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1 nov 2011

Hechos 16:4-5


Al pasar por las ciudades, entregaban los acuerdos tomados por los apóstoles y los ancianos de Jerusalén, para que los pusieran en práctica.  Y así las iglesias se fortalecían en la fe y crecían en número día tras día.



Una iglesia o una persona que cree en Cristo no se fortalece por la gran experiencia del pastor ni tampoco por los excelentes sermones o servicios que pudieran dar.  Pareciera que estos son los factores que más se buscan pero debes saber que esto no es lo que hace crecer tu vida espiritual.  Recuerda que Dios hace las cosas distintas a como nosotros las haríamos.  Si vuelves a leer con detenimiento los dos versículos, te darás cuenta del por qué las iglesias, o sea, las personas que creen en Jesús, se fortalecían en su fe y crecían en número todos los días. 
¿Ya lo encontraste? 
La biblia nos dice que gracias a que ponían por práctica la palabra de Dios, se fortalecían y crecía el número de creyentes.  Parece muy sencillo.  Suena sumamente fácil pero en la práctica parece que todo cambia.  ¿Por qué?  Porque requiere compromiso, entrega y cambios.
Si bien, no necesariamente tenemos que hacerle como Pedro que dejó su trabajo en ese instante para seguir a Jesús, definitivamente que tenemos que hacer grandes ajustes a nuestra vida y es aquí cuando la gente se “echa para atrás”.  Nos gusta escuchar del amor de Dios, de su misericordia, sus milagros y su gracia.  Tratamos de evitar el tema de Satanás y lo relacionado con nuestros pecados.  Y por último, hacemos una selección de lo que pensamos que debemos hacer y lo que no es tan necesario.  ¿Sabes cuántos creyentes hay en esta situación?  ¡Muchos!  Tal vez tú seas uno de ellos.  Te gusta escuchar de Cristo y sabes que trae cosas buenas a tu vida, pero el comprometerte a transformar tu vida te cuesta trabajo y prefieres quedarte así.  ¿Te identificas?
Sé que es difícil.  Yo mismo me encontré en ese “limbo” espiritual.  Creía en Dios y sabía que era bueno para mi vida pero me resultaba imposible dejar que ahora Él decidiera.  Pensaba en lo que la gente diría y cómo podría ser señalado.  Pensaba en aquello que era obvio que tenía que cambiar y lo difícil que resultaría.  Hoy, te puedo decir que fue más fácil de lo que pensé.  ¿Sabes por qué?  Porque dejé que Dios se encargara de esas batallas y créeme, Él venció.  Entendí que mi vida debía ser congruente entre lo que digo que creo, (Cristo Jesús), y lo que hago, (obedecerlo). 
La iglesia crece y se fortalece cuando obedecemos a Dios.  Cuando dejamos que Él sea quien dirija y que sus planes se lleven a cabo.  Cuando entendemos que su camino es mejor que el nuestro y que busca nuestro bienestar. 
¿En dónde estás?  ¿Qué vas a hacer?  ¿Finalmente vas a dejar que Dios reine?

Oración
Señor: quiero que mi vida sea congruente.  Quiero creer en Ti y vivir conforme a tu voluntad.  Tú sabes que me es difícil y por ello te pido que seas Tú quien me fortalezca y guíe para ser transformado.  Perdona mis pecados.  Perdona mi falta de compromiso.  Quiero que seas mi prioridad y reines en mi vida.  En el nombre de Cristo Jesús te lo pido.  Amén 

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