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29 sept 2010

Salmo 82:7

Pero como hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis.



No es fatalista. Tampoco exagerado. Es real. No nos gusta pensar en la muerte pero, si lo pudiera expresar de una manera es un “mal” necesario. Ahora, todo cambia desde la perspectiva de Dios y la muerte es solamente la culminación de nuestro cuerpo y el comienzo de nuestra vida junto a Él.
El morir causa temor. Nadie ha muerto y regresado para platicarnos cómo es o qué se siente. Incertidumbre es lo que rodea a la muerte. Una persona sana o enferma, niño o anciano, cualquiera puede morir sin previo aviso y cuando sucede es cuando hacemos un freno en nuestra vida y recordamos que hay cosas que no estamos haciendo bien y debemos corregir, que hemos sido poco agradecidos con lo que Dios nos ha dado y tomamos por un hecho que debemos tenerlo. Recientemente me he enterado de principalmente dos enfermedades muy fuertes y comentábamos sobre lo increíble que es el cuerpo humano y cómo tenemos muchas “cosas” que no sabemos para qué funcionan pero cuando lo dejan de hacer se genera un gran caos en nuestro cuerpo.
El día de hoy no busco que tengas temor de la muerte y te encierres en tu cuarto sin salir o vivas temeroso por aquello que pudiera ocurrir. Tampoco quiero que salgas a la calle a vivir “la vida loca” puesto que en algún momento morirás y es necesario aprovechar cada instante. No. Lo que más me interesa es promover la reflexión en nuestras vidas sin tener que esperar a que haya un acontecimiento difícil que nos haga ir a esa meditación. Debemos ser introspectivos y críticos de nuestra comunión con Dios, de nuestra entrega y de nuestra devoción hacia lo suyo.
Si algo tenemos seguro es la muerte. Hoy, mañana o en varios años. El instante llegará y todo termina. Dios te llama y te quiere a su lado. ¿Qué historial traes cargando? ¿Cuál es tu currículum vitae en la vida con Cristo? ¿Te quedaste con la intención de cambiar pero nunca lo hiciste?
El hombre más rico del mundo junto con el más pobre estarán sepultados bajo la misma tierra y serán llamados ante Jehová. Cuando entendemos esto, le damos el valor correspondiente a nuestras acciones. Vale la pena analizar nuestras prioridades y darles el lugar que les corresponde. Tal vez tu trabajo u otras actividades quitan todo tu tiempo y dejas a un lado tu comunión con Dios. Piensas que esto o aquello es muy importante, que no puede esperar y debes hacerlo. Dejas los estudios y tu lectura de la Palabra además tus oraciones son cada vez más cortas. Todo porque tus actividades no podían esperar y eran de total emergencia. ¿Y luego? Tenemos libertad en Cristo pero debe ser utilizada correctamente. Piénsalo…

Oración
Dios: ayúdame a entender que un día me llamarás y que tienes el control sobre mi vida y todo lo que sucede en el mundo. no quiero vivir con temor a la muerte ni tampoco olvidarla sino vivir concentrado en servirte y entregándote mi vida para que la transformes. Gracias por recordarme que debo corregir mis prioridades y te pido que me des la fuerza para hacerlo. En Cristo Jesús.
Amén

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