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2 dic 2013

1 Juan 5:3-5

En esto consiste el amor a Dios: en que obedezcamos sus mandamientos.  Y éstos no son difíciles de cumplir, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo.  Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe.  ¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? 



La palabra que utiliza Juan para describir amor es nuevamente agápe en el griego.  Recuerda que ésta se refiere al amor máximo.  A la misma descripción de la esencia de Dios.  Juan nos está hablando de un amor total hacia el Señor.  ¿Realmente crees en Dios?  Pues debes saber que en esto se demuestra ese amor: en obedecerle al cien por ciento.  No puedes ir “escogiendo” los mandamientos y principios que consideras importantes y desechar los otros.  Por esa razón Juan escribe agápe y no fileos.  Para ellos era clara la diferencia.  Para nosotros no porque utilizamos amor para ambas situaciones.  El día de ayer, durante el servicio dominical, cantábamos una alabanza que me hizo recordar lo que significa amar a Dios y obedecerle.  Decía: todo es para Ti y todo se trata de Ti.  Me encantó poder cantar y decirle a mi Dios, no se trata de mí sino de Ti.  No se trata de lo que me hace falta sino de lo que me has dado y cómo quieres que lo utilice para tu gloria.  No se trata de cómo puedo hacer lo que yo quiero sino cómo puedo hacer tu voluntad.  ¡Ese es el amor y obediencia del que está hablando Juan!  El amor incondicional.  La obediencia pura que no necesita cuestionar sino se fortalece en la fe.  Ahora, Juan nos dice que obedecer no es difícil de cumplir pero muchas veces a nosotros se nos dificulta en exceso.  ¿Por qué pasa esto?  ¿Por qué por un lado nos dicen que no es difícil mientras que en la realidad me cuesta mucho trabajo?  La respuesta la encontramos más adelante: nuestra fe es la que vence al mundo y todo el que ha nacido de Dios, vence al mundo.  ¿Quiere decir que no tengo fe?  Exactamente.  Quiere decir que has puesto un “techo” a tu fe y no dejas que crezca más.  Has confiado tal vez en que el Señor sana tus pecados pero no has confiado en que su camino y sus principios son lo mejor para ti.  Piénsalo.  Dios nos está diciendo que su Hijo venció al mundo.  Todo.  Absolutamente todos los problemas y la misma muerte las venció.  También nos dice que todos los que creen en su Hijo y tienen fe en Él, vencen al mundo.  Entonces, ¿por qué te cuesta tanto trabajo obedecer?  ¿Por qué sigues dudando?  O peor aún por qué sigues dejando para después el tomar esta decisión.
El amor a Dios no es de palabras sino de hechos.  Dios no quiere personas que hablen bonito de Él ni que se sepan todos los pasajes de memoria.  Él quiere corazones que estén dispuestos a servir y obedecer al cien por ciento.  Es tiempo que des ese paso.  Es tiempo que dejes que tu fe crezca y se desarrolle como debe ser.  Deja de pensar en ti y recuerda que todo es para Dios y que todo se trata de Dios.

Oración

Señor: perdona mis pecados.  Perdona que haya vivido limitando mi fe.  Hoy entiendo que debo dejarte trabajar en mi vida y dejar de cuestionar tus principios y tus caminos.  Te pido que pongas fuerza en mi corazón para decidir siempre conforme a tu voluntad y que mi fe me mantenga por ese camino.  Renueve mi corazón y enséñame a amarte como te agrada: en obediencia.  En Cristo Jesús.  Amén

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Podrías explicar esos principios Y los mandamientos que pasa a los que quebrantan. Cae en maldiciones o sería pecar podría explicar sobre este Tema por favor. Gracias

Un Tiempo con Dios dijo...

Hola y muchas gracias por escribir.
Cada vez que nosotros desobedecemos o quebrantamos los mandamientos, tenemos consecuencias por lo que hacemos. Por ejemplo, las personas que mienten, pierden credibilidad ante los que los rodean. No importa si son familiares o amigos. Una persona mentirosa es señalada y no se confía en ella. Además de esto, la maldición que recibe una persona mentirosa es que su propia familia sufre por sus mentiras y los hijos tienden a repetir los mismos errores que los padres. Ahora, Dios nos dice que, cuando recibimos su Espíritu, somos hechos criaturas nuevas. Ya no arrastramos el pecado que nos encadena. Por esta razón, podemos pedir perdón y dejar ese círculo vicioso para encontrar uno nuevo y virtuoso. Los principios de Dios nos llevan a tomar buenas decisiones y por consecuencia tenemos buenas consecuencias.
Espero esto aclare un poco tu duda.