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2 mar 2010

Colosenses 1:25-26

De ésta (la iglesia) llegué a ser servidor según el plan que Dios me encomendó para ustedes: el dar cumplimiento a la palabra de Dios, anunciando el misterio que se ha mantenido oculto por los siglos y generaciones pero que ahora se ha manifestado a sus santos.



En la versión Reina Valera 1960 se entiende un poco mejor pues está redactado de la siguiente manera: … para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos que ahora ha sido manifestado a sus santos. Entonces, al misterio al que se refiere (y como confirma en unos versos más) es Cristo; abrir los evangelios, compartirlos, aprenderlos y enseñarlos. ¿Qué hizo Pablo sino compartir de lo que enseñó Jesús? Vivimos en una etapa (a mi parecer) privilegiada. Ahora tenemos a nuestro alcance toda la palabra de Dios. Ya sea en libros o de manera electrónica, podemos acceder en pocos segundos a cualquier pasaje, podemos conseguir comentarios, referencias e incluso ligarlos con el idioma original. Además, contamos con el Espíritu Santo que al aceptar a Cristo, mora en nosotros. Todo esto que hemos recibido, lleva un precio de vuelta, o mejor dicho, una responsabilidad u obligación: compartir a Jesús. Llevar su palabra por el mundo, predicar con el ejemplo y ser servidores suyos.
Anunciar a Jesús es nuestra obligación. Es tú obligación. No la de aquellos que predican y pueden hablar en público. No. Tuya. Ahora, muchas personas piensan que el ir y compartir de Jesús es proselitismo y que buscamos “convertir” a todas las personas. ¡Qué equivocada concepción! Cuando compartimos a Cristo, yo me imagino que es como cuando platicas de una experiencia increíble que tuviste. Algunos cuentan sobre sus vacaciones y el lugar tan hermoso que visitaron, o piensa en algún restaurante que te encantó su comida, ¿no lo recomiendas con entusiasmo? Un buen mecánico, un buen médico y un buen abogado también son recomendados como “pan caliente”. Bueno, ¿por qué no compartir a Jesús con ese mismo entusiasmo, con esa misma energía y con esa misma dedicación? ¿No ha hecho Jesús maravillas en tu vida? ¿No ha restaurado tu matrimonio, tu relación familiar, tu vida, tu trabajo, el sentido de vivir? ¿No te ha convertido en una mejor persona? Ser seguidor de Jesús es lo mejor que me pudo haber pasado y por esa razón estoy escribiendo el día de hoy. Porque quiero compartirlo y que más personas puedan disfrutar de lo que yo tanto he gozado. Esto mismo es lo que hizo Pablo: ser servidor de la iglesia para llevar a las personas el evangelio y mostrarles el camino al Padre a través de Jesús. ¿Qué vas a hacer tú? ¿Quedarte sentado?

Oración
Dios: no puedo dejar de agradecerte por dejar tu palabra para guiarme, consolarme y mostrarme siempre tu amor incondicional. Quiero pedirte que mi vida siempre te sirva, y que esté buscando compartir a Cristo con las demás personas. Te pido que nunca pierda el enfoque y la mirada en Jesús y que mis palabras siempre estén buscando que la atención sea para Él. Te lo pido en su nombre.
Amén

2 comentarios:

Unknown dijo...

Gracias: me ha bendecido mucho.expecialmente, como compartir nunca lo he pensado de esa manera, me encantó.Dios los bendiga siempre.

Un Tiempo con Dios dijo...

¡Amén!