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21 jul 2009

Santiago 1:13-14

Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.


La Nueva Versión Internacional traduce concupiscencia como malos deseos. La versión de las Américas dice que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. La Real Academia Española describe concupiscencia como apetito desordenado de placeres deshonestos. Con estas definiciones podemos constatar que definitivamente Dios no es quien nos tienta sino que de nuestro interior surgen todas las tentaciones. Este es un punto sumamente importante puesto que aquí se divide lo que es el trabajo de Dios en nosotros, del interior al exterior, y lo que hace el mundo en nosotros, del exterior al interior. Seguramente has escuchado el dicho “las apariencias engañan”. Pues tienen razón. Las apariencias son exteriores. Los estudiosos de la Palabra de Dios en la época de Jesús, engañaron tanto a la gente que los creían como pequeños dioses con toda autoridad, pero Jesús, que vio el interior de esas personas los describió como generación de víboras.
Debes conocer lo que hay en tu corazón. Conoce tus pasiones. Conócete a ti mismo. Reconoce tus debilidades.
Cada uno de nosotros tiene pasiones, malos deseos y apetitos desordenados que te llevan a tomar decisiones incorrectas, te llevan a lugares en los que no debes estar, te pone en situaciones que no deberías atravesar, te hacen decir palabras que no deberías haber dicho. ¿Ya te ha pasado? A mí en varias ocasiones.
Dios trabaja desde tu interior. A Él no le interesa que las personas piensen que eres una “buena persona” o que tengan una buena impresión de ti. Dios se preocupa por transformar lo que hay en tu corazón, por cambiar tus deseos equivocados, por corregir tus pasiones desordenadas. El resultado: la gente ve en ti una persona diferente, el crédito y la gloria son para Dios, los beneficios los disfrutas tú.
Es necesario aceptar y comprender que de nuestro interior surgen estos deseos y pasiones equivocadas. No debes culpar a nadie por tus errores o pensar que las situaciones te llevaron a tomar ciertas decisiones erróneas. Tu interior es quien te lleva a donde no debes estar. Tú y nadie más que tú son los responsables de tus tentaciones.
Hoy te quiero animar a que quites tu fachada de buena persona. Que realmente abras tu corazón y examines lo que hay en él. Deja que Dios te muestre todo lo que es necesario remover y permite que lo haga. Dale una oportunidad a Jehová para transformar tu interior y corregir de esta manera tu vida exterior.

Oración
Padre: perdona mis pecados. Perdona mis pasiones y deseos equivocados. Hoy quiero pedirte que pongas en mí las ganas para entregarte todo lo que hay en mi interior, todo lo que no te agrada y poder caminar conforme a tu voluntad. Te lo pido en el nombre de Jesús
Amén

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