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16 feb 2010

Colosenses 1:21-22

En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran sus enemigos. Pero ahora Dios, a fin de presentarlos santos, intachables e irreprochables delante de Él, los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte.



Cuando leo versículos como éstos, no puedo hacer nada más que doblar mi corazón y darle gracias a Dios por permitirme conocerlo. No solamente estaba apartado de Él sino que era su enemigo. ¿Te das cuenta? Antes de aceptar a Cristo como tu Salvador, estabas tan lejos de Dios, tu corazón y tu vida estaban tan perdidos que eras extranjero y enemigo de Dios. Lo que más me sorprende es que ni tú ni yo hicimos nada para merecer su compasión, su misericordia y su amor tan grande para poder pasar de desconocidos a conocidos. No solamente nos hizo sus amigos a pesar de que nosotros nos encontrábamos dándole la espalda y sin reconocerlo, nos hizo hijos suyos (Jn 1:12).
En otro tiempo ustedes…
En nuestro día a día, nos acostumbramos a ver que hay diferentes tipos de delitos. Algunos están penados más que otros. De la misma forma trasladamos esos niveles a las personas. Si uno es asesino, probablemente sea peor que el que robó para comer, pero seguramente se encuentra por debajo de un violador y así sucesivamente vamos acomodando, según nuestro parecer (o el legal), a las personas según sus acciones. Pero Dios no trabaja así. Él solamente ve nuestro corazón de dos formas: a través de la “lente” de Cristo o sin ella. Para Dios no hay grados. Para Él solamente existe el pecado y la separación que causa entre nosotros y Él. Por eso la Biblia nos dice ustedes. Todos nosotros estábamos así. No había unos que fueran más enemigos que otros. No había personas con “mejores actitudes” que otros. Nos está explicando el versículo que absolutamente todos nosotros éramos enemigos y extraños para Dios.
Ahora date cuenta de esto: a pesar de nuestro estatus de enemigos, a través de Cristo Jesús, podemos ser reconciliados y presentados santos, intachables e irreprochables. Nuevamente no hicimos nada para merecerlo, tampoco tuvimos que realizar alguna buena obra para poder recibir este regalo tan grande del perdón y la salvación. Entiende este principio: A través de Cristo puedes reconciliarte con Dios. Si no lo has hecho, eres extranjero y desconocido para Él. Si decides aceptarlo, no solamente eres amigo sino hijo del Dios vivo que será presentado santo, intachable e irreprochable ante Él. ¿De qué lado quieres estar?

Oración
Señor: quiero pedirte que a través de Cristo pueda ser reconciliado contigo y presentado ante Ti sin mancha e irreprochable. Perdona que haya sido un extraño y un enemigo tuyo. Ahora quiero vivir cerca de Ti y siguiendo tus pasos. Gracias por amarme sin merecerlo y por querer transformar mi vida. Te doy las gracias en el nombre de Jesús
Amén

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