  Extiende tu protección y que en Ti se regocijen todos los que aman tu nombre.  Porque Tú, Señor, bendices a los justos; cual escudo los rodeas con tu buena voluntad.



Si está lloviendo y me coloco bajo un techo, dejo de mojarme inmediatamente.  Si tengo hambre y ponen un pan frente a mí para comerlo, inmediatamente satisfago esa necesidad.  Pero ¿qué sucede cuando las cosas que queremos satisfacer no son físicas sino espirituales?  ¿Cómo saber si estamos debajo del techo o si ya pusieron algún pan frente a nosotros?  La única forma de saberlo es estudiando la palabra de Dios y teniendo comunión con Él.  Solamente así podrás ir percibiendo lo que Él quiere transformar en tu vida.  De lo contrario, estás como todos los demás: perdido y tratando de aferrarse a cualquier cosa o persona.  El pasaje de hoy nos dice que debemos alegrarnos al buscar refugio en Dios.  Nos dice que Él nos protege y bendice.  Sin embargo, como escribí hace un instante, no es fácil ver su mano.  Si bien, podemos confiar en que Él nos guarda y protege, no habrá más dinero en tu cuenta bancaria para hacerte sentir mejor y tampoco llegará la salud en un instante.  En pocas palabras, uno se goza, se regocija, se alegra mientras que nada ha cambiado y las circunstancias siguen siendo adversas.  ¡Qué ironía!  Suena como algo que no tiene sentido.  Pareciera ser una tontería pensar así.  Sin embargo, a mi parecer, esta es una de las mejores formas de diferenciar entre aquellos que realmente pertenecemos a Cristo de los que no.  Cuando llegan las pruebas, nos toca decidir si vamos a seguir igual o dejaremos que ahora sea Jehová quien se encargue de todo.  Es, en ese preciso momento, en el que todo cambia.  ¿Cómo encontrar júbilo y gozo en un refugio que no veo?  Simple.  En mi confianza y fe en Jehová.  No puedo encontrarlo en algo físico porque es un ámbito espiritual.  ¿Lo puedes entender?  Cuando Cristo convirtió unos peces en cientos para que todos comieran no fue para que pensáramos que Él va a hacernos ricos sino para enseñarnos que tiene poder para encargarse de que no nos falte nada aún cuando nosotros solamente vemos unos cuantos peces.  Piénsalo.  Es importante aprender a discernir entre lo carnal y lo espiritual.

Oración

Padre: gracias.  Vivía confundido y pensando que lo carnal y espiritual son lo mismo.  Hoy entiendo que Tú quieres trabajar en mi espíritu.  Hoy entiendo que Tú debes reinar en mi vida y lo espiritual dirigir a lo carnal.  Padre, yo quiero regocijarme.  Yo quiero tener refugio en Ti.  Yo quiero tener gozo cuando todo parece estar de cabeza.  Te pido pueda aprender a buscar lo tuyo y gozarme cuando las circunstancias sean adversas sabiendo que Tú estás al cuidado de mí.  Gracias Señor y te pido todo esto en el nombre de Jesús.  Amén.

Salmos 5:6-7

Tú destruyes a los mentirosos y aborreces a los tramposos y asesinos.  Pero yo, por tu gran amor puedo entrar en tu casa; puedo postrarme reverente hacia tu santo templo. 



En algunas ocasiones me han pedido que ore por una u otra situación.  Con gusto lo hago.  Lo que me da tristeza es cuando piensan que yo tengo “mejor” comunión con Dios que ellos.  Piensan que yo he sido “bueno” o que algo he hecho para tener una “línea directa” al cielo.  Es como si uno habla a un centro de atención a clientes y hay una espera de 100 personas pero yo, como tengo “acceso directo” puedo brincarme esa espera.  La comunión con Dios no funciona así.  Te voy a pedir que vuelvas a leer el pasaje con detenimiento en la segunda parte.  ¿Listo?  La razón por la cual, cualquiera de nosotros puede tener comunión con Jehová es, escúchalo bien, por Su gran amor.  No por algo que hicimos.  No porque lo merecemos.  No porque somos menos malos que otros.  Solamente por Su gran amor, podemos tener comunión con Él.  ¡Por eso me da tristeza que la gente siga dándole la espalda a Dios y pidiendo que alguien más ore por ellos!  Simplemente se están perdiendo la mejor bendición de su vida: la reconciliación y comunión con Jehová.  ¿Sabes?  La realidad es que tú y yo somos mentirosos, tramposos y asesinos.  Leíste bien.  Para los estándares que Jesús dejó en su sermón del monte (Mateo 5), nos dice que al enojarnos con nuestros hermanos nos hace similares a los asesinos; que el mirar a otra mujer y codiciarla nos hace adúlteros y por último, cuando hablamos y nuestro sí no es siempre sí, nos volvemos mentirosos.  ¿Lo puedes entender?  ¡Somos pecadores!  Tú y yo.  No hay uno más pecador que el otro.  Se es pecador y punto.  La gran diferencia es que podemos ser hechos sin mancha por aceptar el sacrificio de Cristo y confesar su nombre como nuestro Señor y Redentor.  Es así como podemos tener ese “acceso directo” que la gente piensa como algo místico y fuera de su alcance. 
En conclusión, espero transformes tu forma de pensar con el pasaje de hoy y comiences a vivir agradecido por el gran amor de Dios que nos permite tener comunión con Él y perdona nuestros pecados.  Espero puedas decirle a cada persona que ellos también pueden recibir este amor y tener su “línea directa” sin importar lo que hayan hecho pues Cristo ya pagó por sus pecados.

Oración

Señor: perdóname.  No he querido aceptar mi necesidad de Ti y hoy entiendo que tu gran amor me recibe con todas mis faltas.  Te pido perdones mis pecados y me guíes para vivir distinto y conforme a tu voluntad.  Gracias por enseñarme que no tengo que hacer nada para merecer tu amor.  Gracias por derramar tu misericordia sobre mí sin yo merecerla.  Te pido que seas el rey de mi vida y mi Salvador.  Te lo pido en Cristo Jesús.  Amén

8 de mar. de 2015

Salmos 5:4-5

Porque Tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el malo no habitará junto a Ti.  Los insensatos no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad.



Durante el invierno, no es necesario ver la temperatura para saber que hace frío.  Tampoco es necesario ir a una de las zonas más peligrosas de tu ciudad para corroborar que serás asaltado.  Aunque parezca un poco tonto, cuando Dios está de por medio, nos comportamos totalmente opuestos a esto que parece tan sencillo.  De alguna manera pensamos que dejar de obedecerle en un detalle no es tan grave.  Pensamos que decir una mentira “pequeña” no está tan mal.  Pensamos que podemos creer en Dios, confiar en Él y al mismo tiempo hacer nuestra voluntad.  ¿La realidad?  Las cosas no funcionan así.  Dios no se complace en la maldad y aborrece a los que hacen el mal.  Tus actos, sin importar que seas o no creyente, son aprobados o reprobados por el Señor.  Te lo repito: tus actos siguen estando bajo la lupa del Señor y serán aprobados o reprobados.  Normalmente, cuando leemos este tipo de versículos pensamos en aquellos que no conocen a Dios.  Que hacen lo que quieren como si no existieran consecuencias y juegan a la “selva” donde el más fuerte es el que domina.  Sin embargo, me parece que no debemos dejar el pasaje ahí sino darle mayor profundidad y autoexaminarnos.  Sería bueno pensar si realmente estamos buscando obedecer a Jehová en todo lo que hacemos o si, como el ejemplo del principio, escogemos qué hacer y qué no hacer.  Lo importante es entender que para Dios no hay medias tintas.  Estamos de un lado o del otro.  Somos hacedores de su palabra o de maldad pero no podemos estar a la mitad.  Somos un gozo ante sus ojos o una forma de aborrecimiento por nuestros actos.  Sí.  Por la sangre de Cristo somos perdonados.  Sí.  Podemos venir al Señor, pedir perdón y recibir ese amor y misericordia que tiene para nosotros.  Sin embargo, esto no quiere decir que tenemos “licencia” para hacer todo mal y posteriormente buscar ese “arrepentimiento”.  ¡Al contrario!  Debemos entender que nuestra responsabilidad es buscar actuar de manera opuesta a las características del pasaje de hoy.  Medita y se honesto contigo mismo.  No puedes engañar a Dios y hoy aprendiste que tus actos, cuando no están en línea con Él, simplemente no son bien recibidos.  Sin importar que sea algo que parece relevante o no, cada uno de tus actos y pensamientos deben ser evaluados con la vara de Dios y no con la tuya.  Solamente así puedes realmente entender cuánto necesitas de la gracia y sacrificio de Cristo y buscarás no fallarle.

Oración

Padre: no puedo seguir pensando que los hacedores de mal son los demás.  Hoy entiendo que también puedo caer en esa categoría cuando no busco hacer tu voluntad y entregarte mi vida completamente.  Guíame Padre para poder vivir en obediencia y llevando testimonio de tu palabra.  Ayúdame a dejar de juzgar a los demás y pensar que ellos son los que están mal y yo bien.  Abre mis ojos y mi entendimiento para que pueda discernir entre lo que te agrada y lo que no.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén.

5 de mar. de 2015

Salmos 5:1-3

Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera mi gemir.  Está atento a la voz de mi clamor, rey mío y Dios mío, porque a Ti oraré.  Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.



Personalmente he tenido dos etapas en mi vida como seguidor de Cristo.  La primera fue cuando, en su misericordia, le conocí y entendí que le necesitaba.  Aprendí de la biblia y me hacia sentido todo lo que decía.  Algunas cosas las hacía y otras pensaba que no eran tan relevantes o que las podía cambiar o trabajar después.  El tiempo pasó y no solo no trabajé en ello sino que empeoró.  No estoy diciendo que me fui de un extremo a otro pero poco a poco noté que se me complicaba poder vivir en congruencia entre lo que creía y lo que hacía.  La segunda etapa llegó cuando entendí que no podía llevar una doble vida.  Si decía creer en Dios, tenía que obedecerle al cien por ciento.  Tenía que dejar de poner pretextos.  Tenía que dejar de utilizarlo para los momentos en que estaba atrapado y olvidarlo cuando todo iba viento en popa.  ¡Gracias a Dios por ese momento!  Gracias a Dios por la oportunidad de entregar mi vida a Él tal cual me lo pide.  Obviamente sigo teniendo muchísimas cosas que trabajar pero mi prioridad ahora es Cristo.  Pienso que, gracias a esta entrega y compromiso, puedo entender las palabras de David en este Salmo: de mañana oirás mi voz y me presentaré delante de Ti y esperaré.  No voy a esperar a que no pueda más.  No voy a recurrir a mis ideas o mis contactos y mis fuerzas.  No voy a dejar que pase el día sin hacer nada al respecto.  No.  En la mañana.  A penas comience el día.  Voy a venir a Ti, a abrirte mi corazón y a esperar confiado.  ¡Eso es vivir en congruencia con lo que se cree!  ¿Cuántos están diciendo de Dios y memorizando versículos pero cuando llega la prueba lo último que hacen es acudir a Él?  ¿Cuántos están como yo lo estaba en mi primera etapa?  Simplemente aprendiendo pero no entregando realmente su vida al Señor.  ¿Estás en ese lugar?  ¡Sal de ahí!  La misma biblia nos dice que es mejor ser frío o caliente pero no tibio.  Lo que sea que traigas en la cabeza y que no sepas qué hacer, díselo al Señor.  Pide que escuche lo que quieres decirle y clama a Él a primera hora del día.  No puedes estar a la mitad todo el tiempo y tampoco te recomiendo esperes hasta que te encuentres entre la espada y la pared para realmente decidir por Cristo.  Hoy.  Ahora.  Toma el compromiso de cada día levantarte y entregar tu día al Señor.  Cada día confesar tus pecados y abrirle todo lo que está en tu mente y tu corazón.  Y lo más importante de todo, después de todo esto, aprender a esperar a que Dios se encargue de tu vida y acomode todo a Su tiempo y a Su manera.

Oración

Padre: heme aquí.  Mi corazón y mi vida abierta.  Confesándote mis pecados y arrepintiéndome de ellos.  No quiero llevar una doble vida.  No quiero venir a Ti solamente cuando ya no puedo más.  Quiero que mi vida siempre sea congruente entre lo que dice tu palabra y lo que hago cada día.  Quiero aprender a venir a Ti cada mañana y esperar.  Gracias Señor por tu amor y misericordia que derramas sobre mí.  En el nombre de Jesús.  Amén

4 de mar. de 2015

Salmos 4:8

En paz me acostaré y asimismo dormiré; porque solo Tú, Jehová, me haces vivir confiado.



La organización mundial de la salud indica un estimado de 350 millones de personas en el mundo con depresión o algún desorden mental.  Para darte una idea de cuánta gente es, México tiene aproximadamente 100 millones de habitantes y los Estados Unidos 300 millones.  En pocas palabras, hay demasiada gente padeciendo depresión.  Por otro lado, se reporta que en Estados Unidos, aproximadamente 40 millones de personas sufren con algún problema del sueño.  Si bien, hay muchas causas naturales que están dentro de estos casos, seguimos teniendo un número muy alto de personas afectadas.  También, me resulta increíble la cantidad de personas que, sin tener un trastorno como tal, utilizan algún tipo de ayuda para dormir.  Natural o de receta médica.  Todo esto nos habla de la necesidad por poder encontrar un momento de paz y quietud.  Vivimos de tal forma que el dormir se está volviendo difícil.  Tomamos tanta cafeína y demás productos para llenarnos de energía que, al momento en que queremos que nuestro cuerpo descanse, simplemente se vuelve imposible.  Pero, a mi parecer, hay algo que va más allá de lo físico.  Pienso que en la mayoría de los casos, el problema es espiritual.  Estamos tan alejados de Dios que no sabemos cómo confiar en Él.  Estamos tan metidos en nuestros asuntos diarios que al caer la noche no podemos dejar de pensar en ellos.  ¡Cómo dormir con todo lo que está pasando!  Prácticamente imposible.  Sin embargo, la biblia nos da el ejemplo perfecto de cómo debe ser nuestro día a día sin importar las circunstancias: en paz me acostaré y dormiré confiado en el Señor para despertarme al día siguiente.  Recuerda que este salmo es escrito por David mientras está siendo perseguido para ser asesinado.  Definitivamente no la estaba pasando bien.  No se encontraba en una ciudad segura y en una casa con vigilancia.  Estaba en una de las peores situaciones que pudiera imaginar.  Sin embargo, puede irse a dormir tranquilo.  Sin necesidad de tomarse pastillas.  Sin insomnio.  ¿Cuántas veces te has acostado presionado?  ¿Cuántas veces has tratado de frenar todo lo que pasa por tu mente que simplemente no te deja tranquilo?  Respira profundo.  No te ofrezco una medicina.  No te ofrezco un retiro espiritual.  Tampoco buenos deseos.  Te ofrezco la paz y el gozo que solamente Jehová, el Dios Todopoderoso puede dar.  La confianza en que Él te ama y tiene control de todo lo que pasa.  La tranquilidad de poder entregar todas tus preocupaciones a Él.  La oportunidad de vivir y llevar los problemas de una manera diferente.  ¡Eso es lo que te ofrezco hoy al compartirte el evangelio!  Está ahí.  Listo para que lo tomes y lo hagas tuyo.  Solamente te corresponde humillarte y reconocer que no puedes más y necesitas de Dios.  ¿Qué vas a hacer?  Te pido vuelvas a leer el versículo y lo medites.

Oración

Señor: no quiero seguir igual.  No puedo seguir igual.  Necesito de Ti.  Necesito de tu paz.  Necesito confiar en Ti pues todo lo demás se derrumba.  Padre, te pido tomes mi vida y la transformes conforme a tu voluntad.  Te pido pueda aprender a confiar en ti y poder dormir en paz.  En el nombre de Jesucristo te lo pido.  Amén.