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25 jun 2012

Hechos 26:30-32


Se levantó el rey, y también el gobernador, Berenice y los que estaban sentados con ellos.  Al retirarse, decían entre sí: este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte ni la cárcel.  Y Agripa le dijo a Festo: se podría poner en libertad a este hombre si no hubiera apelado al emperador.


Cuando creces espiritualmente tus deseos se van alineando a los deseos de Dios.  De hecho, es una petición que te recomiendo hagas cada vez que ores.  Pide que todo lo que deseas se encuentre en línea con lo que el Señor desea para ti.  Si lo haces, tus deseos hoy, se irán transformando y conforme pase el tiempo podrás darte cuenta de cómo el Señor ha trabajado en tus principios, tu forma de pensar y ver las cosas.
Pablo llevaba dos años de haber sido aprehendido injustamente.  ¡Dos años!  Si tenemos un día difícil pensamos que es demasiado, imagina cuánto más dos años.  Pero ese tiempo no pasó en vano.  Ese tiempo fue un entrenamiento intensivo.  Los primeros días, podríamos asumir que Pablo deseaba ser puesto en libertad.  ¿Quién quiere estar preso siendo inocente?  ¡Nadie!  Pero conforme pasaron los días, su corazón y su mente se fueron transformando y, junto con sus deseos, se alinearon al corazón y los deseos de Cristo.  ¿Qué transformación vemos después de dos años de cárcel?  Pablo sabía que Agripa tenía la facultad de ponerlo en libertad.  Sabía que era conocedor de la ley y los profetas.  Sabía que conocía de Jesús y que no pensaría que estaba hablando de cosas extrañas sino verdades y profecías cumplidas en la vida de Cristo.  De todas formas, no solicitó a Agripa que lo liberaran sino que utilizó el tiempo de su audiencia para hablar de Jesús.  ¿Cómo?  Tenía la oportunidad de expresar la injusticia que atravesaba y tratar de conseguir su libertad ¿Y no lo hizo?  ¿Prefirió permanecer más tiempo preso?  ¿Por qué hizo eso?  Porque sus deseos se encontraban en segundo lugar mientras que obedecer al Señor era el primero.  ¿Te das cuenta?  Primero buscamos que nos liberen por haber sido aprehendidos injustamente y después, cuando el Señor ha trabajado y moldeado nuestro corazón y nuestra mente, podemos tomar decisiones que al principio considerábamos sin sentido pero hoy sabemos que es lo mejor.  ¿Te ha pasado?  Muchas veces el Señor nos da algo que deseamos unos años después de que estuvimos orando por ello.  ¿Sabes por qué Dios tarda tiempo en acomodar las piezas?  Porque debemos aprender y estar listos para lo que viene.  Porque debemos estar maduros para manejar la situación y a lo que estaremos expuestos.  Piensa en aquello que hoy deseas.  Entrégalo al Señor.  Deja que Él decida si estás listo para recibirlo y sobretodo, si está en Sus planes.  No podemos ser seguidores de Jesús que nunca crecen espiritualmente.  No puedes permanecer siempre en el mismo escalón.  ¡Debes subir!  ¡Debes aumentar tu compromiso y entrega!  ¡Debes madurar!  Nadie se queda siendo niño toda la vida.  ¿Por qué habría de ser así en tu vida espiritual?  Lo que hoy piensas que “necesitas” es probable que mañana el Señor te demuestre que no es tan importante.  Lo más importante en esta vida es dar gloria y servir a Jehová.  Ese es el propósito por el que estamos aquí y Pablo no solo lo entendió sino que vivió para cumplir estos principios.  Dejó pasar la oportunidad de ser puesto en libertad prefiriendo compartir a Cristo y obedeciendo Sus planes.  Y tú, ¿Qué vas a hacer?
Oración
Señor y Padre Santo: en verdad que tu palabra no deja de asombrarme.  Cuanta sabiduría hay en ella y cuánto me enseña a corregir mis pasos.  Hoy quiero pedirte que mis deseos sean tus deseos y que mis pensamientos sean tus pensamientos.  Hoy aprendí que hoy puedo desear algo que no tiene importancia ni te da gloria, ayúdame Padre y transforma mi corazón para buscar servirte en todo momento.  Quiero crecer y madurar espiritualmente.  Guíame Señor.  En el nombre de Jesús.  Amén.

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