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29 ago 2013

2 Pedro 3:11-13


Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberán vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios?  Ese día los cielos serán destruidos por el fuego, y los elementos se derretirán con el calor de las llamas.  Pero según su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia.



A lo largo de los evangelios, vemos a Jesús utilizar parábolas para enseñarnos su camino.  Nos habla del amor al dinero; nos habla de hacer tesoros en el cielo y no en esta tierra; nos habla de ser buenos administradores de lo que nos da; nos habla de cómo las hojas se marchitan así como nuestro cuerpo a diferencia del espíritu que es eterno y todo esto, entre muchas otras más.  Si consideramos que Pedro vivió con Cristo, día a día aprendiendo su mensaje y mejor aun, viendo su ejemplo, estas palabras toman sentido.  Ya no hay parábola.  Ya no hay mensaje escondido.  Es directo.  Es abierto.  Este mundo como lo conocemos será destruido.  ¿Cuándo?  No lo sabemos.  Pero esto nos debe motivar a buscar las cosas que realmente permanecen: las cosas de Dios.  ¿Qué sentido tiene dedicarle todo nuestro esfuerzo a aquello que dejará de existir?  ¿Acaso trabajarías arduamente para construir tu casa sabiendo que caerá por completo?  Lo que Pedro nos dice es: Dios nos ha dicho cómo terminarán las cosas en este mundo.  Serán destruidas.  Es tiempo de cambiar y comportarte con una conducta intachable.  Es tiempo de servir y obedecer al Señor.  Deja de perseguir lo efímero y persigue lo eterno.  Deja de atesorar lo que será destruido e incrementa tu cuenta en el cielo.  ¡Entiéndelo!  No tiene sentido seguir buscando donde será destruido.  La esperanza de aquellos que creemos en Jesús es que vendrá nuevamente o seremos llamados antes.  ¡Esa es la esperanza!  No conseguir pareja.  No conseguir un aumento de sueldo o que tu negocio florezca.  Nuestra esperanza no puede estar en recuperar la salud o no perder a ningún ser querido.  Piénsalo.  ¡Qué injusto sería Dios si nuestra esperanza fuera no perder la salud y terminamos con alguna enfermedad terminal!  Pero Dios es justo y además te ama.  Por eso quiere encaminarte en la dirección correcta.  ¿Qué estás haciendo?  ¿Hacia dónde te estás dirigiendo?  ¡Nunca dejes de crecer espiritualmente!
Tal vez has perdido la esperanza, te sientes solo y sin saber qué hacer.  Tal vez estás en la situación opuesta.  Independientemente de tu situación, debes cuestionar tu compromiso y comunión con Dios.  Debes cuestionar hacia dónde te diriges.  Cuestiona tu esperanza.  Cuestiona tus deseos.  Cuestiona tus esfuerzos.  Es difícil pero debemos entender que hay cosas que simplemente no valen lo que nosotros pensamos que valen.  Dios quiere que cambiemos nuestras prioridades y pongamos las suyas por encima de las nuestras.  Él quiere que cambiemos nuestros deseos y pongamos los suyos.  Todo para que vivamos plenamente y seamos bendecidos.  Como un padre amoroso, quiere evitar nuestro sufrimiento y tenernos cerca siempre.

Oración
Padre Santo: hoy quiero comprometerme contigo a vivir como Tú mandas.  Entiendo que este mundo se acabará y que debo poner atención a tus cosas.  Transforma mi mente y mi corazón mi Señor.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén.

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