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29 abr 2014

Hebreos 7:1-3

Este Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, salió al encuentro de Abraham que regresaba de derrotar a los reyes, y lo bendijo.  Abraham, a su vez, le dio la décima parte de todo.  El nombre de Melquisedec significa, en primer lugar, rey de justicia, y además, rey de Salem, esto es, rey de paz.  No tiene padre ni madre ni genealogía; no tiene comienzo ni fin, pero a semejanza del Hijo de Dios, permanece como sacerdote para siempre.



Solamente aparece el nombre de Melquisedec en Génesis 14:18 y en Salmos 110:4.  No se nos dice prácticamente nada de él.  A mi parecer, es Dios en su sabiduría quién decide qué y qué no debemos saber.  Muchos comenzarán a argumentar que es arbitrario decir esto y que “justifica” temas difíciles de la biblia.  Están equivocados.  Si bien, Dios no nos explica absolutamente todo, en los puntos esenciales para tener comunión con Él hay claridad total.  Se nos explica una y otra vez nuestra calidad de pecadores y nuestra necesidad de un redentor.  Muchas, pero realmente muchas veces se nos advierte del infierno y de sus características.  Y así, lo que es de importancia para la fe, se nos aclara a lo largo de su palabra.  Sin embargo, en ciertos pasajes o con ciertos temas, el Señor ha decidido no darnos más explicación.  En mi entendimiento, me parece bueno que no se nos hable más de Melquisedec.  ¿Por qué?  Porque como humanos, seguramente caeríamos en adorarle y en inventar historias alrededor de él.  Si de por si, tenemos la cantidad de ídolos que son alabados, me da gusto que haya uno menos.
Ahora vamos a lo que sí sabemos.  Se nos explica el significado del nombre de este rey.  Rey de justicia y rey de paz.  Las mismas características de Jesús.  Justicia.  Paz.  Justo lo que más hace falta en este mundo.  Mira a tu alrededor.  Incluso puede ser que no tengas que ir tan lejos y reconozcas cuánta falta te hace tener paz.  Cristo es el rey de paz.  Si no la has experimentado es probable que sigas siendo el rey de tu vida y no hayas entregado tu reino a Él.  ¿Tiene sentido no crees?  ¿Cómo pedir algo mientras nosotros no entregamos nada?  Queremos las bendiciones.  Queremos las promesas.  Pero al mismo tiempo, no nos rendimos a Él.  Queremos seguir con nuestro entendimiento aún cuando hemos cometido tantísimos errores.  ¿Dónde está la entrega?  ¿Dónde está la fe?
Podríamos quedarnos estudiando el por qué no se nos dice más acerca de Melquisedec y de todos los misterios que la biblia presenta.  Podríamos tratar de encontrar fallas o incongruencias.  Sería una pérdida de tiempo.  Por eso hoy quiero decirte algo que cambia y renueva tu vida.  Dios mandó a su Hijo Jesús a morir por ti y por mí.  Resucitó venciendo no solo a la muerte sino al pecado también.  Hoy puedes tener parte con Él y vivir en su justicia y en su paz.  No más esclavo de las oscuridad sino luz y sentido a tu vida.  Roca en arena.  Ancla en tempestad.  Él quiere llenarte de paz y la da como nada en este mundo la puede dar.  ¿Qué tienes que hacer?  Entregar tu vida a Él.

Oración

Señor: te entrego mi vida.  Me rindo ante Ti.  No quiero seguir así.  Te pido me llenes de tu paz y perdón.  Te pido renueves mi vida y traigas luz a tanta oscuridad.  Quiero seguirte y te pido que no me aparte de Ti.  En Cristo Jesús.  Amén

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