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1 abr 2013

Mateo 28:5-7


El ángel dijo a las mujeres: no tengan miedo; sé que ustedes buscan a Jesús, el que fue crucificado.  No está aquí, pues ha resucitado, tal como dijo.  Vengan a ver el lugar donde lo pusieron.  Luego vayan pronto a decirles a sus discípulos: Él se ha levantado de entre los muertos y va delante de ustedes a Galilea.  Allí lo verán.  Ahora ya lo saben.




Jesús había anunciado que moriría y que resucitaría al tercer día.  No era una parábola ni hablaba con metáforas.  Era simple.  Voy a morir pero resucitaré al tercer día.  Los discípulos lo escucharon varias veces.  Las dos Marías que fueron al sepulcro también habían escuchado estas palabras.  Sin embargo, no penetraron lo suficiente para poder entender lo que sucedería.  Tristemente así nos pasa hoy en día.  Escuchamos del Señor.  Vemos una luz que nos da nuevas esperanzas.  Oímos palabras de aliento del evangelio y queremos empezar de nuevo.  De repente las pruebas llegan y se nos olvida todo aquello que habíamos escuchado.  No estoy juzgando ni criticando.  No es fácil.  ¿Quién había visto que alguien resucitara de los muertos?  ¡Nadie!  Igualmente, nunca has experimentado los milagros del Señor en tu vida.  Por eso, la relación entre Dios y tú se desarrolla a través de un factor importantísimo: fe.  Solamente a través de la fe puedes dar el primer paso en dirección correcta, confiado y esperanzado que Él se encargará de hacer el resto.  Confiado que Él ha vencido a la muerte.  Confiado que Él te ama y ha muerto por ti.  Confiado que Él quiere tener comunión diaria contigo.  Confiado que Él solamente quiere lo mejor para ti.  Fe.  Esperanza y certeza de lo incierto que se vuelve cierto a través del Señor.
“No está aquí” les dice el ángel.  ¡Por supuesto que no estaba ahí!  Ya les había dicho que resucitaría.  Pero a veces tardamos en digerir y vivir la palabra del Señor.  Jesús va a cumplir con sus promesas tal y como lo cumplió al morir por nosotros.  Ahora la responsabilidad está de tu lado.  ¿Qué vas a hacer con lo que te ofrece Cristo?  Él fue crucificado para que todos aquellos que proclamemos su nombre seamos justificados y podamos estar a su lado en el cielo.  En cambio, los que quieren seguir por su cuenta y siguen pensando que “no están tan mal”, tristemente la biblia nos dice que serán juzgados y serán enviados al infierno.  Sí.  El infierno existe al igual que el cielo.  No, no todos van al cielo.  Si todos fueran al cielo, ¿qué sentido tuvo el sacrificio de Jesús?
“Pues ha resucitado”  no se trata de un cuento o novela.  No es una historia que inventaron hace más de 2000 años.  Es la narración de un hecho.  Jesús fue crucificado y murió.  Al tercer día fue levantado de los muertos y llevado a la diestra del Padre.  El ángel quitó la piedra para que pudieran ver que Jesús no estaba allí y no para que pudiera salir.  Si alguna vez te cuestionas sobre tu fe en Cristo y piensas que todos los caminos llevan al mismo dios, recuerda este pasaje y pregúntate quién más ha resucitado.  ¿Quién más que Jesús ha vencido a la muerte?  Ahora, esto trae una responsabilidad importantísima y son las últimas palabras del ángel: vayan pronto y digan a los discípulos: Él se ha levantado de entre los muertos.  Debemos llevar el evangelio a los demás.  No para promover una religión.  No para promover una institución.  No para que algunos se enriquezcan.  No.  Para permitir que más personas reconozcan a Jesús y puedan ser santificadas por Su sangre y puedan comenzar una nueva vida en Él; para que puedan ser perdonados de sus pecados y al morir estar con el Señor en el cielo.  Esto es lo que recordamos el día de ayer.  Espero lo entiendas y lleves el mensaje a cada persona que cruce en tu camino diario.

Oración
Señor: he escuchado tu palabra y no la he querido vivir.  Las pruebas me abruman y me hacen pensar que Tú no estás.  Hoy entiendo que me amas y nunca me has abandonado.  Hoy entiendo que debo tener fe y que Tú estás al cuidado de mí.  Gracias por el sacrificio de Jesús.  Entiendo lo que hizo por mí y te pido que me santifiques y pueda ser perdonado pues quiero estar en comunión contigo.  Te pido perdón por mis pecados.  Te pido perdón por mi rebeldía.  Hoy quiero empezar de nuevo.  Gracias por recordarme que Jesús vino por mí, murió en la cruz y se levantó de los muertos para cumplir lo que estaba escrito en tu palabra.  Gracias en el nombre de Jesús.  Amén 

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