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20 ago 2013

2 Pedro 14-16


Tienen los ojos llenos de adulterio y son insaciables en el pecar; seducen a las personas inconstantes; son expertos en la avaricia; ¡Hijos de maldición!  Han abandonado el camino recto y se han extraviado para seguir la senda de Balaam, hijo de Bosor, a quien le encantaba el salario de la injusticia.  Pero fue reprendido por su maldad: su burra, una muda bestia de carga, habló con voz humana y refrenó la locura del profeta.



Si alguna vez has tratado de bajar de peso, probablemente te has dado cuenta lo fácil que es subir y lo difícil que es bajar.  Un solo postre puede tener las calorías que necesitas comer en todo un día.  ¡Una locura!  Pero cuando tienes un objetivo en mente, las cosas cambian.  Aprendes a seleccionar tu comida.  Te preparas.  Tratas de hacer un menú para la semana.  Tratas de anticiparte a posibles “tentaciones”.  Buscas la manera de evitar lo que hará que tus esfuerzos no den resultados.  Sin embargo, para todos aquellos que no les interesa su peso, deben saber que estadísticamente, subirán aproximadamente medio kilo por año.  Esto quiere decir que, si no haces nada, simplemente subirás de peso.  Bueno, pues algo similar pasa con el pecado.  Si no haces nada al respecto y sigues tu camino, cada año “seguirás subiendo medio kilo”.     El pasaje de hoy nos habla de la perdición del pecado.  Nos dice que se convierte en algo insaciable.  Nos envuelve.  Nos amarra y no nos deja movernos.  Pensamos que estamos satisfaciendo un deseo cuando en realidad estamos creando un vacío más grande.  ¡Un solo pecado puede echar a perder tantas cosas en nuestra vida!  Seamos honestos.  Todos hemos pecado.  Lo importante es entender que podemos hacer algo hoy para no estar en el mismo lugar mañana.  Piensa esto: ¿cómo crees que las cosas serán diferentes si no haces nada para cambiarlas?  ¿Te gustaría que los meses que quedan del año sean mejores que los anteriores?  ¿Y qué piensas hacer para lograrlo?  Dios nos advierte en su palabra sobre el pecado.  Debemos tener mucho respeto al pecado y aprender a evitarlo manteniéndonos apartados para Dios.  También debemos poner atención a aquellos que nos rodean y de quienes escuchamos consejo.  Nos dice el pasaje que podemos ser seducidos por personas que están apartadas de Dios.  Tristemente lo he presenciado.  Personas que conocen de Dios.  Que han escuchado del camino correcto.  Sin embargo, fueron persuadidos y convencidos de tomar otra dirección.  Si bien, estoy convencido que están tratando de satisfacer sus deseos y disfrutar lo que la carne puede ofrecer, sé que dentro de su corazón hay un vacío inmenso que desea regresar a casa.
La historia de Balaam y su burra la encuentras en el libro de Números capítulo 22.  Su burra le salva la vida al ver al ángel de Dios con una espada.  Balaam se enojó con la burra y la golpeó tres veces por no querer seguir caminando hasta que Dios permite que la burra le hable y puede ver al ángel del Señor.  No seamos como Balaam.  Tal vez estás “pegándole a tu burro” pensando que está haciendo algo malo mientras te está salvando la vida.  No conozco tus circunstancias.  Lo que sí sé es que Dios te está buscando.  Tal vez te has estado quejando de lo que te sucede.  Tal vez no entiendes lo que te sucede.  Es posible que Dios te esté llamando y quiera que te reconcilies con Él.
Entendamos lo fácil que es “subir de peso” y tengamos cuidado de no pecar.  Tengamos cuidado de no ser seducidos.  

Oración
Dios Todopoderoso: no quiero ser necio y seguir dándote la espalda.  Quiero dejar de quejarme, comenzar a pensar en qué quieres de mí y cómo vivir diferente.  Padre, ayúdame a mantenerme apartado del pecado.  Ayúdame a discernir entre lo que te agrada y lo que no.  Ayúdame a ser sabio y tener un plan para evitar situaciones que aumenten mi posibilidad de pecar.  Hoy entiendo que la decisión la tomo hoy y se pone en práctica inmediatamente.  Gracias por mostrarme que, de no hacer nada, simplemente seguiré en caída libre.  Recátame mi Dios.  Perdona mis pecados y dale sentido a mi vida.  Llena mis vacíos.  Cubre mis miedos.  Cubre mis dolores.  Cubre mis rencores.  Trae paz a mi corazón.  Te lo pido en el nombre de Jesucristo.  Amén.

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