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26 abr 2012

Hechos 22:22-24


La multitud estuvo escuchando a Pablo hasta que pronunció esas palabras. Entonces levantaron la voz y gritaron: ¡Bórralo de la tierra! ¡Ese tipo no merece vivir!  Como seguían gritando, tirando sus mantos y arrojando polvo al aire, el comandante ordenó que metieran a Pablo en el cuartel. Mandó que lo interrogaran a latigazos con el fin de averiguar por qué gritaban así contra él.


¿Cuáles fueron las palabras que desataron tal alboroto?  El que Dios le haya dicho a Pablo que lo mandaría con los gentiles.  Es probable que te resulte extraño o difícil de comprender.  Hoy en día, se busca que haya igualdad y tolerancia por lo que no es fácil ver una reacción de ese tipo como normal.  Pero en ese tiempo, las diferencias entre pueblos eran muy marcadas.  Lo que me parece interesante de analizar en este pasaje es justamente la forma en que reacciona la multitud.  ¿Por qué reaccionan así?  ¿Realmente es por las palabras que Pablo dice?  Pienso que va más allá.  Las palabras de Pablo solamente traen a la luz lo que había en su corazón.  Esas palabras permitieron que saliera todo lo que sus costumbres, forma de pensar y de llevar su religión habían creado en ellos: personas con celos, odios, rencores, corajes, amargura, deseos de venganza entre otras cosas.  ¿Lo puedes ver?  Unas palabras pudieron hacer que la multitud deseara la muerte de un individuo.  ¿Por qué?  Porque su vida estaba totalmente de cabeza.  Se creían religiosos.  Se creían buenos.  Se creían que hacían bien las cosas.  ¿La realidad?  No podían estar más apartados de Dios.  ¿Cómo se relaciona esto contigo y conmigo?  Pues, aunque no nos guste, todavía hay mucho dentro de nosotros que se parece a lo que la multitud tenía.  Unas cuantas palabras y sacamos lo peor de nosotros.  Eventos que no nos gustan y traemos a la luz todo lo que hay dentro de nosotros y cometemos atrocidades.  Tal vez no matamos a alguien físicamente, pero verbalmente pudimos haber hecho algo similar.  Estoy seguro que sabes a lo que me refiero.  Se honesto.  Piensa en los momentos que no te has podido “controlar” y los daños que causaste.  ¿Te das cuenta qué similares somos a esa multitud?  Pero hay esperanza.  No tenemos que vivir atados ni esclavizados.  El Señor quiere renovar nuestra forma de vivir.  Quiere transformar nuestra forma de pensar.  Quiere eliminar todo lo que hemos adquirido para poder llenarnos de sus características.  ¿Cómo se logra?  Estando en comunión con Él.  Cuando haces una oración, le expones a Dios lo que hay en tu corazón, mientras que, cuando lees la Biblia, escuchas sus respuestas.
Si piensas que tú no eres como la multitud déjame decirte que estás equivocado y que  has hecho un gran trabajo en esconder y “controlar” tu verdadero yo.  Cada uno de nosotros tenemos una naturaleza caída y nos llena de estos pensamientos y actitudes.  No hay justo ni aún uno, nos dice la Biblia.  Es por esta razón que debemos alimentar nuestro espíritu más de lo que alimentamos nuestra carne.  Piensa en esto, si un atleta se prepara y alimenta mejor que el otro ¿Quién ganará?  De la misma forma, si tu vida está entregada para el reino del Señor, tus acciones, tu corazón y tus pensamientos estarán en línea con Él.  Por el contrario, si unas veces lees, otras cuantas oras y después quieres no tener odios, rencores o poder amar a tu prójimo pues obviamente estarás viviendo inconstantemente.  ¿Lo puedes ver?  ¿Te das cuenta de cuánto afecta a tu vida tu manera de pensar y tus acciones?  Todo se resume a una decisión: tener la convicción de querer vivir para Dios.  ¿Qué vas a decidir?
Oración
Padre: quiero vivir para Ti.  Perdona mis pecados.  Limpia mi corazón.  Limpia mi ser.  No quiero vivir teniendo este tipo de reacciones.  No quiero vivir alimentando mi naturaleza caída.  Quiero aprender a alimentar mi espíritu y a buscar tu reino.  Quiero que seas mi prioridad y te pido perdón porque te he quitado del trono que te mereces.  Guíame Señor en tu camino.  Te lo pido en Cristo Jesús.  Amén 

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