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7 ago 2012

Hechos 28:24-27


Unos se convencieron por lo que él decía, pero otros se negaron a creer.  No pudieron ponerse de acuerdo entre sí, y comenzaron a irse cuando Pablo añadió esta última declaración: con razón el Espíritu Santo les habló a sus antepasados por medio del profeta Isaías diciendo: Ve a este pueblo y dile: por mucho que oigan, no entenderán; por mucho que vean, no percibirán.  Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible; se le han tapado los oídos, y han cerrado los ojos.  De lo contrario, podrían ver con los ojos, oír con los oídos, entender con el corazón y convertirse y yo los sanaría.



Así como hay buenos ejemplos en la vida de Pablo, también encontramos malos.  A mi parecer, este es uno de ellos.  ¿Qué sentido tiene citar a Isaías?  Realmente lo que está haciendo es atacar a aquellos que no quieren entrar en razón y aceptar lo que les ha dicho.  ¿Qué ganó al decir esas palabras?  Que varios de los que estaban reunidos decidieran irse.  Ahí te ves Pablo.  Yo no vine a ser atacado.  Estoy en desacuerdo contigo y esto no te da derecho a decirme que mi corazón es insensible y que mis oídos se han tapado.  Tristemente muchos de nosotros caemos en el mismo error.  Nuestras intenciones son buenas.  Queremos que las personas escuchen de Dios y conozcan a Jesús.  Finalmente Cristo es lo mejor que nos ha pasado.  Pero debemos entender que existen buenos y malos testimonios.  Tristemente he visto cómo una familia puede separarse por no compartir a Cristo de la manera correcta y peor aún, cuánta gente termina con resentimiento hacia los “cristianos” por este tipo de actitudes.  ¿Te digo algo?  Dios te ama a ti de la misma manera que ama a tu prójimo.  Dios quiere reconciliarse con tu prójimo de la misma manera en que se quiso reconciliar contigo.  Por gracia de Dios y no por obras eres salvo.  ¡Realmente no hiciste nada!  ¿Por qué juzgar y criticar a aquellos que no pueden o no quieren entender el evangelio?  ¿Acaso eras menos insensible?  ¿Tus oídos y tus ojos sí estaban abiertos?  ¡Por supuesto que no!  Eras igual de pecador y necio.  Por gracia del Señor fuiste rescatado.  ¡No lo olvides!  Entonces, si por gracia y misericordia has vuelto a nacer, lleva ese mismo mensaje a los demás.  Date cuenta que las personas que estaban con Pablo llevaban todo el día discutiendo y escuchando sobre el evangelio.  ¡Tenían ganas de aprender!  De lo contrario ya se hubieran ido.  El versículo 23 nos dice que desde la mañana hasta la tarde estuvieron hablando.  Decidieron irse en el momento en que Pablo les dijo que sus ojos no veían y sus oídos no oían.  ¿Te das cuenta de cómo podemos cometer errores bien intencionados?  Probablemente Pablo quería sacudirlos y hacerlos entender de lo que estaba hablando, pero cayó en un gran error al atacarlos con estas palabras.  Si bien, son ciertas, pienso que no tuvo ningún beneficio el mencionarlas sino al contrario, provocó el enojo y la salida de varios que estaban reunidos.
Nuestro deber es imitar a Jesús.  Antes de hablar, piensa si tus palabras edifican y están llenas de amor hacia aquellos que las reciben.  Si no cumplen con estos principios, mejor no digas nada.

Oración
Padre nuestro: eres grande y poderoso pero tu amor realmente sobrepasa todo entendimiento.  Gracias por amarme y aceptarme tal como soy.  Ayúdame a ser testimonio de Cristo y a no criticar ni juzgar pues solamente he recibido gracia y misericordia de tu parte.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén 

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