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11 jun 2014

Hebreos 10:5-10

Por eso, al entrar en el mundo, Cristo dijo: “a ti no te complacen sacrificios ni ofrendas; en su lugar, me preparaste un cuerpo; holocaustos y expiaciones no fueron de tu agrado.  Por eso dije: Aquí me tienes, como está escrito de mí en el libro: he venido, oh Dios, a hacer tu voluntad”.  Primero dijo: “Sacrificios y ofrendas, holocaustos y expiaciones no te complacen ni fueron de tu agrado” (a pesar de que la ley exigía que se ofrecieran).  Luego añadió: “Aquí me tienes: he venido a hacer tu voluntad”.  Así quitó lo primero para establecer lo segundo.  Y en virtud de esa voluntad somos santificados mediante el sacrifico del cuerpo de Jesucristo, ofrecido una vez y para siempre.



Hay personas que piensan que Dios es “distinto” en el antiguo testamento.  Ya sea por los sacrificios o las guerras que se desarrollaron, podríamos pensar que era un Dios un tanto “sanguinario”.  Piénsalo.  El antiguo testamento está lleno de historias así.  La realidad es que Dios es el mismo.  Simplemente vamos conociendo distintas características conforme a su voluntad.  En el pasaje de hoy, aprendemos que, a pesar de que los sacrificios eran parte de la ley, nunca fueron del agrado de Jehová.  Dios siempre tiene un motivo (o varios) dentro de cada situación que permite o hace.  Los sacrificios recordaban constantemente a la gente la gran necesidad de ser perdonados así como el costo tan alto de nuestro pecado.  Después se nos enseña que Dios preparó todo para que Cristo viniera al mundo y se realizara el sacrificio que realmente agradaría a Jehová.  ¿Por qué los sacrificios anteriores no le complacían?  Mi entendimiento dice que Dios siempre quiso la perfección en nosotros y esto solamente lo logramos a través de Cristo.  Imagino que simplemente fue parte de su plan perfecto el vivir esa etapa sin Jesús pero sabiendo que después las cosas serían mejores.  ¿Qué debemos aprender?  Primero: que Dios no cambia ni miente sino que su palabra permanece siempre y es verdad absoluta.  Segundo: no podemos encerrar a Dios en nuestro entendimiento.  Si bien, a lo largo de la biblia encontramos distintas características de Él, nunca podremos conocerle por completo.  Tercero: debemos aprender del extraordinario ejemplo de Jesús cuando dice: Aquí me tienes.  Jesús sabía lo que vendría.  Tenía perfecto conocimiento que sufriría excesivamente y que moriría injustamente.  Sin embargo dice: Aquí me tienes, he venido a hacer tu voluntad.   ¡Increíble!  Nosotros nos preocupamos por nuestro trabajo, por la salud (o la enfermedad), porque nuestra familia esté bien, por tener una casa o comida, por poder tomar vacaciones o cualquier otra cosa que esté en tu mente.  Mientras tanto, Cristo nos enseña lo que debe estar en nuestra mente: he venido a hacer tu voluntad.  ¡Ese es nuestro propósito!  ¡Esa es nuestra meta!  Dejar atrás todo y buscar hacer la voluntad de Dios.  ¿Cómo te preguntarás?  ¿Cómo puedo vivir si tengo problemas económicos?  ¿Cómo seguir adelante con el dolor que causa perder a alguien o ver sufrir a un ser querido con alguna enfermedad?  Con el consuelo de Cristo.  Pero no termina ahí.  2Corintios 1:4 nos dice: el Dios de toda consolación, nos consuela para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier tribulación por medio de la consolación que recibimos de Dios.  Si en tu vida hay necesidad de ser consolado y por más que pides a Dios, simplemente te sientes igual, probablemente sea que en tu corazón está solamente la necesidad personal de “sentirte mejor” y no el deseo de obedecer como dice en Corintios de recibir el consuelo porque sabes que así podrás ir y consolar a otros.  Constantemente lo escribo: no podemos vivir guardando las bendiciones.  ¡Debemos salir y compartirlas!  Si Dios me llena de su paz, debo salir y llevar paz a los que no la tienen.  Si Dios me llena de su consuelo, debo ir con los que necesitan ser consolados.  Si Dios me perdona, debo salir y perdonar a los que me lastiman.  No puedo vivir recibiendo y recibiendo.  ¡Esa no es la vida en Cristo!  Él dejó todo por obedecer al Padre.  Ese es el ejemplo que nos dejó y nuestros pasos a seguir.  ¿Qué vas a hacer?

Oración
Padre: aquí estoy para hacer tu voluntad.  Desde lo más profundo de mi corazón, te entrego mi vida y te pido tomes el control y reines.  Quiero recibir tus bendiciones para llevarlas a los que no las tienen.  Quiero recibir tu amor para poder amar, tu perdón para poder perdonar y tu consuelo para poder consolar.  Perdona que haya sido tan egoísta y no haya entendido que debo entregarme a Ti y por consecuencia a mi prójimo.  Te pido que mi vida sirva a los demás como luz y testimonio de lo increíble que es vivir en obediencia y comunión contigo.  Gracias mi Dios.  En el nombre de Jesús.  Amén

4 comentarios:

Unknown dijo...

Amén

Unknown dijo...

Gracias por enseñarme tanto con cada reflexión de la Palabra de Dios. Bendiciones.

Unknown dijo...

Amén, gracias por compartir cada día aprendo algo nuevo de la oakabra, para hacer testimonio! Amen!!

Un Tiempo con Dios dijo...

Gracias por sus comentarios.
No duden en compartir el blog y que Dios los bendiga!