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26 jul 2012

Hechos 28:7-10



Cerca de allí había una finca que pertenecía a Publio, el funcionario principal de la isla.  Éste nos recibió en su casa con amabilidad y nos hospedó durante tres días.  El padre de Publio estaba en cama, enfermo con fiebre y disentería.  Pablo entró a verlo y, después de orar, le impuso las manos y lo sanó.  Como consecuencia de esto, los demás enfermos de la isla también acudían y eran sanados.  Nos colmaron de muchas atenciones y nos proveyeron de todo lo necesario para el viaje.


Nuevamente vemos cómo los planes de Dios son impecables.  Pueden parecernos sin sentido y sumamente fuera de lugar en su momento, pero cuando comenzamos a ver los resultados y podemos conectar los puntos de principio a fin, no queda nada más que maravillarnos y darle gloria.  ¿Cómo pensar que ser náufrago traería bendición?  ¡Imposible!  Es algo malo.  Pero no así con los planes de Jehová.  Él se encargó de transformar un evento duro y difícil en bendición.  De aquí podemos aprender dos puntos importantes.  Primero.  No debemos quejarnos de nuestras circunstancias pues no sabemos a dónde nos están llevando y el impacto que tendrán en nuestras vidas y en las de aquellos que nos rodean.  Segundo.  Debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.  No más, no menos.
Si pones atención, Publio recibió en su casa a los discípulos sin saber que curarían a su padre.  Lo único que hizo fue amar y servir al necesitado.  No pensó en los problemas que podrían traer estas personas ni en lo incómodo que podría ser tenerlos en su casa.  Les abrió las puertas y les compartió de todo lo que tenía.  ¡Increíble!  Esta actitud es digna de admirar.  Publio no se quedó en casa quejándose por la enfermedad de su padre.  No pensó en que ya había un enfermo en casa y por ello no podría recibir a más personas.  ¡Cuántos pretextos ponemos antes de decidirnos a servir!  ¡Qué triste!  ¿No podemos amar al prójimo como a nosotros mismos?  ¿Por qué poner tanta traba?  Hace ya varios años, tuve la oportunidad de vivir en París.  Recuerdo que llegué y no sabía bien cómo moverme así que sufrí bastante moviéndome por el metro con mi maleta y tratando de entender hacia dónde me dirigía.  Conforme pasó el tiempo, aprendí el idioma y conocía las calles.  Cada vez que veía a alguien con cara de “perdido” me acercaba y lo ayudaba.  Sabía lo que era estar en esa situación y quería ayudarlos para que no sufrieran lo que yo sufrí.  ¿Tenemos que pasar hambre, soledad, tristeza entre otros para ponernos en los pies de los demás y querer servirles?  Yo creo que no.  Simplemente debemos darnos cuenta de cuánto nos ama el Señor y llevar ese amor lleno de bendiciones a aquellos que nos rodean.
Por último, debemos ser cuidadosos al cuestionar los planes de Dios.  Si estás en el hospital, en un sepelio, sin trabajo, solo o en cualquier otro momento difícil y que no le encuentras sentido.  Detente por un momento.  Medita en la palabra de Dios.  Deja que sus planes se desarrollen y moldeen tu corazón y carácter.  Además, piensa si puedes ser de bendición para los que están cerca de ti.  ¡Deja de ser egocéntrico!  Pablo llevó enormes bendiciones a los isleños de Malta.  Esto gracias a que naufragó.  ¡Abre los ojos!  ¿De qué te quejas?  ¿Qué te limita para servir?  Pablo no se quejó de su naufragio.  No se sentó a reclamar al centurión y al dueño del barco y a decirles: ya ven, se los dije, ahora qué vamos a hacer.  Por el contrario, tal y como aprendió estando preso, aprovechó el instante y se puso a servir y dar gloria a Dios.  ¿Qué vas a hacer tú?
Oración
Señor: definitivamente necesito ser transformado.  Me quejo y no quiero dar de mí para servirte.  Hoy entiendo que sea cual sea mi situación puedo darte gloria sirviendo y amando a mi prójimo.  Te pido que pongas paz en mi corazón y me guíes para dejar de quejarme por las circunstancias y pueda ver las bendiciones que hoy hay en mi vida y sobre todo que pueda compartirlas y ponerlas a tu servicio.  Quiero aprender a llevar una vida de entrega y de servicio y por ello te pido que renueves mi corazón y mi forma de pensar para que sea como la de Jesús.  Te lo pido Padre en el nombre de Jesucristo.  Amén 

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