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3 dic 2012

Filipenses 1:1-2


Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, junto con los obispos y diáconos: que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les conceda gracia y paz.



La tecnología nos ayuda a poder comunicarnos de una manera sumamente eficiente.  En un instante, sin importar en qué parte del mundo se encuentre A y B, pueden no solo intercambiar mensajes sino también pueden realizar una videoconferencia en tiempo real.  ¿Quieres saber algo más?  Es prácticamente gratis hacerlo.  Pienso en esta carta que escriben Pablo y Timoteo a los filipenses.  Ahí estaban los dos siervos.  Pablo estaba en la cárcel y Timoteo visitando.  No podían escribir todo lo que quisieran.  Tenían que pensar bien sus palabras para dar instrucciones precisas, llevar ánimo y seguir dando testimonio de Jesús.  Ahora que tenemos la facilidad de comunicarnos tan fácilmente, me pregunto por qué no transformamos la carta a los filipenses en una llamada a un ser querido.  “Tengo muchas ocupaciones y no he tenido tiempo” podrás contestar.  “No sé qué decir”.  “Tiene tanto tiempo que ya no tiene sentido”.  Pablo estaba encarcelado.  No la estaba pasando de maravilla.  Así que, lo que sea que estés atravesando, no es un buen pretexto para salirte de esta responsabilidad.  Debemos preocuparnos y ocuparnos los unos por los otros.  Esto es la evidencia de que estamos poniendo por práctica el mandamiento de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.  Piensa en esto: la carta a los filipenses es escrita por el amor que se le tiene a los hermanos en la fe.  Pablo los tiene presentes en su mente y en sus oraciones.  ¿A quién tienes en tus oraciones?  ¿Solamente a tus seres más cercanos?  Es fácil dejar de voltear a las necesidades que hay a nuestro alrededor.  Mejor seguir de frente.  Pero para eso, Jesús nos dejó la parábola del buen samaritano.  No solo frenó su camino sino que se desvió totalmente de su destino y le dedicó tiempo, dinero y esfuerzo propio.  ¡Eso es lo que tenemos que hacer!  Eso es lo que Pablo y Timoteo estaban haciendo con los filipenses.  Por eso escriben la carta.  Por el amor y preocupación que tienen por ellos.  “Que el Señor les conceda gracia y paz” les dicen.  ¿Hace cuánto no haces una oración pidiendo porque te llene el Señor de su gracia y su paz?  ¿Hace cuánto que no lo haces por alguien más?  La manera en la que las epístolas hacen las salutaciones, nos debe recordar el amor y la entrega que debemos tener no solo por nuestros seres queridos y cercanos sino por nuestro prójimo en general.  Una llamada telefónica.  Un correo electrónico.  Una videoconferencia.  En fin, los medios son muchos pero las ganas son pocas.  No dejes pasar más tiempo y ponte en contacto con aquellos que sabes necesitan recibir ánimo, consuelo y sobre toda la gracia y la paz de nuestro Señor.  No tenemos pretexto.  
Por último, resulta interesante aprender de lo que Pablo está haciendo con Timoteo al incluirlo en la epístola.  Nos demuestra que los “ancianos” deben incluir a los “jóvenes”.  No debemos separar talentos sino reconocerlos y aprovecharlos sin importar la edad.  Seamos sencillos y humildes y aprendamos a reconocer que, el Señor utiliza a cada uno de nosotros dándonos dones que no necesitan de edad para dar fruto.

Oración
Padre: te agradezco por tus enseñanzas y sobre todo por la gracia y paz que traes a mi vida.  Te pido que pueda aprender a llevarla a mi prójimo.  Te pido que aprenda a amar como Tú lo pides y que mi vida sea un testimonio de ello.  Te pido que pueda pensar menos en mí y más en servirte y darte la gloria en todo lo que haga.  Gracias Señor, en el nombre de Jesús.  Amén 

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