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2 sept 2010

2ª Crónicas 26:4-5

Uzías hizo lo que agrada al Señor, pues en todo siguió el buen ejemplo de su padre Amasías, y mientras vivió Zacarías, quien lo instruyó en el temor de Dios, se empeñó en buscar al Señor. Mientras Uzías buscó a Dios, Dios le dio prosperidad.



Recuerdo haber escuchado una predicación de un pastor muy conocido en Estados Unidos el cual hablaba sobre la prosperidad que Dios tiene para nosotros. Si bien, me parece sumamente delicado el tema, tenía una gran parte de razón en lo que decía: Dios nos ama y quiere prosperar nuestro camino. La misma palabra nos dice que a todos los que amamos y seguimos a Dios, todas las cosas nos son para bien. Lo delicado está en entender lo que es la prosperidad y confundirla con dedicarle toda la atención a la cuestión monetaria y ponerla en nuestros parámetros en lugar de los de Dios.
Mientras Uzías buscó a Dios, Él lo prosperó. ¿Quiere decir que si busco a Dios, me va a prosperar? Si. Insisto, no confundas esto con: me va a ir bien en este nuevo negocio o me van a subir de puesto, la prosperidad no solamente es económica. Pero lo más interesante de esto es entender la causa y el efecto. Cuando estudiamos mucho, sacamos una buena calificación, cuando no estudiamos reprobamos. Cuando te preparas con un entrenamiento riguroso para cualquier carrera o competencia, tus resultados son buenos, cuando haces lo contrario, tus resultados son desastrosos. ¿Qué puedes esperar de Dios si no le dedicas tiempo? ¿Qué esperas que haga Dios en tu vida si no te has “entrenado” para conocerlo más ni para entender lo que debes cambiar? Uzías fue instruido por Zacarías. Él le enseñó a temer a Dios. Le enseñó que su vida sería próspera si seguía sus mandamientos. Le enseñó que habría bendición por obedecer. Le enseñó que debía estar pegado a su palabra para evitar cometer errores. Pero ¿qué hay de nosotros? ¿Cuál es nuestro entrenamiento? Lo interesante es que aunque no nos prepararnos como debemos queremos que Dios nos de resultados extraordinarios. No hacemos lo que nos corresponde y seguimos exigiendo como si lo mereciéramos. ¿Te suena familiar? Déjame decirte que no va a pasar. No funciona así. Dios no es un mago que cambia las cosas con una vara mágica. Uzías tenía a Zacarías que lo instruía y guiaba en el Señor. ¿A quién tienes tú? Debes tener a alguien que personalmente te guíe, que conozca tus debilidades, tus errores y te ayude a entregarlos a Dios.
Dios quiere prosperar tu camino. Lo que necesitamos para llegar a esa prosperidad es seguir la línea que Él trazó. Estudiar su palabra, obedecerlo, entregarnos a Él. Recuerda, todo tiene un trabajo previo. Si buscamos a Dios fielmente, Él será fiel con nosotros. ¿Cómo esperar que nos bendiga si no lo buscamos ni nos preocupamos por Él?

Oración
Padre: te pido perdón. Perdón porque me gusta exigir y no te doy nada a cambio. Perdona mi arrogancia y orgullo tan grande. Hoy te pido que me enseñes a temerte y respetarte; a entregarte mi vida y aprender a buscarte. Quiero vivir la prosperidad que le diste a Uzías y a muchos otros ejemplos de tu palabra que te siguieron fielmente y sé que para ello debo entregarte mi vida como ellos lo hicieron. Guíame Señor para que así sea. Te lo pido en Cristo Jesús.
Amén

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