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25 jul 2013

2 Pedro 1:3-5


¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo!  Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable.  Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes, a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos.




Recientemente escuchaba una predicación que hablaba de lo importante que es entender que la ciencia no es el único método de conocimiento.  Definitivamente es un buen método pero no quiere decir que sea absoluto.  Simplemente hay que ir unos cuantos años atrás para darnos cuenta cómo los principios y conceptos han ido cambiando conforme se tiene más información.  Esto no quiere decir que la biblia  (la palabra de Dios) igualmente tiene que estar cambiando.  De hecho, es inmutable.  La verdad siempre será la verdad.  No hay más nada que descubrir.  Ahí está toda la información.  Por ejemplo, el hecho de que nunca hayas visto “el amor” con tus propios ojos, no quiere decir que no exista.  No hay análisis científico que pueda demostrar exactamente el amor, pero tampoco existe persona que niegue la existencia del mismo.  Siguiendo este principio, debemos entender que no existe un estudio científico sobre el nacer de nuevo.  Sin embargo, aquellos que hemos entregado nuestra vida a Cristo y le hemos reconocido como nuestro Señor y Salvador, sabemos perfectamente lo que es y en carne propia hemos experimentado ese renacer.  ¡Alabado sea Dios!  Dice Pedro, dando gracias por la misericordia de Dios al permitirnos nacer de nuevo.  Es motivo de gozo y alegría el poder reconocer a Dios y volver a nacer.  La biblia nos dice que cada vez que una persona entrega su corazón y reconoce a Cristo, hay fiesta en el cielo.  El mismo Jesús contó parábolas sobre el pastor buscando a una sola oveja perdida y también cómo un padre se regocija al enterarse que su hijo vuelve a casa.  ¡Ese es el amor de Dios!  Ese es el propósito por el cual vino Jesús.  Vino para reconciliarnos con Dios Padre.  Vino para darnos vida.  Vino para mostrarnos cuánto nos ama.  Vino a morir por nosotros y a decirnos que regresará y reinará.  Pero no termina ahí.  Todos aquellos que hemos creído en Él, reinaremos juntamente con Él.  Dice la biblia que se nos tiene preparada una herencia en el cielo.  Una herencia que no se destruye, que no está contaminada y que no se marchita.  Una herencia única.  Una herencia que jamás podremos imaginar o darle la dimensión correcta.  Es necesario que entiendas de lo que está hablando Dios.  No importa que no hayas visto el cielo con tus propios ojos ni tampoco que no hay pruebas científicas sobre el mismo, el cielo existe y nuestro Dios tiene preparadas cosas increíbles para ti y para mí.  Si Dios reina en tu vida, ¡Alabado sea el Señor!  Si no has entregado tu vida a Jesús, te animo a que no dejes pasar más tiempo y tomes hoy esa decisión.

Oración
Señor: no tengo que verte con mis ojos para reconocer que existes.  Hoy quiero reconocerte y pedirte perdón por mis pecados.  Quiero pedirte que vengas a mi vida y me permitas nacer de nuevo.  Quiero tus promesas.  Quiero tu herencia.  Quiero vivir diferente y no seguir como hasta ahora.  Gracias por amarme aunque no haya hecho nada para merecerlo.  Confieso que creo en Jesús como mi Señor y Salvador.  Amén 

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