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27 ago 2012

Gálatas 1:13-15


Ustedes ya están enterados de mi conducta cuando pertenecía al judaísmo, de la furia con que perseguía a la iglesia de Dios, tratando de destruirla.  En la práctica del judaísmo, yo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi celo exagerado por las tradiciones de mis antepasados.  Sin embargo, Dios me había apartado desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia.




¡Hay tanta gente que sigue pensando que para ir al cielo, a la presencia del Señor, es necesario realizar cierto tipo de sacrificios!  Es triste.  Este pensamiento dista mucho de lo que la biblia nos dice.  De todas maneras, hay religiones que, utilizando la biblia como algunos principios, omiten versículos de suma importancia como el de hoy.  Dios me había apartado y me llamó por su gracia, nos dice Pablo.  Entonces, Pablo fue llamado y hecho hijo de Dios, ¿Porque había hecho una gran labor?  No.  ¿Porque sus conducta como fiel y ferviente judío lo hacían digno?  No.  ¿Por llevar su religión de una manera impecable?  No.  ¿Por qué fue llamado y apartado por Dios?  ¿Qué hizo para merecerlo?  ¿Qué puedo hacer yo para merecerlo?  Recibir la gracia del Señor.  Cuesta trabajo entender este concepto tan sencillo pues estamos acostumbrados a hacer algo para poder recibir.  Nos han enseñado que debemos esforzarnos para merecer esto o aquello.  Pero Dios, como lo he dicho varias veces, trabaja muy distinto a lo que estamos acostumbrados.  Él no nos pide que hagamos algo para venir a su presencia.  Él nos ama tal y como estamos.  Sucios.  Enfermos.  Defectuosos.  Con muchos problemas.  Con mucho orgullo.  Enojones.  Críticos.  Envidiosos.  Adúlteros.  Mentirosos.  Adictos.  Depresivos.  Y toda la lista de nuestras “grandes” cualidades está incluida.  Leíste bien.  Dios te ama tal y como eres.  Te ha escogido y te ha llamado por su gracia, su misericordia y su gran amor.  No has hecho absolutamente nada para merecerlo, pero ahí está Él dándote todo de manera incondicional.  ¡Esto debe ponerte la piel “chinita”!  Debe penetrar a lo más profundo de tu ser y debes meditar en ello.  Sí, es verdad, la gracia de Dios no está condicionada.  No hay “truco”.  Lo que abunda es amor y misericordia.  No importa todo lo que hayas hecho.  Pablo por eso nos confiesa su pasado.  Saben que perseguí a la iglesia, nos dice.  ¿Sabes qué hizo mientras perseguía a la iglesia?  Presenciar encarcelamientos sumamente violentos.  Presenciar y aprobar que golpearan o lapidaran a los seguidores de Jesús.  Sabemos que estuvo presente y aprobó la muerte de Esteban.  ¡Ese era Pablo!  ¡Hoy podríamos decir que era un loco!  Seguramente le encontrarían algunos síndromes psicológicos y estaría clasificado como un ser que no puede corregirse o cambiar.  Pero Dios lo escogió.  Lo apartó.  Lo amó y le extendió su gracia.  No pidió que cambiara para aceptarlo.  No pidió que se comprometiera a hacer esto o aquello.  Lo amó incondicionalmente y así nos ama también.  ¿Lo entiendes?  Dios te ama tal y como eres.  ¡No tienes que cambiar para poder recibir su gracia.  No puede amarte más y tampoco puede amarte menos.  No hay nada que puedas hacer para cambiar el amor y la misericordia que Dios tiene para ti.  ¡Por eso la gente no lo entiende!  ¡Es difícil creer que nos den tanto siendo tan malos!  ¡Es difícil recibir gracia cuando hemos dado todo lo contrario!  Piénsalo.  Dale unos minutos a este regalo de Dios.  ¿Qué vas a hacer con esto que te ofrece Dios?  Personalmente, decidí tomar y abrazar esa gracia.  Mi vida está entregada a Cristo no porque tenga que hacerlo o como un “pago” por lo que me ha dado sino porque vivo agradecido por su amor incondicional y las bendiciones tan increíbles que derrama sobre mi vida.  ¿Cómo darle la espalda?  ¿Cómo seguir como antes?  ¿Cómo no servirle y seguir sus pasos?

Oración
Señor:  te pido perdón por mis pecados y te doy gracias por amarme tal y como soy.  Siempre pensé que no podía acercarme a ti pues no soy digno de hacerlo, pero hoy entiendo que tu amor va más allá y me permites reconciliarme contigo por el sacrificio de tu hijo Jesús.  Gracias por extender tu mano.  Gracias por fijarte en mí.  Gracias por amarme incondicionalmente y perdona que yo no te corresponda como te mereces.  Hoy quiero entregar mi vida a Ti.  Hoy quiero pedirte que me transformes.  Hoy quiero vivir diferente, conforme a tu voluntad, conforme a tus principios y sobre todo, conforme a tu gracia, misericordia y amor.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén 

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