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14 oct 2011

Hechos 15:12-21


Toda la asamblea guardó silencio para escuchar a Bernabé y a Pablo, que les contaron las señales y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles.  Cuando terminaron, Jacobo tomó la palabra y dijo: Hermanos, escúchenme.  Simón nos ha expuesto cómo Dios desde el principio tuvo a bien escoger de entre los gentiles un pueblo para honra de su nombre.  Con esto concuerdan las palabras de los profetas, tal como está escrito: Después de esto volveré y reedificaré la casa derrumbada de David.  Sus ruinas reedificaré y la restauraré, para que busque al Señor el resto de la humanidad (los gentiles), todas naciones que llevan mi nombre.  Así dice el Señor, que hace estas cosas conocidas desde tiempos antiguos.  Por lo tanto, yo considero que debemos dejar de ponerles trabas a los gentiles que se convierten a Dios.  Más bien debemos escribirles que se abstengan de lo contaminado por los ídolos, de la inmoralidad sexual, de la carne de animales estrangulados y de sangre.  En efecto desde tiempos antiguos Moisés siempre ha tenido en cada ciudad quien lo predique y lo lea en las sinagogas todos los sábados.



Cuando uno entra en desacuerdo, cuando no sabe qué hacer o qué pensar, lo que debe hacer no es preguntar a la sabiduría humana sino a Dios para obtener las mejores respuestas.  En esta ocasión, los hermanos acudieron a ellas para poder llegar a una decisión que fuera la correcta.  ¿Qué hacer con los gentiles?  Pues en las escrituras el Señor muestra que ellos también estarían incluidos dentro de su pueblo y hoy en día tenemos a Pedro, Pablo y Bernabé presenciando milagros en las vidas de los gentiles.  ¿Conclusión?  Esto es obra del Señor.  Entonces, ¿qué nos corresponde hacer?  Decirles que se dediquen a obedecer y seguir a Cristo.  ¡Listo!  Asunto arreglado.  Nuestra vida está llena de momentos como este.  Entramos en confusión e indecisión.  No sabemos cómo actuar ante esta y aquella situación.  Nos quedamos parados y pensamos que ahí debemos estar hasta que las cosas se aclaren.  La verdad es que todo se aclara rápidamente al ser expuesta a la luz de la palabra.  Por ejemplo: ¿te hicieron daño o lastimaron?  Dios nos pide que amemos y oremos por nuestros enemigos.  Asunto arreglado.  ¿Debo hacer esto o aquello?  ¿Tienes que mentir?  ¿Tienes que dejar de ir a tus estudios y discipulados?  ¿Estás buscando dar gloria a Dios o a ti?  Asunto arreglado.  Yo sé que puedes estar pensando que hay momentos más complicados que estos ejemplos, pero créeme, finalmente todo se reduce a un sí o un no cuando lo medimos con la vara del Señor.  ¿Por qué?  Porque ésta expone lo que hay en nuestro corazón.  Así expuso lo que los fariseos estaban queriendo hacer con los gentiles.  En su corazón no estaba el vivir por la gracia y misericordia de Dios sino que querían continuar haciendo obras y cumpliendo leyes.
Finalmente Jacobo nos da un excelente consejo que parafraseado diría algo así: dejemos atrás todos estos argumentos y pongamos nuestra mirada en el Señor.  ¿Qué nos pide?  Que le sirvamos.  Que le obedezcamos.  Que le demos gloria.  Bien.  Entonces eso pidamos y exhortemos a los gentiles que lo hagan.
Bien.  Esto entonces es lo que hoy Dios te pide que hagas.  

Oración
Señor y Padre nuestro: cuántas gracias te doy por darle sentido a mi vida y por amarme incondicionalmente.  Gracias por enseñarme a tomar decisiones basado en tu palabra y darme certeza que será siempre la mejor decisión.  Te pido que pueda enfocarme en servirte y obedecerte dejando que tú te encargues de lo demás.  Padre, perdona mis pecados y no permitas que me aparte de Ti.  En el nombre de Cristo Jesús te lo pido.  Amén 

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