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3 nov 2011

Hechos 16:9-10


Durante la noche Pablo tuvo una visión en la que un hombre de Macedonia, puesto de pie, le rogaba: pasa a Macedonia y ayúdanos.  Después de que Pablo tuvo la visión en seguida nos preparamos para partir hacia Macedonia, convencidos de que Dios nos había llamado a anunciar el evangelio a los macedonios. 



Pablo tuvo una visión muy clara que le mandaba ir a Macedonia y por ello, en cuanto la tuvo, se prepararon para ir.  Pero para nosotros no siempre es así de sencillo.  La pregunta de todos los días es: ¿cómo puedo saber si lo que estoy planeando está dentro de la voluntad de Dios?   ¿Te lo has preguntado?  Bien.  Déjame desanimarte un poco primero.  No hay una fórmula que se repita siempre para poder llegar a la conclusión de que el plan A o el plan B son la voluntad del Señor.  Honestamente, pienso que incluso Dios permite esa incertidumbre y falta de claridad para probar nuestros corazones y sacar lo que realmente hay en ellos.  Ahora déjame animarte.  Primero debes estar convencido que Dios te ama.  No hay nada que puedas hacer para que te ame menos o más.  El te ama y punto.  Después, debes recordar que tu principal objetivo debe ser el servirlo a Él.  No crecer profesionalmente.  No tener dinero.  No vivir en tal o cual lugar.  No conseguir una pareja.  En general, nada relacionado con la vida material debe ser tu prioridad.  Esto te ayuda a desprenderte de aquello que no tiene valor y aprender a perseguir lo que sí.  Cuando completas estos pasos, te das cuenta que puedes estar en paz independientemente de que tu situación sigue igual de incierta.  Aquí es cuando das gloria a Dios por ser tan bueno y llenarte de su paz y su amor.  Te gozas y puedes sonreír.  La gente a tu alrededor no siempre lo va a entender, pero tú puedes proyectar tranquilidad y gozo sin importar que no sabes lo que vendrá.
Después de un tiempo, días, meses o años el Señor comenzará a mostrarte sutilmente por dónde caminar.  Te darás cuenta que tu plan A te da más dinero pero te quita tiempo con tu familia.  Comienzas a darte cuenta que el plan B, aunque parecía poco atractivo, podría ayudarte a moldear tu carácter y podrías ser utilizado para llevar más fruto.  Créeme, poco a poco se irán resolviendo tus inquietudes e incluso verás puertas que se abren que ni siquiera te habías percatado que estaban ahí.  Este periodo es extraordinario.  Estás muy pegado a Dios.  Oras constantemente y no quieres separarte de Él.  Finalmente has tomado una decisión convencido que era la correcta.  Das gracias a Dios y así como Pablo, te preparas inmediatamente para servir.
La palabra de Dios está llena de promesas relacionadas al amor y cuidado especial que nuestro Señor tiene de ti y de mí.  Lee estas promesas.  Memorízalas.  Ponlas por práctica.  Pablo y los discípulos estaban en excelente sintonía con Dios y podían escuchar y ver claramente sus planes.  Tú y yo debes hacer lo mismo y para ello debemos prepararnos leyendo su palabra y obedeciéndola.

Oración
Padre: te pido que traigas paz a mi corazón.  Te pido que pueda comprender tu amor y vivir confiado en el cuidado que tienes de mí.  Te lo pido en Cristo Jesús. Amén 

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