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14 nov 2011

Hechos 16:23-26


Después de haberles azotado mucho, los echaron en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo.  Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos lo oían. 



Los discípulos fueron tratados como criminales.  De hecho, como uno de los peores al ser llevados a lo más profundo del calabozo.  No merecían estar ahí.  Mucho menos el trato “especial” que estaban recibiendo.  Pero ahí estaban.  Inocentes.  Encarcelados.  En ocasiones nosotros atravesamos momentos similares.  Nos encontramos buscando al Señor, orando, estudiando su palabra y obedeciendo.  Todo marcha bien y nuestra comunión con Él está creciendo.  De repente algún evento difícil y duro nos acontece y todo cambia.  Comenzamos a pensar qué hicimos mal.  ¿Por qué estamos en donde estamos?  ¿Qué hicimos para merecer esto?  ¿Qué nos faltó para evitar esta situación?  ¿Te ha pasado?  Así podían estar pensando los discípulos en este momento.  Encarcelados hasta lo más profundo del calabozo.  ¿Qué habremos hecho?  ¿Qué pudimos haber hecho distinto para evitar estar aquí encerrados?  Nada.  Absolutamente nada.  De hecho estaban haciendo justo lo que tenían que hacer: compartir a Cristo.  ¡No estaban haciendo nada malo!  Por la forma en que crecimos y fuimos educados, pensamos que cada vez que nos pasa algo malo de alguna u otra forma lo pudimos haber evitado.  También pensamos que es algo que “merecemos” por haber hecho tal o cual cosa.  ¡Mentira!  La prueba está en este pasaje donde los discípulos estaban haciendo todo bien y aun así ¡son encarcelados!  No podemos vivir pensando que al que obra mal le va mal y al que obra bien le va bien.  Tú debes enfocarte a obedecer sin importar lo que el de al lado haga o deje de hacer.  Cristo es tu parámetro.  No tu vecino ni tu pastor ni tus hermanos en la fe.
A pesar de estar encarcelados y pasando por un momento sumamente difícil, Pablo y Silas se ponen a orar y a alabar al Señor.  ¿Tiene sentido?  ¡Por supuesto!  ¿Qué más podían hacer?  ¿Pensar en cómo salir de ahí?  Ya habían presenciado la corrupción y las mentiras que los llevaron a ese lugar.  Tenían muy clara su situación.  Dios los podía liberar en cualquier momento y también podía dejarlos ahí cuanto tiempo quisiera.  Su situación estaba totalmente fuera de sus manos y por ello deciden entregarse al Señor y alabarlo esperando a que Él muestre lo que sigue.  ¡Que maravilla!  ¡Que diferente reaccionamos nosotros!  Nos encanta buscar solucionar y cambiar lo que nos pasa cuando lo que debemos hacer es orar y dar gloria a Dios.  Si en lo más profundo del calabozo había otros presos que veían y escuchaban el testimonio de Pablo y Silas ¿no crees que donde quiera que te encuentres, hay personas a tu alrededor que necesitan escuchar de Cristo y necesitan ver en ti lo que es seguirlo, obedecerlo sin importar las circunstancias?  ¡Piénsalo!  Estoy seguro que va a transformar tu manera de vivir.

Oración
Padre y Señor mío: Tu palabra transforma y renueva mi forma de pensar.  Gracias por darle sentido a mi vida y hacerme ver lo que tiene valor y lo que no.  Te pido que donde quiera que me encuentre pueda hablar de Ti y dar testimonio que soy tu seguidor.  No permitas que las circunstancias me distraigan y deje de buscarte y de vivir agradecido.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén 

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