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15 ene 2010

Colosenses 1-2

Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Lo primero que sobresale cuando leo estos versículos es la forma de trabajar de Pablo: humilde y sencilla. Inmediatamente en su presentación, aclara que su papel no ha sido otorgado por herencia familiar, por que ha sido un excelente servidor o por su gran conocimiento, apóstol por la voluntad de Dios. Si algo tenía claro es que no merecía el puesto que el Señor le había otorgado. A veces nosotros reconocemos que no merecemos todas las bendiciones que Dios nos ha dado, pero si alguien nos hace algún halago, nos gusta aceptarlo y nos quedamos con ese pedacito de gloria que le corresponde al Señor. Ojo. No estoy diciendo que no puedan aceptar ningún tipo de comentario positivo. Lo que quiero promover es que la gloria llegue a quien la merece: el Señor. Personalmente, poco a poco Dios me ha mostrado todo lo que ha hecho en mi vida y cómo se ha encargado de acomodar cada pieza en su lugar. Reconozco que en ocasiones no entendía el por qué de esas piezas y me llegué a sentir sin rumbo, pero finalmente el Señor terminó mostrando su plan y volví a entender que Él es quien merece la gloria y no yo.

El segundo punto que quiero tratar es la preocupación de Pablo y Timoteo por aquellos que se encuentran en la iglesia de Colosas. Honestamente debo reconocer que no se me facilita estarme preocupando por los demás por mucho tiempo. Sí puedo recordar algunos días que alguien está atravesando alguna situación difícil y hay que orar por ellos, pero después de un tiempo se me olvida. Con esta carta puedo entender el amor que Dios quiere que tengamos los unos con los otros. Preocuparnos porque nuestros hermanos no tropiecen, no se aparten de su fe, puedan ser alentados y exhortados a seguir adelante y sobre todo que su amor por Cristo siempre sea mayor. ¿Cuánto te preocupas por tus hermanos en la fe? ¿Por tu prójimo? ¿Eres de los olvidadizos?

En conclusión, les dirigen unas palabras de aliento y amor: les deseamos gracia y paz proveniente de nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Date cuenta como no les desean que sus problemas se resuelvan ni que su situación cambie. Simplemente les desean que independientemente de lo que estén atravesando, el Señor los llene de su gracia y paz. Gran ejemplo a seguir. Dejemos de orar para que nuestro sufrimiento se acabe y tengamos una vida color de rosa y comencemos a orar porque nuestra vida sea agradable a Dios y podamos ser utilizados para compartir su evangelio. Busquemos vivir a través de su gracia y paz en lugar de lujos y comodidades. Busquemos vivir a través de su amor en lugar de nuestros rencores y corajes. Por último, te animo a que el Señor sea siempre quien reciba toda la gloria en tu vida y sea reconocido como se merece, que ames a tus hermanos y te preocupes por ellos y finalmente, que puedas vivir en la gracia y paz que Dios solamente puede dar.

Oración

Padre: te doy gracias por tus palabras de aliento y amor. Te pido que me des paz y pueda aprender a vivir de tu gracia. Perdona mis quejas y mis malos pensamientos. Te pido que pueda ser transformado por tu Palabra y que mi vida siempre de gloria a Ti. En el nombre de Jesús te lo pido

Amén

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