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10 oct 2011

Hechos 15:5-11


Entonces intervinieron algunos creyentes que pertenecían a la secta de los fariseos y afirmaron: Es necesario circuncidar a los gentiles y exigirles que obedezcan la ley de Moisés.  Los apóstoles y los ancianos se reunieron para examinar este asunto.  Después de una larga discusión, Pedro tomó la palabra: Hermanos, ustedes saben que desde un principio Dios me escogió de entre ustedes para que por mi boca los gentiles oyeran el mensaje del evangelio y creyeran.  Dios, que conoce el corazón humano, mostró que los aceptaba dándoles el Espíritu Santo, lo mismo que a nosotros.  Sin hacer distinción alguna entre nosotros y ellos, purificó sus corazones por la fe.  Entonces ¿por qué tratan ahora de provocar a Dios poniendo sobre el cuello de esos discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros antepasados hemos podido soportar?  ¡No puede ser!  Mas bien, como ellos, creemos que somos salvos por la gracia de nuestro Señor Jesús.



Parece algo obvio lo que Pedro dice y debería ser muy fácil de aceptar.  La realidad es que no lo es.  Me parece que este  es uno de los temas más difíciles en cuanto a Dios y la salvación.  Las personas escuchan el evangelio.  Lo entienden.  Creen en él pero después comienzan a dudar sobre la gracia y lo increíble que es.  “¿Solamente debo arrepentirme de mis pecados y aceptar a Cristo?” “¿Cómo es posible que ya no tenga que hacer nada más para ir al cielo?”  “Yo creo que debo portarme bien y hacer esto o aquello”.  “Tal vez sea bueno dejar de comer tal cosa por un tiempo”.  “También puedo cambiar e ir los domingos a escuchar de Dios”.  Si bien, somos renovados en Cristo, este tipo de cambios no son los que provienen de Dios.  Provienen de una persona que quiere seguir trabajando a su manera y utilizar el evangelio como complemento o recurso de emergencia.  Jesús cargó la cruz que llevaba todos nuestros pecados y murió en ella haciendo el sacrificio único y perfecto para que a través de su sangre pudiéramos ser redimidos y reconciliados con Dios Padre.  Si puedes entender esto, puedes dar el siguiente paso y comprender que realizar un sacrificio extra está totalmente fuera de lugar.  Jesús ya lo hizo todo.  Circuncidarse o no ya no era relevante.  Cumplir la ley de Moisés al pie de la letra ya no era el camino para ir al cielo.  El camino es Cristo y alcanzado a través de su sangre, misericordia y su gracia ofrecida a nosotros.  Pedro reconoce que era imposible llevar la carga de la ley y llevarla a perfección.  Por eso cuestiona a los fariseos y trata de hacerles ver su error.  “Entiendo que estaban acostumbrados a estas cosas, pero recuerden cómo Dios les ha recibido y dado el Espíritu Santo y no ha hecho distinción alguna entre nosotros y ellos”.
Debemos entender el amor tan profundo de Dios para con nosotros.  Le dimos la espalda.  Lo negamos.  Lo sacamos de nuestras vidas.  Quisimos vivir a nuestra manera y aun así, Él se mantuvo fiel y siempre nos esperó con los brazos abiertos.  Su amor no fue más ni menos.  Siempre estuvo ahí.  Y ahora que venimos a Él, podemos caer de rodillas  y pedir perdón por nuestros pecados y aceptar su gracia que nos es ofrecida sin merecerla.  Ya no se trata de obras sino de comprender un amor incondicional que nos es ofrecido a través de Cristo.

Oración
Padre nuestro: te pido perdón por mis pecados.  Te pido que pueda entender este amor tuyo tan grande y pueda aprender a vivir en tu camino.  Gracias por enviar a Jesús y por siempre estar ahí de manera incondicional.  Gracias Señor por tus bendiciones y por recibirme sin merecerlo.  En el nombre de Jesús.  Amén

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