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2 mar 2009

Mateo 20:18-19

Ahora vamos rumbo a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley. Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen. Pero al tercer día resucitará.




Jesús anuncia nuevamente que ha de padecer por nosotros y cómo sucederá. ¿Para qué repite lo que ya había anunciado anteriormente? Incluso lo va a volver a repetir. ¿Qué sentido tiene el decirlo una y otra vez? ¿Por qué sus discípulos no lo entendieron desde el principio? ¿Por qué si sabían lo que habría de venir se desilusionaron tanto cuando sucedió?
Al parecer podemos tomar dos principios de esto:
Primero, conforme vamos creciendo en nuestro conocimiento y entrega en Cristo, podemos discernir mejor lo que antes habíamos aprendido. Cada día que los discípulos pasaban con Jesús, crecían espiritualmente y se fueron preparando (sin saberlo) para el momento en que Cristo no estaría con ellos. De la misma forma, tú y yo atravesamos diferentes eventos en nuestra vida, muchas veces sin entenderlos, que nos preparan para situaciones futuras. Lo que has vivido y lo que estás viviendo, te permiten aprender aquello que de otra manera nunca hubieras aprendido. No es fácil entenderlo al principio, pero conforme pasan los días o incluso los años, te podrás dar cuenta de lo que has podido madurar en tu vida espiritual. En el caso de los discípulos, después de que Jesús fue crucificado y salieron desilusionados, cada uno empezó a comprender lo que su maestro les había dicho con anterioridad y pudieron retomar lo que les había encomendado.
Segundo, será necesario repetir y repetir lo aprendido para poder hacerlo un principio que podamos identificar en nuestras vidas. Como cualquier otra cosa que hayas aprendido, no basta con escuchar una sola vez para que quede grabado en ti. ¿Cuántas veces tuviste que repasar algún problema de matemáticas o alguna fórmula? Estoy seguro que muchas. Pues de la misma forma nos repite Jesús lo que es necesario que aprendamos. ¿Cuántas veces has estado en situaciones en las que necesitaste que alguien te recuerde los principios de Dios? No quiere decir que no los conocías, simplemente al recordarlos, volvieron a tomar forma en ti. Jesús sabía que sería un momento difícil para sus discípulos el atravesar su muerte y por ello se encarga de explicarles en varias ocasiones lo que habría de suceder. Hoy, Jesús sabe que tu vida es difícil. El Señor sabe perfectamente de “qué pie cojeas” y cómo puedes entregarte para poder salir adelante, pero para corregir esto, es necesario que tú y yo escuchemos con atención todo aquello que Dios nos está repitiendo. ¿Lo entiendes ahora?

Oración
Señor: gracias por no cansarte y repetir lo que debo aprender. Ayúdame a ser más sensible a Tu voz y poder reconocer cuando estoy haciendo las cosas de manera equivocada. Te pido que pueda escucharte más y que me des fe para seguirte sin restricciones. Gracias por haber enviado a Cristo a morir por mis pecados y por el gran ejemplo que me dejó para seguir. Oro a Ti en el nombre de Jesús
Amén

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