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12 abr 2013

1 Pedro 1:3-5


¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo!  Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable.  Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes, a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos.



Hay estadísticas que muestran que el 50% de los que heredan una empresa (o fortuna) en excelentes condiciones, acabarán con ella en los siguientes 5 a 10 años.  Los demás, tienen 25% de probabilidad de poder continuar lo que sus padres o abuelos construyeron.  Personalmente no podía creer esto cuando lo leí pero cuando leo la biblia y me encuentro con pasajes como el de hoy, comprendo que allá afuera todo es destructible, contaminado y se marchita.  Totalmente opuesto a lo que nuestro Dios ofrece.  Nosotros buscamos estabilidad en los lugares equivocados.  Queremos encontrar paz y buenas bases donde nada permanece.  Nos frustramos.  Nos enojamos y finalmente nos desesperamos.  Mientras que nosotros solamente podemos acumular lo que hay en este mundo, el Señor nos dice que tenemos una herencia en el cielo diseñada y reservada para ti y para mí.  Una herencia que nunca se acabará.  Una herencia que nadie puede robar ni alterar.  A veces nos involucramos tanto en nuestro día a día que olvidamos que un día vamos a morir y no estaremos más aquí.  ¿Qué pasa después?  La respuesta está en el primer versículo.  Si has nacido de nuevo mediante Jesucristo, has recibido la herencia y estarás en el cielo.  De lo contrario, debes saber que el infierno será tu destino.  Sí.  El infierno existe.  No es el purgatorio que Dante escribió en su novela.  Es el lugar que Dios ha destinado para todos aquellos que han rechazado su amor y a su Hijo al no querer reconciliarse con Él.  Si hoy tienes dudas sobre dónde irías al morir, te recomiendo pidas perdón al Señor por tus pecados y reconozcas que Jesucristo ha muerto por ti para pagar esos pecados.  Pide que el Espíritu Santo venga a tu vida y que puedas nacer de nuevo pues el Señor al perdonarte deja lo viejo atrás y todo es nuevo.
Hay certidumbre sobre lo que pasará con aquellos que creemos y seguimos a Jesús.  Después de esta vida nos reuniremos con el Padre y recibiremos todo aquello que ha preparado para nosotros y que nadie ni nada puede alterar tal regalo.  Hagamos una pausa en nuestra vida.  Meditemos sobre nuestras prioridades.  Meditemos en el tiempo que le destinamos a leer la biblia y en querer obedecer y servir.  ¿Cuánto tiempo le dedicas a tus actividades?  ¿Cuánto tiempo le dedicas al Señor?  Esto habla de tus prioridades puestas en práctica.  Hoy sabes lo que Dios tiene reservado para ti.  Una herencia increíble e inimaginable.  Además, se encarga de protegernos con su poder a través de la fe.  ¿Y nosotros cómo respondemos ante tales regalos?  No tienes que irte a un lugar y permanecer soltero para dar gracias a Dios por lo que hace por ti.  No tienes que flagelarte ni realizar algún sacrificio.  Eso ya lo hizo Jesús por ti y por mí.  Lo que tienes que hacer es entregar tu corazón, entregar tu vida y buscar obedecer al Señor en cada momento de tu vida.

Oración
Padre: te pido perdón por mis pecados.  Entiendo y reconozco que Jesús murió por mí para que pueda ser reconciliado contigo y al morir pueda ir al cielo a tu lado.  Permite que así sea en mi vida.  No quiero seguir apartado de Ti sino quiero obedecerte y recibir tu protección y bendición.  Quiero tener certeza y sé que solamente la encuentro en Ti.  Gracias por la herencia que me das por la cual no he hecho nada para merecerla.  Ayúdame a buscar lo tuyo, lo que permanece y no se contamina.  Ayúdame a entender que he nacido de nuevo y ahora mi vida te pertenece.  Gracias mi Señor, en el nombre de Jesús.  Amén 

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