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12 oct 2009

Santiago 4:11-12

Hermanos, no hablen mal unos de otros. El que habla mal de su hermano, o lo juzga, habla mal de la ley y la juzga. Y si juzgas a la ley, te haces juez de ella en vez de obedecerla. Solamente hay uno que ha dado la ley y al mismo tiempo es Juez, y es aquel que puede salvar o condenar; tú, en cambio, ¿quién eres para juzgar a tu prójimo?


¿Cuántas veces has escuchado que no debes hablar mal de tu prójimo? Muchas. ¿Quiere decir que ya no pasa? No. Al contrario. Se da mucho todavía. Santiago escribió su carta hace dos mil años. ¡Cuántos eventos han ocurrido y seguimos cayendo en los mismos errores! ¿Estaremos mal hechos o defectuosos? ¿Somos malos por naturaleza? ¿No se promueven los principios de manera correcta? ¿Qué está pasando? ¿Cómo es posible que dos mil años después, leamos estos versos y nos podamos identificar con ellos? ¿No deberíamos de haber superado algunas instrucciones para este entonces?
La respuesta es no. Pero tampoco quiere decir que estemos condenados a seguir así: y si juzgas a la ley, te haces juez de ella en vez de obedecerla…
A mi parecer, nos hemos equivocado en nuestra forma de enseñar la Palabra de Dios. Hemos puesto el énfasis en las áreas equivocadas. Si bien, la Biblia entera es increíble, pienso que Jesús, en su ejemplo, siempre resaltó dos principios que van de la mano: arrepentimiento de pecados y comenzar una nueva vida de obediencia (Jn 8:11 yo tampoco te condeno, vete y no peques más…). Incluso acusó a aquellos que solamente eran maestros de la ley pero no la obedecían. En varias ocasiones reprendió la falta de acción en sus vidas y la abundancia de conocimiento que se estaba empolvando solamente. ¡La obediencia es la clave para seguir el camino de Jesús! Es mejor saber que tienes que caminar hacia el norte y hacerlo que conocer las latitudes y puntos exactos pero nunca comenzar a caminar en esa dirección.
No hables mal de tu hermano. No juzgues a tu hermano.
Es fácil juzgar. Incluso pienso que es más fácil juzgar que no hacerlo. ¿Cómo frenar ese juicio? Entendiendo quién eres, de dónde vienes y lo que te ha sido perdonado. ¿Conoces de Dios? ¡Muy bien! Mientras más lo conozcas, más entenderás la misericordia que tuvo contigo al perdonarte tus faltas, al aceptarte a pesar de que le habías fallado (y le sigues fallando), más entenderás su amor sin límites que te busca a pesar de tus rechazos y groserías. ¿Quién eres tú para juzgar a tu prójimo?
El puesto de juez ya fue tomado por Dios. Solamente a Él le corresponde ese lugar y a nadie más, ni al diablo ni a los ángeles, a Jehová. Hoy te animo a meditar sobre los juicios y críticas que haces. Te animo a que analices tu vida y encuentres las áreas en las que la obediencia no es tu fuerte. Te animo a que conozcas más de Jesús y lo que hizo por ti, pero sobre todo, te animo a que no tengan que repetirnos sobre no juzgar ni criticar a nuestro prójimo nunca más…

Oración
Padre Santo: perdona mis pecados. Perdona mis juicios y críticas. Te doy gracias por mostrarme mi camino equivocado y corregirme. No quiero ir en tu contra sino al contrario, seguir tus pasos. Quiero obedecer tu palabra y no querer juzgar con ella. Te pido que mi vida esté llena de obediencia y carente de juicios y críticas. Te lo pido en el nombre de Jesús
Amén

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